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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn la última edición de Búsqueda, páginas 43 y 44, el Dr. Homero Bagnulo y el Dr. Carlos Vivas realizan un análisis realista sobre la situación de la vejez que no puede tener un vida digna. Realismo manifestado en cuanto a la opción de los familiares de alojarlos en un residencial.
Aclaro que, aun los de alta gama, son deprimentes por la situación de quienes residen. No confundir con los hoteles residenciales, que solo admiten autoválidos, aunque tengan personal que se encarga de la medicación y los cuidados de los huéspedes, y tampoco con los de recuperación, que alojan huéspedes temporarios.
Nada de hipocresías, antes era igual: los viejos, a la piecita del fondo, y los sacaban a la vereda o al jardín, si lo había. Lo que cambió fue, como me dijo un amigo, que ya no hay hijas o sobrinas solteronas que no trabajan.
¿Qué pasa si no se quiere alojarlos en un residencial? Y aquí vuelvo a mi amigo, hay que administrar la situación: acompañantes de horario parcial o las 24 horas. Buscar suplentes para los feriados no laborables, sobre todo en Navidad y Año Nuevo, y para las vacaciones.
Agreguemos otro tema, aunque no sea políticamente correcto: la especificación de las tareas del empleo. Sobre todo si hay que despedir a un/a cuidador/a o cuando fallece el familiar. Y sigo con mi amigo: reclamos de horas extra, compensación por tareas no incluidas en sus obligaciones, etcétera. Por ejemplo: una acompañante reclama tareas de enfermería por administrar medicación o cambiar un venda. Y aquí aparece “la inversión de la carga de la prueba”, que casi ningún demandado puede aportar porque, seamos realistas, ¿quién puede llevar un control del horario y las tareas que realiza una acompañante?
Si no, sobre todo en los casos de que, a pesar de no ser autoválidos, son mentalmente lúcidos, hay que armar “una empresa” que administre, lo que solo pueden hacer quienes tienen altos ingresos.
Los residenciales habilitados, además de atender a los huéspedes, tienen la estructura para enfrentar situaciones de reclamos de personal, seguridad, etcétera. Pero obtener la habilitación tiene costos que, obviamente, se trasladan a las tarifas. Lamentablemente, hay familias que no pueden pagar y alojan a sus ancianos en residenciales no habilitados para que sean atendidos en sus necesidades esenciales.
Y ahí está el realismo al que me refería al principio: “Un estándar esencial que todos cumplen”.
MSE