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Cantidad de empleos formales en el campo cayó 11% en los últimos 20 años
Un análisis del BPS enmarca los cambios en el mercado laboral vinculado al agro en el proceso de “concentración de los recursos” y la tendencia al aumento relativo de fenómenos como la “jornalerización”
En los últimos 20 años se produjeron “cambios importantes en el mundo rural y agropecuario” que repercutieron en la esfera laboral. Según un estudio del Banco de Previsión Social (BPS), hubo una “transformación de la distribución y concentración de los recursos (disminución del total de establecimientos agropecuarios, en especial de las formas de producción familiar) y la modificación en las relaciones laborales (decrecen las formas no dependientes como cuentapropistas y se incrementan relativamente las asalariadas, con tendencia al aumento relativo de la jornalerización)”.
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Un análisis reciente elaborado por la Asesoría General en Seguridad Social del BPS señala que, en el promedio de 2024, fueron 45.854 las empresas con aportación rural. Por su naturaleza jurídica, la “gran mayoría” —el 74,2%— corresponde a la modalidad unipersonal —aunque pueden tener más de un dependiente—, que tributan a la seguridad social y a la Dirección General Impositiva, como el monotributo, el Literal E (pequeña empresa) y el régimen general y de servicios personales. A su vez, un 8,4% eran sociedad de hecho y 4,2% aportaron como núcleo familiar, entre otras figuras.
Desde la perspectiva del empleo formal, la cantidad de trabajadores rurales que realizó aportes a la seguridad social mostró una disminución casi continua desde 2004, desde algo más de 161.000 cotizantes a 142.631 en 2024; eso significa una caída de 11,4%. Veinte años atrás esos puestos se repartían en proporciones similares entre dependientes (79.260) y no dependientes (81.747), pero al final del período analizado las cifras pasaron a ser de 62.363 y 80.268.
Campo y género
El estudio realiza una “mirada de género” sobre el trabajo en el campo.
Dentro de esa proporción de ocho de cada 10 empresas rurales con un solo titular, la tercera parte son mujeres.
Además, constata, para años recientes, una “leve reducción de las brechas a raíz de la disminución en las tasas de actividad y de empleo de los hombres”. En 2024 hubo 42.109 mujeres haciendo aportes a la seguridad social, en un total de 143.000 “cotizantes” totales.
Respecto a 2004, los puestos femeninos descendieron 16,9% en el caso de los dependientes (asalariados) y casi 30% los no dependientes (que incluye la modalidad cónyuges colaboradores).
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Plantea que las formas de trabajo en la agropecuaria “están atravesadas por desigualdades basadas en género que resultan en oportunidades diferenciales para las mujeres que viven o trabajan en el medio”. Menciona, entre otras cosas, que las que integran establecimientos familiares suelen enfrentar una “doble invisibilidad”, dado que no se considera su trabajo reproductivo (doméstico y de cuidados) y se “reconoce muy poco su aporte a la producción (lo que lleva a que tengan menor acceso y control sobre los recursos productivos)”. A su vez, las que son asalariadas suelen trabajar en “condiciones más precarias que los hombres, con mayor participación en empleos zafrales, lo que determina menores ingresos y escasas posibilidades de crecimiento laboral”.
En general, señala, las mujeres rurales “enfrentan una sobrecarga de trabajo, sea cual sea la tarea que desempeñan”. Después de enumerar estos y otros datos relacionados con el acceso a las prestaciones activas y pasivas que paga el BPS, el estudio cierra señalando que “el desafío es múltiple” y que “es necesario continuar dando seguimiento al acceso a derechos de esta población, vincular los resultados con cambios estructurales”.