—Los números son los que son. El año pasado, y sobre todo en los primeros dos o tres meses de este año, sí estuvimos un poco más lentos de lo que pensábamos. De hecho, los clientes también, dejaron algún proyecto un poco más postergado.
Me reúno bastante con clientes y veo oportunidades de negocio y oportunidades para que el país se reencauce. También está en el espíritu del gobierno reencauzar esto porque, al final, la necesidad de crecer la tenemos, no hay vuelta. Empiezan a aparecer algunas luces de posibles inversiones grandes.
No sé si al ritmo que estaba en el Presupuesto, pero el Producto Interno Bruto (PIB) va a tender a crecer un poco más.
—¿Cuánto, según el banco?
—Para este año estábamos estimando en torno al 1,6%, aunque posiblemente ajustemos a la baja.
—Dijo que está en el “espíritu” del gobierno hacer crecer más la economía. ¿Ve acciones o anuncios, como el futuro proyecto de ley de competitividad e innovación, que puedan realmente mover la aguja?
—El espíritu del equipo económico es claro en el sentido de que Uruguay retome la senda de crecimiento. A veces, más que las medidas, (la cuestión) está en la implementación, no solo en cuanto a la forma, sino en el tiempo. A veces también nos pasa mucho que se dilata, se dilata, se dilata, y eso al final tiene un costo.
—Entrevistado en Crónicas dijo que el mercado local es desafiante por su tamaño y que la escala pesa mucho en una industria bancaria en la que hay que licuar costos. ¿Cuál es el costo que más condiciona hoy al negocio: el laboral, el regulatorio, el tecnológico, el de cumplimiento o el costo país en general?
—En el caso nuestro, es una cuenta de resultados que la mayor parte se la llevan los salarios. Al final, el desafío no está en reducir los salarios, sino en ser más productivos con esos salarios. También la tecnología; los bancos hemos hecho una migración relevante y eso tiene un nivel de crecimiento año a año que supera la inflación ampliamente; estamos invirtiendo mucho en capacidades propias para tener crecimiento orgánico.
Si queremos crecer, tiene que ser por la parte de arriba (los ingresos), generando nuevos negocios; en Uruguay, la parte de abajo (los costos) tiene un techo (de reducción) muy acotado.
—Mirando a mediano y largo plazo, ¿es posible hacer crecer el negocio en un país cuya perspectiva demográfica tiende a achicarse?
—Hay varios puntos que lo hacen posible. Vemos ratios de endeudamiento sobre el PBI que siguen siendo extremadamente bajos; hay oportunidades de crédito. Hay oportunidad en el tipo de cambio, hay oportunidad en captar depósitos de la región con los activos que tiene Uruguay, como la institucionalidad y su seguridad jurídica. Hay oportunidades para hacer negocios. El tema es hasta dónde llegamos.
—¿Qué quiere decir?
—Hay una serie de condicionantes, algunas que tienen que ver con regulación y otras con las capacidades que nosotros podamos implementar. Pero creo que hay un montón de oportunidades para seguir creciendo. Por lo menos, apostamos a que eso va a pasar.
—¿Cuál es su diagnóstico sobre por qué el crédito en Uruguay es bajo, del 30% del PIB?
—Un factor es cultural. Nos pasa mucho de visitar clientes que son superreacios a endeudarse, que siguen trabajando con fondos propios. Otro factor son los costos transaccionales que tiene la industria (bancaria), que hace que se encarezcan algunos créditos en sí mismo. Obviamente que después hay un trabajo de la banca, que ha venido transformándose en los últimos años, que ha hecho que el crédito crezca a niveles relevantes. El año pasado, los créditos crecieron entre 15%, 20% y 25%, y creo que vamos camino a achicar ese gap (respecto del PIB).
Tenemos un mercado con liquidez y nadie más que nosotros quiere prestar más.
Hay cosas que se pueden mejorar. Claramente, el tema del acceso a la información es clave para esto. Muchas veces uno, por no tener esas herramientas, tiende a ser conservador.
—¿Hay responsabilidad de los bancos en esa baja profundidad del mercado crediticio?
—Algo de responsabilidad, claramente, hay.
También es una transición que se está dando desde hace 20 años. Cuando entré al banco prácticamente no había operativa de crédito. Me tocaba hacer los reportes y había meses que había una hipoteca y en otros no había ninguna. La dinámica de la banca uruguaya se transformó un montón; obviamente, esa transición pudo haber sido más rápida. Y cuando mirás, decís: ¿por qué no lo hice? Bueno, porque tal año pasó tal cosa, porque tal año pasó otra, porque el incentivo estaba acá, porque los bancos eran otros, y porque el propio sistema cambió mucho.
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El country manager de BBVA, Franco Cinquegrana.
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—La liquidez que tienen los bancos es por depósitos mayormente en dólares. ¿Es posible modificar esa estructura, que limita la posibilidad de dar préstamos?
—En los hechos está pasando, por lo menos en el caso nuestro; los depósitos en pesos están creciendo más que en dólares. Claramente es posible. El tema ahí —y voy a sacar a los clientes más sofisticados, que al final manejan su tesorería como lo marcan sus accionistas o sus casas matrices—, es que las discusiones son de otra índole, pero en el segmento más retail, el ahorro de las personas físicas o las pymes, eso también está marcado porque Uruguay mantenga la inflación en niveles acotados. Perú, que es el caso más cercano que tenemos, tiene muchos años con inflación muy controlada; nosotros hace 24, 30 meses, que estamos hablando de inflaciones en el rango meta, pero vivimos durante 15, 20, 25 años con inflaciones muy arriba de eso. En la medida que la inflación baja persista, el incentivo para el ahorrista va a ser posicionar sus ahorros en pesos. Tiene que ver con generar esa confianza en que la inflación esté en los niveles que hay que tener.
—Entonces, viendo la experiencia de Perú, ¿faltan dos décadas de inflación baja para desdolarizar los depósitos?
—No, porque al final, esto está pasando. Está pasando muy lentamente, ¿no? En nuestro caso, los depósitos en pesos, en términos de crecimiento relativo, aumentaron al doble de lo que crecieron los depósitos en dólares. ¿Mañana va a cambiar la estructura de balance? ¡Y no, pero en un período de cinco, 8, 10 años posiblemente sí! El punto ahí es hasta dónde y cuál es la expectativa que tenemos. Tendencialmente está pasando.
—¿Qué parte del negocio del bancario local queda más expuesta si bajan las tasas de interés internacionales?
—Como dijimos, tenemos mucha liquidez en dólares.
Todo el negocio de captación de no residentes está muy ligado a lo que pase con las tasas de la Fed (sigla de la Reserva Federal de Estados Unidos), porque ese es un ahorrista que claramente busca Uruguay como refugio geográfico y no como refugio de moneda. Esa parte del negocio queda afectada de cara a nuestra rentabilidad; para el cliente se mantiene lo mismo. Al final, sabemos que este es un negocio de largo plazo, que es cíclico, que en los últimos 10 años hemos tenido momentos de euforia y momentos de tasas cero, donde cada uno de esos depósitos nos costaba plata. Entonces, ese posiblemente sea el negocio más afectado, que obviamente, para nosotros, tiene un impacto grande.
—¿Qué requisitos o exigencias para un banco en Uruguay identifica como desproporcionadamente caros en términos del volumen de negocio que se maneja?
—Tener un banco central que es exigente al nivel europeo en las regulaciones obviamente tiene un costo pesado para las instituciones, pero, por otro lado, da la tranquilidad que nuestro activo principal como grupo y para el sistema, que es vender confianza, está respaldado.
Hay aspectos de mejora, sí, como siempre, pero no me parece que hoy sea un tema (de preocupación).
—BBVA, junto con Santander, fue de los bancos privados que, a último momento, se bajó de la decisión de cambiar el horario de atención al público para la mañana. ¿Cuál fue la razón?
—Básicamente, que nosotros no encontrábamos un beneficio claro para los clientes en cuanto a cambiar el horario.
De hecho, si miramos a los bancos por cantidad de sucursales, el BROU no cambió, Santander no cambió, Scotia no cambió y nosotros no cambiamos. El sistema no cambió demasiado.
—En Crónicas habló de ejecutivos potenciados por la inteligencia artificial como “súper banqueros” y sucursales con otros roles a los que tienen hoy en día. ¿Cómo imagina los bancos en el futuro?
—Vamos a competir por una mejor atención. Por lo cual no veo tan claro que tengamos tantos lugares donde bajar gente, por la escala de nuestra industria en Uruguay. Sí creo que vamos a reconvertir gente y que esa gente va a tener que estar con este tipo de herramientas muy focalizadas en mejorar la productividad que, al final, se traduce en la experiencia del cliente.
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El country manager de BBVA, Franco Cinquegrana.
Mauricio Zina-adhocFOTOS
—Con la última reforma de la Caja Bancaria, los aportes de los bancos aumentaron. ¿Cómo ve la gestión de esa institución, que tuvo un déficit superior a US$ 90 millones en 2025?
—Tiene aspectos a mejorar, claramente. (La reforma) Fue la solución que se encontró en su momento para que tuviera aire para los próximos años. Posiblemente en unos años tengamos que replantearnos otra vez no solo la Caja Bancaria, sino la seguridad social del país. No es solo la Caja Bancaria el problema, es el sistema de seguridad social que hoy tenemos con distintas cajas, y con algunos temas que están arriba de la mesa, como la tendencia poblacional de Uruguay.
—Ahora el gobierno está analizando posibles reformas tras las propuestas surgidas del Diálogo Social. ¿Qué opina de los lineamientos conocidos hasta ahora?
—Posiblemente, la seguridad social sí necesite mejoras, como decíamos antes. Es un tema bastante técnico, y hay mucho de político también atrás. No sé si es la forma y el momento de tener este debate. No sé si es un problema que deberíamos abordar en este momento, cuando tenemos otros temas un poco más urgentes, como es el crecimiento (económico). Obviamente, genera mucho ruido, tanto mediático como en la opinión pública de los distintos jugadores.
—¿El ruido llegó al sistema bancario, a los clientes locales o no residentes? Algunos actores advirtieron sobre un riesgo de “estatización” de las AFAP…
—Nosotros obviamente tendemos a vivir lo nuestro con mucha más intensidad que como la vive la gente afuera.
Hace un par de semanas vino el equipo de Research de Argentina y surgieron estos temas. Hacemos reuniones con clientes y los clientes uruguayos ponen estos temas sobre la mesa, mientras que, usualmente, la gente de afuera dice: “(Uruguay) es el mejor mundo, no se preocupen, no va a pasar nada, en los últimos 20 años las cosas se han resuelto independientemente del partido político”. Entonces, se genera un poco de ruido. No sé cuánto de ese ruido realmente tiene una acción. Pero no es algo que le den la importancia que le damos nosotros, eso es un hecho.
A Uruguay le falta venderse; es parte de nuestra idiosincrasia tirarnos siempre un poquito abajo y nos juega un poco en contra esa vergüencita. “Sí, podríamos mejorar en esto otro, pero…” ¡Estamos siempre con el pero, pero! Cuando nos miran de afuera dicen: “Ah, qué placer venir a Uruguay, acá hay un tipo de cambio que se mueve 2%, no sé qué”.
—Quienes ven a Uruguay como el mejor mundo son los argentinos. ¿No es poner la vara muy baja, dada la inestabilidad que tienen ellos?
—Los argentinos lo dicen. No hablemos de los países, pero, si querés, los recorremos. Tenemos bancos en Colombia, en Argentina, en Venezuela, en Perú, en Turquía, en España y en Uruguay, y después tenemos filiales en México, en todos lados del mundo. Repasen lo que está pasando en cada uno de los países, vas a ver que no es garantía. ¿Y qué es lo que tiene Uruguay?, tiene institucionalidad. Cuando en el grupo hablo sobre Uruguay, muy pocas veces tengo que decir: “Che, mirá que nos tomaron la calle, mirá que hay un golpe de Estado, mirá que si cambia el presidente cambia la vida”. Cuando fueron las elecciones pasadas, y las anteriores igual, la tranquilidad del grupo era absoluta. Nuestro plan cambió cero. Cero. No tenemos esos bandazos que puede tener algún otro país en América Latina.
—¿Tampoco cambia esa visión sobre Uruguay el hecho de que el gobierno, con poco tiempo en funciones, está teniendo una evaluación de la gestión con saldo negativo?
—Miren el “riesgo país” de Uruguay. Nosotros, porque vivimos acá, tendemos a amplificar, y sobre todo lo negativo. Pero, después, la vida real es que el tipo de cambio sigue igual, el riesgo país sigue bajo, no se mueven los depósitos.
—Dijo que un tema central como país es cómo acelerar el crecimiento. ¿Qué otros considera prioritarios?
—Hay dos o tres temas que, al final, terminan repercutiendo en el crecimiento de la economía. Por un lado, la seguridad; sin ser un experto, leo el plan (del gobierno) y tiene sentido, pero el punto es cómo y cuándo se implementa.
Por otro lado, la educación; ahí nos jugamos el partido a largo plazo. Si nosotros tenemos al país preparado para asumir la inteligencia artificial, tenemos un potencial de crecimiento infinito. Si nosotros no lo tenemos, ahí sí la IA va a irrumpir de forma negativa, porque si lo único que sabemos hacer son tareas muy básicas, bueno, eso se lo come la IA.
Veo una preocupación genuina, pero el punto es cómo ejecutamos (las acciones de mejora). Hay ideas, pero a veces pasa que nuestra propia institucionalidad, nuestras propias voluntades de ser tan seguros, termina frenando la velocidad de las cosas.