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“Los seres humanos nacen con capacidades diferentes. Si son libres, no son iguales. Y si son iguales, no son libres”. Aleksandr Solzhenitsyn
Aleksandr Solzhenitsyn murió en Moscú el 3 de agosto de 2008 a la edad de 90 años. Fue un escritor e historiador ruso. Crítico del socialismo soviético, contribuyó a dar a conocer el gulag, el sistema de campos de trabajos forzados de la Unión Soviética en el que él estuvo preso desde 1945 hasta 1956. Fue el gran novelista del gulag; por su obra monumental, casi hiriente, y sin duda herida por su propia experiencia de dolor y de exilio, Occidente tuvo noticia narrativa, y a veces poética, desolada, de las crueldades de Stalin. Fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1970 “por la fuerza ética con la que ha continuado las tradiciones indispensables de la literatura rusa”.
Gran parte de sus trabajos fueron censurados por el aparato estatal soviético, pero su obra alcanzó un volumen notable, sobre todo Archipiélago Gulag, Un día en la vida de Iván Denísovich, Agosto de 1914 y Pabellón del cáncer. En 1974 fue expulsado de la Unión Soviética y se le retiró la ciudadanía; la cual le fue restituida en 1990, 16 años después. Tras la disolución de la Unión Soviética en 1991, regresó a Rusia, donde permaneció hasta su muerte en 2008.
“Los que eligieron la violencia como método político tienen la mentira como instrumento”, esta frase del escritor y disidente soviético Aleksandr Solzhenitsyn resume su profunda crítica a los regímenes totalitarios. A lo largo de su obra, como en El archipiélago Gulag, el autor argumenta que la violencia física y la falsedad ideológica son inseparables, ya que el poder impuesto por la fuerza necesita distorsionar la realidad para justificarse y mantenerse.
Para profundizar en este pensamiento, se recomienda leer: su famoso ensayo No vivir en la mentira, de 1974.
¿Sabías que a tu cerebro no le importa si algo es realidad o fantasía?
El futuro, como el pasado, como la historia, solo es cierto en la medida en que nos lo creemos. Y si no lo creemos, se muere.
Para los marxistas, Marx y Lenin han conjeturado verdades económicas absolutas que nunca podrían ser refutadas.
Sin embargo, desde 1924, gracias a los trabajos de la Western Electric Company y la Academia Nacional de las Ciencias de Estados Unidos, se sabe que la estructura influye levemente en el comportamiento de la gente. La neurociencia afirma que un individuo solo hace caso a lo que cree, a las creencias que posee, que no son otra cosa que “hábitos del pensamiento” (Bachrach, Estanislao. 2021. En el limbo. Penguin Random House Grupo Editorial. Pág. 62). Por tanto, las creencias determinan lo que es verdad o fantasía para una persona. Una persona a partir de sus creencias “crea su realidad”. Son siempre tus creencias las que le dicen a tu cerebro qué es verdad y qué es fantasía, o sea, qué es verdad para ti (Bachrach, Estanislao. 2021. Op. Cit. Pág. 27).
Como indica la palabra, las creencias se construyen desde el creer, y a su vez, el creer se construye desde la confianza.
Si creemos en algo o alguien es porque confiamos en ese algo o alguien. Luego, el diálogo con la realidad, el ensayo y error, el esfuerzo y aprendizaje, la recompensa que supone el logro, la realización y el placer de crear y transformar nacen de la confianza en uno mismo, en el otro y en la vida.
Las creencias en su mayoría, y con fuerza, se originan durante la niñez. A medida que se crece, se remodelan, se mantienen o cambian. Lo relevante es que tus creencias están representadas en tu cerebro físicamente por muy fuertes conexiones sinápticas, al formarse tempranamente se constituyen en verdaderos “cables de acero”, que constituyen tu “forma de pensar”. Ellas son las que te hacen sentir mal o incómodo frente a determinadas situaciones, y no las situaciones en sí mismas. Tus creencias, tu forma de pensar, tus experiencias pasadas, todo aquello que te sucedió en la vida, influyen en tu forma de interpretar y de dar sentido y significado a las circunstancias y hechos que te ocurren.
Son siempre tus creencias las que le dicen a tu cerebro qué es verdad y qué es fantasía, o sea qué es verdad para ti (Bachrach, Estanislao. 2021. Op. Cit. Pág. 27).
Marcadores somáticos
La doble condición de Aleksandr Solzhenitsyn de historiador y creativo le permitió identificar las razones de asociación entre la violencia y la mentira.
Dicha asociación nace en lo que el neurocientífico Antonio Damasio denominó “marcadores somáticos que son las sensaciones de nuestro cuerpo que nos dicen si nuestras decisiones son acertadas o equivocas. Este circuito que se origina en el cerebro límbico (emocional) que telegrafía nuestras sensaciones viscerales, a menudo mucho antes que el cerebro cognitivo llegue a una conclusión más razonada”. (Goleman, Daniel. 2013. Focus, El motor oculto de la excelencia. Ediciones B Argentina S.A., pág. 91).
Cuando nos enfrentamos a situaciones complejas, el área prefrontal (centro ejecutivo del cerebro) guía la toma de decisiones. Estas se toman en base a las sensaciones que funcionan como un timón interno y no solamente en un análisis frío y racional.
Así, la autoconciencia se expresa de dos maneras, con un relato que considera nuestro pasado y futuro y un relato que nos relaciona con el presente inmediato. La resultante es el más íntimo sentido de nuestro ser. Refleja la suma progresiva de nuestras impresiones sensoriales. Estas señales son los guías internos para llevar una vida acorde con nuestras creencias.
“Mi creencia —que es el motor que me guía— me exime de considerar importante aplicar reglas básicas de comportamiento en el manejo de la cosa pública, pues todas las obras las hago de acuerdo a mi ideología/religión: “marxista”.
Se crea una disonancia cognitiva de las creencias ”marxistas” con la realidad. El marxista siente enojo por tal resabio burgués, actuar “ecuánimemente” de acuerdo a las normas de convivencia establecidas.
Si en función de mi creencia, a lo largo de mi vida, utilicé la violencia con fines políticos (revolución socialista, piquetes, escraches, mentir, manipular, amenazar, falsear normas, engañar, conspirar, trampear, ocultar verdades, etcétera, son apenas variaciones de mis “guías internas” que vienen determinadas por mis marcadores somáticos aprendidos de “los peores mentores” (Marx, Lenin, Mao, Fidel, el Che, etcétera, en la lucha de clases).
“Si uno quiere el poder, llegará un momento en que deberá difundir ficciones”. (Harari, Yuval Noah. 2018. 21 lecciones para el siglo XXI. Penguin Random House. Grupo Editorial Sudamericana. Pág. 267).
Rafael Rubio