Sr. director:
Sr. director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáRespecto al tema de la eutanasia como se habla ahora, quiero dar un punto de vista que no se considera, el punto de vista de los enfermos que hemos pasado por la situación de la que hablan todos y nadie nos pregunta a nosotros qué nos ha parecido. Por lo menos, a los que hemos salido con vida.
Estuve no menos de seis veces a centímetros de la muerte, dos veces como buzo profesional, hasta esta que voy a contar, donde sí estuve muerto 10 minutos y, gracias a Dios, volví para contarlo.
En un día muy ajetreado, viajando a la Estancia La Calera —ese impresionante hotel de campo— y luego visitando varias obras en Paysandú, se hizo tarde, y Juan y yo decidimos turnarnos para volver a Montevideo. Mala decisión.
En la ruta 3, cerca de Villa María, chocamos de frente con un estudiante que volvía de festejar la aprobación de un examen, a la una de la mañana. Murieron Juan y el estudiante, yo desperté con el dolor indescriptible de la falta de oxígeno en la sangre: nos entrenan a los buzos para resistir el dolor que se produce al retener la respiración y, cuando se agota el oxígeno en los glóbulos rojos y luego el disuelto en el suero, las células de todo el cuerpo aúllan de dolor, desde las plantas de los pies hasta el cuero cabelludo. Están muriendo. Al buzo lo entrenan para que, cuando sienta ese dolor, sepa que tiene cinco minutos de vida.
El primer minuto tienes que usarlo para pensar, entender qué está pasando, cómo salir de eso en cuatro minutos, y después usar los cuatro minutos para salir. Si no piensas en un minuto, eres hombre muerto.
Quise hacer respiración forzada, para oxigenación rápida, y un dolor paralizante me golpeó el pecho. Imposible, costillas quebradas habían perforado el pulmón izquierdo y se clavaban como cuchillos en el corazón, el pulmón y el diafragma cuando movía el tórax. Única alternativa, respiración diafragmática, moviendo el abdomen. Probé, y dolía, pero era soportable. Seguí así, y el dolor del oxígeno desapareció. Soporte una hora hasta que llegaron los bomberos y me sacaron con gatos del auto aplastado. Cuando me pusieron oxígeno, me desmayé.
En el Hospital Evangélico, al llegar al CTI, no me daban más que un par de horas de vida. Demasiado complicado, con fractura de cráneo, aplastamiento de costillas y esternón, pulmón perforado y hematomas cardiacos, hemorragias internas, diafragma perforado, fractura de esternón; la situación era critica y solamente la solidaridad cristiana y la sapiencia de un equipo profesional liderado por el doctor Amonte impidió que se me colocara en una camilla al lado del corredor para que no demorara la muerte.
Mi primo Juan Carlos, como un hermano para mí, preparaba a mi señora para lo que todos creían que pasaría en un par de horas. Pero después de 20 días desperté, y mi pasaje por el reino del más allá fue un momento, solo 10 minutos de estado de muerte donde vi otro mundo, que no es el tema de hoy.
El equipo de resucitación insistió e insistió, y volví a la vida hasta hoy, 27 años después. Gracias al Dr. Amonte, que vio una chispa de esperanza de vida en un cuadro negro donde todos los demás votarían por darme calmantes para que no siguiera sufriendo y dejarme morir tranquilo. Me dieron opioides, me pusieron un pulmón y un corazón artificial bombeando y purificando la sangre, y cinco litros de sangre que me mantuvieron.
Me devolvieron a la vida, a mis hijos y nietos, y desde entonces hice seis puertos nuevos, y muchas obras: tres plantas de Conaprole, silos y fábricas, y la mejor planta de semillas de Sudamérica que ahora estamos ampliando. Recorrí el mundo, di conferencias en Argentina, Brasil, Colombia, Chile, USA, Francia, Sudáfrica, Israel. Premiaron proyectos como la Terminal Ontur, la Terminal Mbopicuá, y la Terminal Capurro es candidata a estar entre las mejores Obras Globales de 2025, por la formación de un equipo internacional que resolvió problemas imposibles, y la satisfacción de la ANP por una obra de última generación, la mejor terminal pesquera del Atlántico Sur, a un costo a mitad de los valores internacionales.
Mi recuperación tuvo un costo: cinco cirugías mayores, seis meses de internación, dos años de recuperación fisiátrica, fisiológica, foniátrica y una recuperación física de años.
Con los criterios, por ejemplo, del sistema británico de salud, y esa ley nueva que se está discutiendo, en mi caso no hubieran dudado en dejarme morir para no arriesgar un gasto millonario con un casi seguro desenlace fatal.
No dudo de que una empresa médica con problemas financieros, como mi vecino el administrador de Casmu, conseguiría en seguida dos médicos que firmaran mi eutanasia, antes que arriesgar quinientos mil dólares en tratamientos con muy escasas posibilidades de éxito.
Por favor, solicito con toda cortesía a los señores senadores que se me permita comentar en la comisión del Senado otros detalles más estremecedores, que no son para escribir en público, para convencerlos de que no es una cuestión de opinión, sino de hechos. No maten al débil, y quiero decírselos en la cara. Hay otra vida, y no tienen ningún derecho a mandar gente al sufrimiento eterno para salir en las revistas de moda que financia Soros y compañía.
Ing. José M. Zorrilla