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    jueves 11 de julio de 2024

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    Sobre "colonización" y "genocidio"

    POR

    Sr. Director:

    Quiero referirme, a título personal, a ciertas ideas que están circulando en las redes, algunas de las cuales encontraron su expresión la semana pasada en la sección “Cartas al Director” de su prestigioso semanario: 1) que los judíos en Israel son colonizadores europeos que están usurpando tierras palestinas y 2) que están realizando un genocidio en Gaza.

    Para alguien formado en el mundo occidental del siglo XXI, un mundo cuya cultura promueve sistemas de valores que se basan en consideraciones racionales y lógicas y no dogmáticas, puede resultar anacrónica la defensa de posturas éticas a partir de criterios bíblicos.

    Pero he aquí el meollo del asunto: el reclamo árabe, expresado por la yihad (guerra santa) islámica, se basa justamente en criterios religiosos. Según sus creencias religiosas, los “infieles” no tienen derecho a vivir libres de la ley islámica —Sharía— en cualquier territorio que alguna vez se haya encontrado bajo dominio islámico. Consideran que una vez conquistada por ellos la tierra les pertenece en forma absoluta. Democracia: cero; “derechos humanos”: cero. Intentar responder con criterios occidentales sería como nombrar un color como respuesta a una pregunta matemática.

    La única respuesta lógica en este caso sería precisamente una basada en su sistema, o sea la religión. Refutar la autoridad de Mahoma con una declaración de Balfour o la ONU sería blasfemia a ojos de quienes se amparan en su profeta; no es así el caso cuando uno responde amparándose en el profeta Moisés. El musulmán que reclama derechos sobre la tierra de Israel estará en desacuerdo con la posición judía basada en la Biblia recibida por medio de Moisés (el profeta Musa para ellos), pero no será una falta de respeto invocarlo. Es el mismo idioma.

    El que no cree en Dios o en su comunicación por medio de los profetas no podrá entender la discusión entre dos personas que sí creen, y poco tendrá para aportar para resolver su conflicto. No se trata aquí de un tema de “derechos humanos”. Alzar la bandera de “proteger los derechos humanos de los gazatíes” es un error conceptual o, peor aún, es un lindo envoltorio propagandístico diseñado intencional y cínicamente para disfrazar la verdadera causa del conflicto —intolerancia religiosa— para que suene bien al oído humanista/“woke” y así ganar su apoyo.

    Fundamentos

    El vínculo entre la tierra de Israel y el pueblo de Israel nace en la Biblia.

    Podemos discutir si Dios existe o no, si entregó el decálogo en el monte Sinaí o no, pero el hecho de que en la Torá/Biblia aparece claramente que la tierra de Canaan será una herencia eterna para los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob, o sea el pueblo de Israel, conocido eventualmente también como el pueblo judío, es indiscutible.

    Las discusiones al respecto por parte de quienes creen en Dios y en el relato bíblico nacen de la creencia de que Dios cambió de opinión y sustituyó al pueblo de Israel por otros (ellos).

    Los que creen tener una versión actualizada de las preferencias divinas deben comprobar su tesis para poder desacreditar la posición de los que sostienen la vigencia de la versión 1.0, o sea la Biblia/Torá/Antiguo Testamento. Hasta no comprobar que Dios cambió de opinión, sigue en pie el status quo de los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob, quienes hace 3.336 años fueron liberados de la esclavitud egipcia por medio de Moisés y, siete semanas después, reunidos al pie del monte Sinaí, escucharon los 10 mandamientos.

    Queda claro, entonces, que el pueblo judío en Tierra Santa no es invasor ni “colonizador europeo”; el pueblo judío es el único pueblo existente hoy que puede identificarse como descendientes de Abraham, Isaac y Jacob y herederos de su pacto con Dios. La circuncisión a los ocho días es una prueba de ello.

    Un punto más a considerar:

    Históricamente, cualquier vínculo entre un territorio y un pueblo es circunstancial. No hay ningún vínculo intrínseco entre una tierra determinada y un pueblo determinado. El vínculo se basa en haber nacido ahí o haberla conquistado de otros. La única excepción es la tierra de Canaan, prometida a Abraham por Dios. Fue transformada concretamente en la tierra de Israel cuando fue conquistada por los israelitas, liderados por Josué, hace 3.296 años, cuarenta años después del éxodo de Egipto. Ahí se estableció como pueblo soberano por más de un milenio.

    El pueblo judío fue desterrado de la tierra de Israel por los colonizadores romanos luego de la destrucción del templo de Jerusalén en el año 70 d. C. El arco de Tito, construido en Roma para celebrar ese destierro y así humillar a los judíos exiliados, sirve hoy como testigo fiel y vivo de ese vínculo. Desde entonces no hubo nación ninguna que reclamara esa tierra como propia. Siempre fue dominada por conquistadores y colonizadores. Es como si los conquistadores la estuvieran cuidando para que nadie se apropie de ella hasta que vuelvan sus hijos exiliados.

    Fueron los colonizadores romanos quienes le sobrepusieron el nombre Palestina a la tierra de Israel con el intento de borrar su vínculo histórico con el pueblo de Israel. Los judíos, por otra parte, nunca olvidamos ni abandonamos nuestro vínculo con ella. Además de una presencia judía ininterrumpida durante todo este tiempo, siempre anhelamos la realización de las profecías de nuestros profetas en cuanto al hecho de que el destierro no fue permanente y que llegará el momento de volver todos a casa.

    Genocidio

    Quienes intentaron e intentan realizar un genocidio a lo largo de la historia fueron y son justamente los enemigos de Israel. Su iteración más reciente fue perpetrada por Hamás el 7 de octubre de 2023 y sigue por medio de los que pretenden defender su causa. A Torquemada, Stalin, Hitler, Mufti, Arafat, y Sinwar les importa(ba) una sola cosa: borrar —Dios libre y guarde— al judío y a lo judío de la faz de la tierra. Es así de simple. Es un objetivo abiertamente declarado por ellos. Buscaron y buscan eliminar al pueblo judío simplemente por quienes son, independientemente de cómo están o qué hacen.

    Los habitantes de Gaza recibieron su independencia por primera vez en la historia en el año 2005. No les fue otorgada por los otomanos ni por los egipcios ni por la ONU; se les fue otorgada por el gobierno de Israel en un intento de lograr la paz. El gobierno de Israel se encargó de sacar hasta el último judío de Gaza (¡más de 8.000!) antes de entregarla. Gaza quedó Judenrein, mientras que en la tierra de Israel viven millones de árabes con ciudadanía con derechos plenos.

    ¿Quiénes, entonces, son los genocidas?

    Conclusión

    Por ahora, Israel no pudo lograr la paz por las buenas. Y es bastante obvio por qué: no se puede lograr la paz con alguien jurado a tu destrucción y a quien no le interesa la convivencia pacífica. Israel entregó una Gaza urbanizada con una industria agrícola floreciente intacta y lo primero que hicieron los habitantes de Gaza fue destruirla por completo y dedicarse a construir una infraestructura de terror. Durante años lanzan desde allí miles de misiles y cohetes hacia poblaciones civiles de Israel en forma indiscriminada. El pueblo de Israel sufrió la invasión y masacre del 7 de octubre, y sigue sufriendo por los más de cien rehenes que hasta el día de hoy, 235 días después, ¡todavía se encuentran en cautiverio, sin saber si están vivos o muertos! Lamentablemente, a Israel no le queda otra que liberarlos por la fuerza y asegurar su supervivencia por la intimidación.

    Esto no se llama genocidio; se llama autodefensa. Y es uno de los derechos humanos más básicos.

    Con los mejores deseos por paz,

    Rabino Eliezer Shemtov