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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Sin las bibliotecas, ¿qué tenemos? No tenemos pasado, ni futuro”
Ray Bradbury
El anuncio del cierre temporal de la Biblioteca Nacional de Uruguay (BNU) sorprendió a muchas personas en Uruguay. No se trató solo del ingreso a un edificio, fue un recordatorio de la fragilidad de las instituciones que garantizan el acceso al conocimiento. Dejando de lado la discusión sobre si las medidas tomadas fueron buenas o malas, vale la pena preguntar: ¿qué papel queremos que cumpla nuestra Biblioteca Nacional y qué esperamos hoy, ampliamente, de nuestras bibliotecas?
Primero, corresponde distinguir el lugar particular que ocupa la biblioteca nacional dentro del ecosistema de bibliotecas. Según la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas, este ecosistema se compone por las bibliotecas nacionales, académicas, públicas (municipales), comunitarias, escolares y especiales (medicina, botánica, lenguas extranjeras, etc.). Sin ahondar en el rol de cada una y centrándonos en el tema, la misión de la biblioteca nacional es la de preservar la memoria colectiva de un país, con la responsabilidad de “adquirir y conservar copias de todos los documentos relevantes publicados en el país donde está situada”1.
En este contexto, lo urgente es garantizar su funcionamiento básico, es decir, asegurar el cuidado y acceso al acervo. Si queremos proyectar un futuro para la BNU, no basta con conservar lo que ya existe, hace falta pensar también en su renovación, y para ello encuentro tres puntos clave: 1) la digitalización de procesos, 2) la construcción de alianzas y 3) el codiseño de nuevos servicios.
El primer punto va más allá de digitalizar el material de archivo, también se debe mejorar el acceso a las bases de datos del acervo y modernizar los sistemas de préstamo y devolución, para que no se dependa exclusivamente del ingreso físico al edificio. En segundo lugar, es necesario generar alianzas con centros educativos, otras bibliotecas, archivos y museos y también con actores relevantes fuera del sector público, como Wikimedistas del Uruguay u otras iniciativas dedicadas a la preservación del patrimonio. Por último, y tal como han planteado las autoridades del MEC, hay que abrir un diálogo genuino con la ciudadanía y las instituciones vinculadas para definir en conjunto qué servicios debería ofrecer la BNU. Las experiencias de otros países podrían inspirarnos para pensar en estos servicios: por ejemplo, en Portugal se ofrece una membresía anual de bajo costo para acceder a escritorios de trabajo en espacios compartidos; en Finlandia, la Biblioteca Nacional brinda a otras instituciones servicios de digitalización de archivos con altos estándares de calidad; en Chile, las personas pueden suscribirse a una lista de “amigos de la biblioteca” y reciben información sobre actividades culturales.
En cuanto a lo que esperamos de nuestras bibliotecas, la discusión provocada por el cierre temporal de la BNU pone de manifiesto la creciente necesidad de espacios públicos para el disfrute y la creación de conocimiento. En este sentido, las bibliotecas públicas, que suelen ser gestionadas a escala municipal y cumplen un rol de cercanía, permiten transformaciones sustanciales: pasar de ser espacios donde se consume conocimiento (en el sentido tradicional) a lugares donde también se lo crea (en un sentido renovado). Este cambio de perspectiva ya ha tomado fuerza en varias partes del mundo y responde a la idiosincrasia y los deseos de las comunidades a las que sirven; las bibliotecas dejan de ser lugares ordenados, silenciosos y repletos de libros para empezar a incorporar instrumentos musicales, cocinas, máquinas de coser o más espacios para el ruido que para el silencio.
Esta carta es, por un lado, un agradecimiento a quienes día a día cuidan de nuestras bibliotecas y, por otro, un llamado a las autoridades competentes a impulsar una revitalización participativa, advirtiendo que la falta de inversión y visión estratégica puede profundizar las desigualdades en el acceso a la información, porque una sociedad que apuesta por sus bibliotecas no solo protege su memoria, sino que también cultiva su futuro.
Mg. Camila Hergatacorzian
Investigadora de doctorado en diseño por la Universidad de Aalto en Finlandia, donde explora las transformaciones digitales en los servicios públicos; trabajó con las redes de bibliotecas de la ciudad de Helsinki y de Lisboa
1https://librarymap.ifla.org/data-glossary/library.