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Luego de ‘El Eternauta’, llegó ‘Homo Argentum’, ensanchando la grieta
Inesperadamente, algunas características del cine argentino de los años 80 vuelven con fuerza: la obsesión con la identidad nacional y lo que se llamó bajada de línea reaparece
La película Homo Argentum es protagonizada por Guillermo Francella y dirigida por Mariano Cohn y Gastón Duprat.
Las historias que se cuentan en Argentina parecen destinadas a caer en la grieta. Creo que la expresión ha sido tan repetida que no necesita explicación. De todos modos, para quienes nunca la hayan escuchado, podríamos definirla como un enfrentamiento entre argentinos con posturas antagónicas que se acusan mutuamente de haber hundido al país en el atraso y la miseria. Aunque las definiciones pueden variar, de un lado estarían los populistas, kirchneristas, progresistas, gente de izquierda y algunos peronistas. Del otro lado de la grieta podemos ubicar a liberales, antiperonistas, casi todos los radicales, los del PRO (el partido de Macri) y también algunos peronistas (los peronistas son como los que van al casino y apuestan a varios números por las dudas). La lectura de series y películas desde la grieta ya se dio no hace mucho con El Eternauta, la serie de Netflix que adaptó la historieta argentina más clásica, y muchos usuarios en las redes resaltaban “nadie se salva solo” y “lo viejo funciona” (frases que dicen los personajes) para criticar las políticas del gobierno de Javier Milei.
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La máquina de triturar ideas y voluntades de la grieta tuvo estos días un nuevo episodio con el estreno el 14 de agosto de la película Homo Argentum, protagonizada por Guillermo Francella y dirigida por Mariano Cohn y Gastón Duprat. Se trata de 16 episodios que pretenden retratar cómo somos los argentinos. En los comentarios sobre la película las divisiones llegaron al extremo: en el importante sitio de cine IMDB (Internet Movie Data Base) los puntajes son o 10 o 1, casi no hay puntajes intermedios. Hasta el propio presidente Milei tomó partido y no solo defendió la película en X, sino que la proyectó varias veces en reuniones con aliados políticos. Con su peculiar estilo de barrabrava, el presidente tituló su publicación en dicha red social Homo Argentum: disonancia cognitiva en el corazón woke y escribió lo siguiente: “La película de Guillermo Francella deja en evidencia muchos de los aspectos de la oscura e hipócrita agenda de los progres caviar (woke). A su vez, cuanto mayor la cantidad de parásitos mentales dentro de la cabeza del progre, mucho mayor es el odio y los alaridos quejosos de este ejército de zombies (termos cabezas de pulpos)”.
“Cabeza de pulpo” dice porque, según los libertarios, los pulpos retienen el excremento en la cabeza. Es verdad que el progresismo suele ser el blanco de las historias de Cohn y Duprat. En la serie Nada, con Luis Brandoni y Robert De Niro, el protagonista destroza el discurso de izquierda de un estudiante de sociología y se burla de un local que vende productos lácteos de vacas a las que no hacen sufrir. Sin embargo, en una entrevista reciente en la que se quejaron del “cacheo ideológico” al que eran sometidos, tanto Cohn como Duprat se distanciaron del uso que hicieron desde el Poder Ejecutivo.
Otros medios, en cambio, criticaron duramente al presidente y hasta hubo notas que decían que en realidad los personajes satirizados en la película bien podían ser votantes de Milei por la crueldad que los caracterizaba. Más allá de algunas críticas obvias y certeras (que las historias retratan más al porteño de Buenos Aires que al argentino del interior o que hay demasiados chivos publicitarios), las opiniones suelen resultar de posicionamientos previos que después se aplican a la película sin matices o rectificaciones. El hecho de que Guillermo Francella —que logró la hazaña de interpretar 16 personajes diferentes— haya hecho declaraciones de apoyo al gobierno fue suficiente para que de un lado de la grieta despedazaran sus películas. La cuestión es que toda la polvareda digital que levantó la polémica hizo de Homo Argentum el gran éxito del año, con más de 1 millón de espectadores y todavía en cartel.
Más allá de la película, la polémica exhibe uno de los síntomas más preocupantes de la grieta: la acusación al enemigo de que es “antiargentino”, como si solo un lado tuviera el monopolio de la argentinidad. Cohn y Duprat tuvieron que soportar estos insultos y hasta hubo quien pidió que les quitaran la nacionalidad. Además del carácter autoritario y hasta peligroso de semejante caracterización, muestra —algo que también está en el título— que lo que está en juego es qué significa ser argentino, y eso es lo que produce la grieta. No basta con haber nacido en el país. Aparentemente, si uno critica a Maradona —por ejemplo—, podría ser tachado de antiargentino. Al titularse Homo Argentum, la película entra en el medio de este remolino. Inspirados por las comedias italianas en episodios, Cohn y Duprat se burlan de la argentinidad, lo que es muy acorde con el carácter satírico de ese tipo de films. Las comedias italianas no hacían otra cosa, basta recordar el título de la más popular: Los monstruos.
La commedia all’italiana tuvo grandes directores como Mario Monicelli, Ettore Scola, Dino Risi, Lina Wertmüller y muchos otros. Los más grandes como Federico Fellini o Vittorio De Sica también supieron incursionar en el género. Las películas en episodios fueron unos clásicos del género: Los monstruos de Dino Risi tuvo una secuela (Los nuevos monstruos). Apoyados en grandes actores como Nino Manfredi, Alberto Sordi, Ugo Tognazzi, Vittorio Gassman y Giancarlo Giannini. También participaron grandes actrices, muchas de ellas inolvidables, pero la comedia giraba alrededor del homo italiano, con una temática obsesiva: la corrupción moral de los protagonistas y sus obsesiones eróticas. En una época en la que la pornografía era secreta o directamente inaccesible, los cuerpos deseados de las divas (Claudia Cardinale, Ornella Muti, Stefania Sandrelli) movían las historias y las histerias de los personajes. En Homo Argentum, curiosamente, el móvil erótico (salvo en el segundo episodio) es dejado de lado y todo el peso narrativo está puesto en la corrupción moral que harían del Homo Argentum un espécimen curioso y detestable. La proverbial soberbia de los porteños (la canchereada) está presente en casi todos los relatos. En relación con las películas italianas que la inspiran (deuda que está reconocida en el último episodio, que transcurre en Sicilia), no solo es extraña la ausencia de erotismo, sino también de alusiones políticas más explícitas. En Los nuevos monstruos, por ejemplo, una historia de acoso sexual se mezcla con una mujer guerrillera que escapó de la cárcel y hay otro episodio en el que un terrorista se enamora de una azafata con el fin de entregarle un regalo que en realidad es una bomba que hace estallar el avión. Homo Argentum evitó ir por esos terrenos tal vez previendo que serían los mismos espectadores los que proyectarían sus ideologías sobre el film.
Sin embargo, por más que quieran declararse prescindentes de la grieta (y la vean más como producto de las lecturas del público), creo que Homo Argentum termina siendo un producto de esta, sobre todo en el trazado unidimensional y por eso mismo condenatorio de los personajes. En las anteriores obras del dúo, la gracia estaba en que, si bien los personajes tenían actitudes condenables, se producían en un contexto que las justificaba, las hacía inevitables o eran en defensa propia. Si bien ejercían una mirada misántropa sobre todos los personajes, los dotaban de algunas características que hacían que el espectador se identificara con ellos. El encargado puede ser un cretino, pero ¿quién no lo sería ante las situaciones que le toca vivir? Algo similar puede decirse del director de museo de Bellas artes, el gourmet de Nada o el escritor cascarrabias de Premio Nobel. La vieja lucha entre ideales e intereses se da en condiciones en que uno entiende que el personaje quiera salvar el pellejo. Aun los retratos más crueles poseen un contraste que los hace interesantes. Puede confrontarse por ejemplo la filántropa Lucila Morris de El encargado con el trío de mujeres ricachonas que ejercen la ayuda social en Viudas negras, serie protagonizada por Malena Pichot. Las mujeres de Viudas… son muy tontas y hablan de un modo caricaturesco, imitando supuestamente a las mujeres de clase alta. Son tan tontas que uno se pregunta si no se dan cuenta de que lo son. Lucila Morris de El encargado, en cambio, es inteligente y atractiva, tan corrupta como seductora.
En Homo Argentum, en cambio, las víctimas son inocentes y nada justifica la crueldad del hombre que hace caer accidentalmente una botella desde el balcón, el arbolito que cambia dólares y roba a los turistas o el cura que quiere convencer a los pobres de que suyo será el reino de los cielos. Es verdad, como escribió Diego Papic, que hay personajes “bastante tiernos” (la expresión le pertenece), pero son laterales y, salvo una que otra excepción, no modifican el desarrollo de la trama. Inesperadamente, algunas características del cine argentino de los años 80 vuelven con fuerza: la obsesión con la identidad nacional y lo que se llamó bajada de línea reaparece. Sátira unidireccional y no problemática (como en las otras obras del dúo), el ritornello marca la cultura argentina y pareciera que giráramos alrededor de lo mismo. La grieta es nuestro maelstrom, ese remolino que todo lo arrastra. Pero tal vez, y esto sería peor, la grieta nos guste, porque nos da la comodidad de pensar con dicotomías que aparentan ofrecernos verdades ante una realidad llena de matices que, así, escapa a nuestras miradas y valoraciones.