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Sr. director:
“Se ha dicho que el hombre es un animal racional. Llevo toda la vida buscando pruebas que sustenten tal afirmación”. Bertrand Russell
El conocimiento de los sesgos cognitivos se ha unificado en una especie de gran teoría sintetizada sobre cómo se toman decisiones en momentos de incertidumbre (Dartnell, Lewis. 2024. Ser humano. Penguin Random House Grupo Editorial S.A.U., pág. 276). La teoría de las perspectivas se basa en experimentos sobre el comportamiento real de las personas a la hora de tomar decisiones y formular juicios, en contraste con los modelos de toma de decisiones anteriores basados en el pensamiento económico tradicional, que consideraba al ser humano como una calculadora completamente racional. Se desarrolló en el año 1979, como parte de un prolongado programa de investigación sobre las interacciones de la psicología y la economía dirigido por Daniel Kahneman y Amos Tversky. Luego de que falleciera este último, en el año 2002 le otorgaron el premio Nobel de Economía a Daniel Kahneman. Los resultados de ese programa de investigación se detallan en el libro Pensar rápido, pensar despacio (Kahneman, Daniel. 2012. Pensar rápido, pensar despacio. Penguin Random House. Grupo Editorial Sudamericana). Estas investigaciones son responsables en gran medida de la creación del campo de la economía del comportamiento, que ya ha otorgado otros premios Nobel.
La teoría de las perspectivas se fundamenta en la tendencia humana a tener aversión a la pérdida, y ello opera significativamente en el ámbito de las negociaciones. Nuestra aversión a las pérdidas fortalece las asimetrías respecto a las pérdidas y ganancias, pues solemos creer que las concesiones que otorgamos siempre son mayores a las ganancias que se obtienen, lo que dificulta el avance en la negociación. Este sesgo se refuerza con el “sesgo de dotación”, pues es mucho más difícil que se abandone algo que se posee que obligar a alguien a que lo adopte.
La teoría que nos ocupa subraya que las personas tienden a valorar sus pérdidas y ganancias no en términos absolutos, sino en relación con un punto de referencia concreto que suele ser el statu quo de lo que tienen en ese momento, Las personas están mucho más motivadas por lo que podrían perder al tomar una decisión Por tanto, la manera más eficaz de evitar el problema de la aversión a la pérdida es presentar opciones, como las mejores alternativas a una probable pérdida.
Un sesgo que limita el actuar racionalmente es la sobrevaloración del presente, de las recompensas que se obtienen hoy, al tiempo que se ignoran las que se obtendrán en el largo plazo. El “sesgo del presente”, miopía cognitiva, se manifiesta en gastar el dinero que hoy nos sobra en vez de ahorrarlo para el futuro. También es uno de los sesgos cognitivos que nos impiden responder de manera eficaz a problemas que son graves, pero que se desarrollan de manera gradual, como el cambio climático, ¿qué medidas que están a nuestro alcance tomamos para frenarlo? El sesgo del presente nos disuade de comprar artefactos energéticamente eficientes por su alto precio comparados con los ineficientes.
Otro sesgo que nos afecta es el “sesgo de confirmación”, que ocurre cuando inconscientemente solo percibimos aquellas cosas que confirman nuestras creencias. Un marxista percibirá la “lucha de clases” en un partido de fútbol o en un dibujo animado del Pato Donald, ese será el “motor de la historia”. Este sesgo ocurre también cuando dos personas reciben la misma información por las mismas personas y sus conclusiones son opuestas, pues un individuo solo hace caso a lo que cree, a las creencias que posee, que no son otra cosa que “hábitos del pensamiento” (Bachrach, Estanislao. 2021. En el limbo. Penguin Random House Grupo Editorial, pág. 62). Si crees que un amigo es bueno, tu cerebro buscará todo tipo de argumentos para demostrar que tienes razón. El cerebro ama tener razón, incluso a veces más que ser feliz. Por tanto, las creencias determinan lo que es verdad o fantasía para una persona. Entonces una persona a partir de sus creencias “crea su realidad”, va a percibir solo aquello que coincide con sus creencias. Este fallo cognitivo es una de las principales razones de la creciente polarización política que se vive en el mundo.
En una actividad de reflexión también intervienen los sesgos, en la medida que son atajos de pensamientos que permanecen activos todo el tiempo y son efectivos en la mayoría de condiciones. Por tanto, un sesgo cognitivo es una fórmula que sintetiza varias operaciones mentales o pensamientos encadenados. Uno de los atajos mentales ligados al miedo y la ansiedad se conoce como “catastrofización”. Esta es una operación mental rápida que ante una situación ambigua tiende a asumir la opción negativa. Otro sesgo es el pensamiento dicotómico, que plantea oposiciones blanco/negro o la minimización o maximización de los hechos, maximizar lo negativo y minimizar lo positivo, cosa frecuente en personas depresivas. El efecto de anclaje es nuestra tendencia a basarnos en la primera información obtenida cuando se deben tomar decisiones. También, es la razón por la cual la primera cifra que se anuncia en una negociación determina el desarrollo de esta.
Aunque todos tenemos igual propensión por todos los sesgos, no cabe duda de que todos estamos bajo su influjo. También, aunque una persona sea consciente de los mismos, ello no alcanza para evitarlos. Los sesgos cognitivos son una parte sistémica característica del funcionamiento de nuestro cerebro, por tanto son especialmente difíciles de neutralizar. Los sesgos obedecen al intento del cerebro de funcionar lo mejor posible con sus limitadas capacidades computacionales, utilizando reglas empíricas simplificadoras conocidas como “heurísticas”. Estas reglas son eficaces atajos cognitivos para ahorrar tiempo y energía en la toma de decisiones. Aunque las reglas heurísticas son muy útiles la mayor parte del tiempo, por ser producto de la evolución y por tanto de nuestra adaptación y sobrevivencia, dicha imperfección es quizás la razón que le ha permitido al hombre adaptarse a las zonas más variadas del planeta y a las circunstancias más variadas. No obstante, en determinadas circunstancias uno queda mal parado y se mancilla la soberbia humana de creerse dotada de racionalidad.
Se requiere humildad, una competencia imprescindible, pues: “No somos seres racionales, somos aún seres emocionales que aprendimos a pensar. Las emociones controlan mucho más la razón que la razón a la emoción, esto se puede ver neurologicamente, hay muchas más avenidas neuronales que van desde lo límbico, desde lo emocional al córtex, que al revés” (Bachrach, Estanislao. 2014. En cambio. Editorial Sudamericana Uruguaya S.A.). La arrogancia es mala consejera, todos nos equivocamos; lo peor es aferrarse al equívoco, hecho común en la actividad política, no importa la verdad, lo mejor para el país, sino ganarle al otro.
Rafael Rubio
CI 1.267.677-8