La medición puntual del mes de junio muestra con mayor claridad ese cambio. Frente al mismo mes de 2025, la relación de precios de venta y compra al mundo aumentaron apenas 0,7%, después de haber caído 3,3% en abril y 1,9% en mayo. Respecto al mes anterior, sin embargo, el indicador mejoró 3,1%.
En ese contexto, Eric Lee, estratega de petróleo de Citi Research, explicó a Búsqueda que el encarecimiento responde tanto al riesgo geopolítico como a una escasez física de crudo y combustibles.
Distintas relaciones
Para reducir las distorsiones provocadas por la estacionalidad, Búsqueda analizó promedios móviles de 12 meses cerrados en cada mes. El indicador mide exclusivamente la relación entre precios: no incorpora las cantidades comercializadas ni el saldo entre exportaciones e importaciones.
La evolución fue heterogénea según los socios. En el año cerrado a junio, los términos de intercambio con Europa mejoraron 10,5%. Con China, el incremento fue de 16,2%.
Dentro de América, en cambio, la relación empeoró 3,9%. Los términos de intercambio disminuyeron 2,7% con Brasil, 7,5% con Argentina y 5,9% con el conjunto del Mercosur.
Escasez física
Lee sostuvo que el nivel actual de precios del petróleo responde tanto al riesgo geopolítico como a una insuficiencia física. “Es difícil separar las dos cosas, pero definitivamente también hay escasez. Creo que son ambas”, afirmó.
Como evidencia, señaló que los inventarios de crudo y productos refinados se han reducido desde febrero a un ritmo aproximado de 3 millones de barriles diarios. La tensión, además, varía según el segmento: al inicio de esta semana el barril de petróleo cotizaba entre US$ 100 y US$ 110, mientras que el diésel rondaba los US$ 200.
Brasil muestra esos efectos diferenciados: produce y exporta crudo, pero también importa grandes cantidades de diésel, cuyo precio aumentó todavía más. “Es en el diésel donde sienten el impacto los consumidores y los hogares, y también la industria. Los usuarios industriales y la agricultura utilizan mucho diésel”, explicó el analista de Citi.
Otra señal de la escasez es la backwardation, situación en la que el petróleo disponible para entrega inmediata cuesta más que los contratos con vencimientos posteriores. Al 14 de setiembre, esa diferencia a un año era de 27% para el brent y de 25% para la variedad WTI, según el banco estadounidense. Lee sostuvo que la curva refleja “condiciones de corto plazo muy ajustadas”, pero no implica que el mercado espere una solución rápida al conflicto en Medio Oriente.
Uruguay, parcialmente resguardado
Para un importador neto de petróleo como Uruguay, el encarecimiento de la energía puede deteriorar los términos de intercambio y presionar los costos productivos y la inflación. “Los precios altos son directamente un shock negativo de oferta para la economía. También están impulsando la inflación”, indicó Lee.
Sin embargo, el estratega considera que la refinación local deja al país relativamente menos expuesto al encarecimiento de los combustibles terminados. “Uruguay importa algo de crudo, pero lo refina por sí mismo”, sostuvo. Esa capacidad, agregó, lo ha dejado “algo resguardado del shock del diésel y de los productos refinados que muchos otros han sentido”.
Además, el efecto puede aparecer con rapidez en las estadísticas del comercio exterior. “Los precios del crudo deberían transmitirse bastante rápido. Los precios mayoristas de los productos refinados también deberían transmitirse bastante rápido”, afirmó.
El traslado hacia los surtidores puede presentar cierto retraso, mientras que la propagación hacia los costos industriales, los precios al consumidor y la inflación subyacente demora más. Por eso, los índices correspondientes al segundo semestre podrían mostrar un escenario diferente al que explica la mejora acumulada hasta junio.
Un análisis difundido esta semana por el Centro de Investigaciones Económicas proyecta que la inflación de 12 meses se ubicará en lo que resta del año por encima del objetivo de las autoridades (4,5%), con un máximo de 4,8% en diciembre, y que en 2027 cederá. Entre otros elementos, incorpora a esa estimación el supuesto de que, aunque en tendencia descendente el próximo año, la cotización del petróleo se mantendrá por encima de los niveles preconflicto.
China y el otro lado de la ecuación
Uruguay exporta materias primas agropecuarias, cuyos precios pueden compensar de manera parcial un encarecimiento del crudo. “Tenemos una visión favorable para la mayoría de las materias primas agrícolas, aunque en distintos grados”, afirmó Lee.
Entre los factores detrás de esa perspectiva mencionó un posible efecto por el fenómeno climático del Niño, por su potencial impacto sobre la oferta en distintas regiones; la crisis en el estrecho de Ormuz, por sus efectos sobre el diésel, la energía y los fertilizantes; y las disrupciones en el mar Negro vinculadas al conflicto entre Rusia y Ucrania. “La geopolítica y el clima asociado a un súper-Niño se combinan para generar mucha presión alcista sobre los precios agrícolas, manteniendo todo lo demás constante”, explicó.
China, principal destino de las exportaciones de mercaderías de Uruguay durante el primer semestre, ocupa un lugar ambiguo en esta ecuación. Una reducción de su demanda puede afectar las ventas a ese destino, pero sus menores compras de crudo contribuyeron a contener el costo mundial de la energía.
Lee explicó que China redujo significativamente sus adquisiciones, sobre todo desde marzo. Dejó de comprar volúmenes adicionales para aumentar sus reservas estratégicas, disminuyó la actividad de sus refinerías y registró cierta caída del consumo final. La expansión de los vehículos eléctricos también acotó la demanda de diésel y gasolina.
“China ha sido un gran estabilizador para los mercados energéticos globales”, resumió. Según el analista, los consumidores de Uruguay y otras economías probablemente están pagando precios menores de los que habrían enfrentado sin esa reducción de las compras chinas: “Si no lo hubiera hecho, los precios serían más altos que los actuales”.
La combinación más adversa para Uruguay sería que los precios de la energía permanecieran altos mientras se debilitan los de los productos agropecuarios. Lee admitió que “podría ocurrir”, aunque aclaró que el escenario previsto en la actualidad por Citi sugiere lo contrario.
Perspectivas
El escenario base de Citi prevé que el mercado se distienda después de las tensiones de corto plazo. Lee proyectó un valor del brent en torno a US$ 70 por barril durante el último trimestre de 2026 y de US$ 65 en 2027. “Después de un período de escalada, habrá una desescalada hacia el final de este año”, sostuvo.
El rango de escenarios posibles es amplio. Si las interrupciones y las dificultades para alcanzar acuerdos persisten, el brent podría permanecer alrededor de US$ 110. En el escenario bajista, Citi proyecta valores de entre US$ 60 y US$ 65.
Para Uruguay, esa diferencia puede definir la continuidad de la mejora observada hasta junio en su relación de precios en el comercio exterior. Si el petróleo converge hacia el escenario central de Citi y los productos agropecuarios mantienen valores firmes, los términos de intercambio podrían seguir jugando a favor. Si la energía permanece cerca del escenario alcista y se debilitan los precios de exportación, la mejora comenzaría a erosionarse.