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    jueves 11 de julio de 2024

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    Mike DeVries: “El golf debe ser divertido, ya de por sí es un deporte complicado”

    Uno de los mejores diseñadores del mundo visitó el Club de Golf del Uruguay para evaluar cómo aggiornar su cancha sin perder el espíritu original

    El estadounidense Mike DeVries es uno de los cinco mejores diseñadores de canchas de golf de la actualidad, según la revista Golf Magazine. Este destacado profesional, graduado en la Universidad de Michigan y con un máster en Arquitectura Ambiental, llegó días atrás a Uruguay.

    Su visita está vinculada al trabajo de otro diseñador ya difunto, el escocés Alister MacKenzie. DeVries es un profundo admirador de su trabajo y, por ello, está embarcado en un programa a largo plazo para “rescatar y recuperar” el espíritu con el cual ideó una de las canchas que diseñó: el Club de Golf del Uruguay.

    Su visita incluyó un recorrido por el predio y una charla con socios del club donde el renombrado diseñador disertó por espacio de una hora ante las diferentes consultas.

    Luego partió hacia Punta del Este, donde recorrió el trazado de La Barra Golf Club. También visitó José Ignacio, zona donde trabaja en un futuro proyecto privado.

    Antes de eso, todavía en el club de Punta Carretas, DeVries mantuvo una extensa charla con Búsqueda. Este es un resumen de sus declaraciones.

    —¿Cómo empezó su vínculo con el golf y con el diseño de canchas?

    —Mi abuelo materno fue quien me introdujo desde muy chico en el mundo del golf. Él me enseñó el respeto que encierra este deporte además del cuidado que hay que tener por el medioambiente. Más tarde, Tom Mead fue la gran influencia que tuve para entender de agronomía y de mantenimiento de un campo de golf. De los antiguos diseñadores siento admiración por Donald Ross, Seth Raynor, Harry Colt pero muy especialmente por Alister MacKenzie. De los actuales, mientras, destaco a Tom Fazio, con quien trabajé por dos años, Pete Dye, Ben Crenshaw y Gil Hanse.

    —¿Cómo cree que se debe concebir el diseño de una cancha?

    —El golf debe ser divertido. Ya es de por sí un deporte complicado. Si un golfista se va contento de un trazado mío, es el mejor reconocimiento que puedo tener como diseñador. Soy partidario de fairways anchos, poco rough, pero busco adaptarme a los distintos niveles de los jugadores. Pienso igual de los greens: estos deben ser francos, con distintas posibilidades para la posición de banderas, buscando exigir a los golfistas de alto rendimiento. Superar los obstáculos que presenta una cancha es la razón por la cual jugamos al golf, y eso, en definitiva, es lo que hace al golf un deporte tan tolerante, tan fascinante, para todas las edades, para todos los niveles.

    —¿Qué opinión tiene acerca de la cancha del Club de Golf del Uruguay?

    —Quiero expresar mi más profundo reconocimiento para las distintas directivas del Club de Golf del Uruguay por haber preservado con tanto respeto el plano original de la cancha firmado por Alister MacKenzie, así como sus dibujos sobre cada uno de los greens. Estos documentos tienen un valor incalculable realmente; por mi trabajo recorrí varios campos diseñados por el escocés, donde lamentablemente no queda ni un solo registro de su trabajo. Asimismo, también vale destacar que luego de mi segunda visita a esta cancha puedo asegurar que mantiene un alto porcentaje del espíritu con que la proyectó MacKenzie. Esto es algo muy importante, algo que muchas veces no se valora, ahí tenemos el ejemplo claro del Augusta National, sede del Masters cada año, donde muy poco queda de la idea original de MacKenzie en cuanto a su diseño original. Está claro que las modificaciones a la cancha son en cada edición parte del show pero hay que considerar que Augusta está solo abierta seis meses del año en un club que en el que únicamente hay 300 socios.

    —¿Por qué considera tan relevante la conservación de esos planos?

    —Al tener estos documentos originales se puede reflotar la idea original del diseñador cuando proyectó la cancha nueve décadas atrás. Esto es sencillamente maravilloso para mí como restaurador de trabajos de MacKenzie, ya que parte de nuestro trabajo justamente es recuperar los pequeños detalles de ese gran diseño para que el golfista de esta cancha pueda, en cada ronda que juegue, descubrir algo nuevo en el recorrido. Por ejemplo, parte de la filosofía de MacKenzie era que los greens y los tees estuvieran relativamente cerca uno del otro, funcionando como puntos de encuentro social entre los golfistas.

    —¿Qué cambios hace necesarios el avance técnico del deporte?

    —Con la evolución que han tenido en los últimos tiempos las pelotas, los palos, además del físico de los golfistas, se ha dado un aumento de un 10% de la distancia que se alcanza en los golpes. Esto está comprobado y tenemos que trabajar con ello. Por ejemplo, los búnkeres que originalmente fueron pensados en esta cancha hoy son un obstáculo solo para los jugadores de alto hándicap. Seguramente se puedan encarar algunas obras sin cambiar el espíritu que pensó Alister MacKenzie. En ese sentido, mover los tees de salida no es la solución ideal, hay veces en que directamente no se dispone de ese terreno, por lo cual hay que idear otras alternativas.

    —Los cambios a veces generan resistencias.

    —Con este tipo de trabajos siempre habrá divergencias, más en un club como este, con 100 años de historia. Hay socios que estarán a favor y otros en contra para realizarlos. Nuestra intención es dejar un informe que funcione como guía para aggiornar el trazado, una guía para los próximos 10 años, un programa que contenga los aspectos agronómicos y a la vez las variaciones en el trazado. A lo largo de estos años hemos trabajado en 50 canchas como consultantes, por lo cual hay una experiencia que podemos aportar. Tenemos claro en este sentido que un punto controversial es el de los árboles en cuanto a su mantenimiento y a la recuperación de zonas perdidas. Por ejemplo, hoy hay vistas al río que se han perdido por completo, y eso es algo que se puede rever. No es bueno pensar una estrategia para un hoyo con base en un árbol, ya que este se puede enfermar o caer con un temporal afectando por completo el espíritu de ese hoyo.

    —Como diseñador, ¿qué opinión tiene acerca de las grandes distancias que se alcanzan hoy en el golf?

    —Para los diseñadores en la actualidad no es fácil lidiar con las distancias que pegan los golfistas. La pelota va más lejos, es una realidad, y creo en lo personal que eso no le hace bien al golf, donde no se destaca a los buenos jugadores de putter o juego corto sino al que pega más largo. Distancia, distancia y más distancia es lo que importa, el juego de control está siendo superado por la distancia, lo único que importa es pegar largo. Fíjese que hoy en día el driver pasó a ser el palo más fácil de la bolsa cuando antes era todo lo contrario.