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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDecíamos en una carta similar a esta que el sesgo ideológico con que el Estado uruguayo festejó el Día del Patrimonio el legado indígena era contra la figura de Rivera y su republicanismo.
El propio anuncio del tema del Patrimonio, hecho por la vicepresidenta, apuntó a eso. Se cayó en el absurdo de ignorar a las etnias principales presentes en el país para poder así levantar el papel de los charrúas, minoritarios, no originarios y los más atrasados culturalmente, por lo cual nunca quisieron integrarse a los nuevos e inevitables tiempos.
Queremos, entonces, referirnos a esa carga ideológica anti-Rivera.
1. El mayor pacto criollo guaraní da luz al Estado Oriental. Se suele olvidar que el 6 de abril de 1828 se produjo el mayor pacto de la historia de la región del sur de América entre criollos e indígenas. Fue en Guaviyú.
Ese acuerdo posibilitó que Rivera, con 83 hombres, conquistara las Misiones Orientales (se fueron alistando a sus órdenes más de 1.000 guaraníes) y ello terminaría decretando la creación de nuestro país. Nada más y nada menos.
En Guaviyú, Rivera fue nombrado jefe indígena, único criollo que mereciera tal distinción. Los guaraníes obtuvieron la ciudadanía y, por ello, fueron alcaldes, diputados bajo el gobierno de Rivera en las Misiones. Elegido todo entonces con voto universal.
Cuando Rivera vuelva al país, y al reconocimiento de sus contemporáneos que lo ungieron presidente, le acompañarán unos 7.000 guaraníes (un 10% de la población nacional de entonces) fundando Bella Unión y luego San Borja del Yi. Como que hoy vinieran 350.000 personas al país, un 10%.
Eso sí, a los indígenas de Artigas, los guaraníes, hoy no se los homenajea. Se los secundariza.
Dos provincias de la Liga Federal fueron guaraníes. Dos veces invadieron el Brasil al mando de Andresito, a quien Artigas le dio la adopción y el trato de hijo. Miles de muertos en nuestra independencia pusieron los guaraníes. Acompañaron a Artigas hasta el Paraguay mismo.
La señora vicepresidenta prefiere pasear pseudoindígenas en el Palacio Legislativo ahora carnavalesco.
2. Las patas de la sota del charruismo. También, los pseudoindígenas embusteros actuales le reclaman dinero al Estado uruguayo. “La economía, estúpido”, decía un político de Estados Unidos para explicar una situación.
El presidente del llamado Consejo de la Nación Charrúa (Conacha), de apellido italiano y portador de vincha y pluma, hizo, por ejemplo, unas declaraciones muy claras, a El País, el día 27 de octubre de 2015: si se les dan “2.000 hectáreas”… “se terminan todos los problemas entre el Estado uruguayo y los descendientes de los charrúas”. Las patas de la sota.
En realidad, como parte de la farsa, buscan ampararse en una resolución de la OIT (169) para los indígenas que nunca dejaron de vivir en comunidad, de hablar su lengua (en general no hablan la del país), de practicar sus creencias y su cultura. Comunidades ancestrales como hay en muchos países de América y no hay en Uruguay.
Por eso, Daniel Vidart se preguntaba “dónde están las tolderías charrúas” que les darían derecho a los beneficios del 169. Son “charrúas de apartamento” se contestaba. Amenazaron de muerte a lanzazos a don Daniel, claro.
3. La negación del legado indígena real. El Estado uruguayo, a través de personeros de ocasión, la vicepresidenta, el ministro de Educación, la Comisión de Patrimonio, acaba de concretar así la mayor negación oficial conocida del legado indígena. Día del No-Legado indígena fue. El día del “antipatrimonio”. Memorable traspié.
Y en el ridículo paquete que divulgan hemos visto en las últimas décadas un disparatario sin límites. Lo grave es que ahora, sin embargo, es el Estado el que baila a ese ritmo, legitimando el despropósito.
Algún autor, por ejemplo, ha dicho que los charrúas eran 100.000 y que eran socialistas. Cualquier cosa.
Que los charrúas, suelen agregar los propaladores del dislate, tenían una filosofía y sabiduría naturista. Esto último tal vez se refiera a cuando, según el testimonio de Brito del Pino, eran adictos a beber la sangre de los caballos vivos, antes de comerles el contenido del estómago animal. Les parecerá ecológico.
Como la realidad no es, se trata de hacerla encajar a como sea. La Asociación de Profesores de Historia publicó, por ejemplo, en su boletín oficial, una foto de los charrúas encadenados que resultó ser, para vergüenza docente, una imagen de indígenas putumayos colombianos encadenados en 1905. Falsificación. Se lo creen. En 1832 no existía la fotografía. Así van falsificando.
4. La construcción de una leyenda falaz: la invención de Salsipuedes. Muchos profesores de Historia, incluso, les cuentan a sus alumnos como real una historia de ficción escrita por Eduardo Acevedo Díaz, llamada “La cueva del tigre”.
Acevedo Díaz fue un excelente escritor, dirigente del Partido Blanco, y hace un relato fantasioso de traición y trampa en Salsipuedes donde mueren varios jefes charrúas que, en la realidad, siguieron viviendo.
Acevedo Díaz da por muertos en su ficción sobre Salsipuedes (que para Acevedo Díaz fue un año después, 1832, y no 1831 como de verdad ocurrió) a los caciques Polidoro, Venado, Juan Pedro o Brown. Ninguno murió, sino que aparecen posteriormente enrolados con Julián Laguna y otros.
Vaimaca Perú ni siquiera estaba y, traído su esqueleto conservado en el Museo del Hombre de París, resultó claramente no charrúa (por la forma de su cráneo, por su altura, etc.). Mestizo de guaraní y guenoa, probablemente.
Como Senaque, compañero de toda su vida de Vaimaca, o como Tacuabé o Guyunusa, bautizados en Paysandú donde está su partido, es decir, lejos de los “infieles” y sus “tolderías”, que así se nombraban a los charrúas entonces.
Guyunusa era mestiza, hija de madre charrúa cristianizada.
Se omite al hablar de Salsipuedes que Lecor, ocupante brasileño, le pide a Rivera en 1824 que elimine a los charrúas. Y Rivera le dice, en documentación que se conserva, que hay que darles tierra, ganado y útiles de labranza para conservar su “oriundez preciosa”, frase humanista sin parangón en América Latina.
Se omite que Lavalleja en 1830 mandata a Rivera a liquidar a los charrúas con “escarmiento” y Rivera no le prestó ninguna atención.
Se omite decir que, días antes de asumir la presidencia en noviembre de 1830, Rivera comete al comandante Felipe Caballero (que lo acompañó siempre) que negocie con los charrúas y varios jefes aceptan detener sus fechorías. En 1830 se habían cometido muchos malones charrúas con alto costo de muertes y secuestros y la opinión y la prensa exigían medidas.
Pero no había mando único en el paleolítico, sino jefes de clanes. Otros clanes siguieron cometiendo crímenes. La Asamblea General resuelve por unanimidad de todas las tendencias políticas, todas, que se solucione el tema de la atroz inseguridad.
Se omite decir que el plan de Rivera, explicado al senador y amigo Julián de Gregorio Espinosa 10 días antes de Salsipuedes, en correspondencia que se conserva, era “Quiera Dios, Julián, que no corra sangre humana”.
Se omite decir que se salvó así al 90% de los charrúas. A todas las mujeres, viejos y niños y a la mayoría de los guerreros. El último clan no aceptó la pacificación y peleó. Un combate en que murieron 12 criollos y entre 30 y 40 indígenas. Un combate no querido, que el populismo transforma en “genocidio”.
Un genocidio mata mujeres y niños. Rivera podía haber matado a los 400. Que es lo que se intenta “vender”. Salvó a su mayoría y evitó que se siguieran cometiendo crímenes.
Se omite decir que el Decreto del ministro Ellauri obligaba a las familias que recibieran indígenas a educarlos y darles la libertad a los cinco años.
Se omite decir que Manuel Oribe felicitó a Rivera por la acción de Salsipuedes y al año siguiente pidió suceder a Bernabé muerto en combate.
Estos son los hechos. Pero los detractores de Rivera prefieren el cuento de Acevedo Díaz y la falsa historia en que un cacique que no estuvo dice: “Frutos matando amigos”.
Se usa una fábula como realidad en el apogeo de la mitología equívoca y los profes de bajo nivel la compran por buena. Se ha educado a muchos de nuestros lectores no sobre los hechos, sino sobre la fantasía de un narrador anti-Rivera.
5. La leyenda negra completa, Rivera contra Artigas. La leyenda contra el creador del Estado Oriental y el jefe del republicanismo incluye otro capítulo falaz: que Rivera traicionó a Artigas.
Se trata de convertir al único que entendió a Artigas y su idea confederal, y por ello somos un Estado independiente, en un anti-Artigas.
Se intenta incluso usar unas cartas falaces para involucrar a Rivera contra Artigas. Las verdaderas cartas a Ramírez son dos: una de marzo y otra de abril de 1820. Rivera creía que era todavía un aliado. Pide hombres para poder rebelarse contra el ocupante portugués.
Es por eso que Ramírez escribe al ocupante, “jamás el Coronel Rivera se someterá a los portugueses, solo aspira a la independencia de su provincia”.
Pero hay una cultura política distorsionante e intolerante que intenta eliminar al otro en sus raíces. Destruir al otro de una manera similar al guerra-civilismo.
Las tradiciones no son un conjunto de tonteras donde escupir, sino un cúmulo de convicciones que las sucesivas generaciones fueron formateando para delinear la identidad de un país o de una parte de un país.
Para muchos ciudadanos las convicciones prolongadas en el tiempo hasta convertirse en tradiciones explican una parte relevante del pasado, del presente y del futuro de una nación.
Se puede discrepar con ellas, pero no se puede irrespetarlas mediante operaciones intelectuales negacionistas, por lo demás harto elementales.
Se omite decir, por ejemplo, que Rivera fue fiel hasta el último día de Artigas en el país. Dieciséis días después que Artigas se fuera, Rivera, con 300 hombres, rodeado por un invasor que lo había hecho con 12.000 hombres, debe firmar la capitulación.
Pone dos condiciones que se le aceptan. Que exista un regimiento integrado solo por orientales (los Dragones) y que se respeten las entregas de campo que había hecho el Reglamento y la Revolución. Bajo la ocupación brasileña a ese Regimiento de Dragones orientales se incorporarán tanto Lavalleja como Rivera.
Al día siguiente de la rendición, Rivera escribe cuatro cartas del mismo tenor (se conservan dos) a José Artigas, Estanislao López (Santa Fe), Bautista Bustos (Córdoba) y Francisco Ramírez (que cuatro días antes había traicionado a Artigas en cláusulas secretas del Pacto con Buenos Aires, entonces obviamente desconocidas). A Ramírez le escribe otra del mismo tenor en abril.
En ellas, Rivera pide auxilio en función del tratado de la Liga Federal y solicita 2.000 hombres para derrotar al portugués, a quien describe como más “tirano” que el español. Dice: “Creí oír la voz de mi patria. Ella me ordenaba no sacrificar inútilmente las últimas fuerzas que, bien dirigidas, la restablecerían a su antiguo esplendor”. Como ocurrió.
6. El Uruguay Mayor. Existen múltiples testimonios de que la idea de Rivera fue, durante la ocupación, ir tejiendo hilos primero y conspiración luego contra los ocupantes. Hace 90 años, por ejemplo, Setembrino Pereda las enumeró.
Así como Rivera también encontró un capital republicano entre oficiales brasileños de Rio Grande, los cuales se separarían del Imperio del Brasil pocos años después, y la llamada Revolución Farrouphila instalaría la muy republicana República de Rio Grande o de Piratiní durante 10 años. En la que pelearía Garibaldi antes de venir a militar la causa de la libertad en Montevideo.
Esa coincidencia entre los republicanos orientales y riograndenses daría su fruto en 1842 cuando se cristalizara el proyecto central de Rivera: la Liga Federal más Río Grande, la patria gaucha. Sin Buenos Aires.
A fines de 1842, la llamada “Quíntuple Alianza” (Estado Oriental, Republica de Rio Grande, Entre Ríos, Corrientes y Misiones) se concretó en Paysandú. Actuaron de observadores prontos a unirse Santa Fe y Córdoba. La derrota de Arroyo Grande terminó con lo que entonces se llamó el “Uruguay Mayor”.
El Uruguay Mayor fue el único proyecto nacional artiguista, federal republicano, posterior al Jefe de los Orientales.
7. La lealtad de Rivera con Artigas. Se suele omitir decir que, durante toda la década del 20, mientras todos renegaban de Artigas, Rivera lo defendía. Es invocándolo que Rivera está en desacuerdo con que se disuelva el batallón de Dragones y se afecte la autonomía oriental en favor de Buenos Aires. Derrotado Lecor, Rivera le reprocha, en intercambio epistolar, la “actitud miserable” que tuvo con el general Artigas.
Las dos veces que es presidente, Rivera le escribe a Artigas y en la segunda manda una mision oficial al mando del mayor Albín para solicitarle al Paraguay, que había cambiado de autoridad, la vuelta de Artigas.
Alejado Artigas en 1820, Rivera cría a su hijo Santiago Artigas Cuenca que tenía 4 años y que lo acompañará toda la vida. Cuando derrota a Oribe y entra en Montevideo para su segunda presidencia, la vanguardia del ejército de Rivera que ingresa la encabeza José María Artigas Villagrán.
En la decisiva batalla de Cagancha en 1839 combatirán junto a Rivera tres hijos de Artigas. Los mencionados Santiago y José María, así como el mayor, Juan Manuel Artigas Sánchez. Los hijos de Artigas sabían quién era su continuador.
8. Contra Occidente y sus valores. Hace 110 años un artículo de Van Vyck Brooks revolucionó la antropología cultural. Se llamaba “El pasado utilizable” y advertía cómo debates del presente utilizaban el pasado recreándolo o desfigurándolo.
Este tiempo de ahora está lleno de irresponsables que repiten sin conocer las consignas históricas antirrepublicanas que tergiversan la verdad.
En fin, el Estado ahora lanzado al absurdo ignorando las etnias principales del legado indígena con tal de intentar manchar el origen republicano de la nación. La identidad a la deriva.
Se ha festejado en realidad el “año de la invisibilidad del verdadero patrimonio indígena”. Eso ha pasado con lo que llamaron Año del Legado Indígena.
La ignorancia feliz de unos cuantos festejando el éxito de la irracionalidad.
Se acaba de estatizar la versión más pobre de la historia nacional.
La izquierda populista uruguaya, por lo demás, siempre ha estado contra Occidente, la democracia liberal y la república, que es el sistema procesal de la democracia. Sea por Irán, por Putin, por el socialismo real o por los charrúas que no se integraban con el criollo occidental.
Y sin entender Occidente, no se entiende al Uruguay.
Manuel Flores Silva