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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáYa es un poco recurrente escuchar al ministro Oddone y ahora a la vicecanciller Csukasi sobre las “bondades” de acercarnos a la OCDE como paso previo a la solicitud de membresía.
Sigo sin entender las ventajas concretas que esta organización, que siempre nos trató tan mal, podría aportar a Uruguay. Hasta ahora son solo planes y proyectos carísimos, en donde por supuesto deberíamos aceptar las imposiciones de la OCDE.
Seguramente el ministro le ve alguna ventaja, pero hasta ahora solo han sido malas experiencias, y a eso hay que sumarle el que esta organización no admite la discordia. O acatamos su sistema burocrático de adhesión, con sus imposiciones en cuanto a una mal llamada transparencia fiscal, o no somos bienvenidos.
El ministro considera que podemos aprender mucho y que hay prejuicio en relación con la organización, pero la realidad es que no son prejuicios, ya que esta organización nos introdujo en listas infames de gris y negro solo porque teníamos otra forma de concebir la fiscalidad.
La OCDE busca ser el organismo regulador de la fiscalidad internacional, cosa que resulta contraria a la soberanía de los Estados. Pero, además, hasta ahora ha sido dura con los débiles (como nuestro país) y mansa con los fuertes (como Estados Unidos).
El gran debate que debería desarrollar el gobierno respecto a nuestra relación con la OCDE es el siguiente: si estamos de acuerdo en ser un país libre y soberano, que nos damos nuestra propia regulación y respetamos el derecho a la confidencialidad que protege nuestra Constitución, o preferimos ser unos dóciles que aceptamos que un organismo que no nos representa sea el que nos dicte cómo manejarnos en todos los aspectos.
La gente no es tonta y no desea que nos envuelvan en una burocracia elitista que ningún beneficio nos ha traído.
Dr. Fernando Belhot