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    Uruguay tiene productividad “débil” y con alta heterogeneidad, señala consultora

    PwC identificó rezagos y planteó nueve líneas de transformación como insumo para la discusión de la Estrategia Nacional de Desarrollo al 2050, convocada por el gobierno

    Durante las últimas décadas, la productividad total de los factores en Uruguay tuvo un “comportamiento débil y volátil”, lo cual reflejó dificultades para transformar conocimiento, innovación y capacidades empresariales en aumentos sostenidos de productividad. En este aspecto se constata una “profunda heterogeneidad dentro del tejido productivo”: las empresas grandes son significativamente más productivas que las pequeñas y medianas, una brecha que no solo persiste, sino que tiende a ampliarse con el tiempo. A su vez, las actividades más expuestas a la competencia internacional muestran mayores niveles de innovación, adopción tecnológica y productividad, en contraste con amplios segmentos orientados al mercado interno, que presentan sostenidos rezagos.

    Esta “restricción adquiere una urgencia particular en el contexto de la transición demográfica. Con una población en edad de trabajar que se contrae, sostener el Producto (Interno Bruto) por habitante, los salarios reales y el financiamiento de la protección social dependerá de cuánto crezca la productividad de cada persona ocupada. La agenda de productividad se convierte, así, en una agenda del trabajo y de la sostenibilidad del modelo de desarrollo”.

    Ese diagnóstico forma parte de un informe elaborado por la consultora PwC como insumo técnico para el proceso de diálogo de la Estrategia Nacional de Desarrollo al 2050, una instancia lanzada por el gobierno en abril, liderada por la Oficina de Planeamiento y Presupuesto y la Agencia Nacional de Desarrollo. Fechado en julio, este documento centra el análisis en la productividad; uno similar, de junio, había puesto el foco en la competitividad.

    El estudio incluye un diagnóstico cuantitativo de las brechas de productividad; un examen de los factores que condicionan su adopción y difusión, entre ellos, las capacidades humanas y de gestión, la digitalización, la innovación, el financiamiento y el entorno institucional; y recoge evidencia cualitativa surgida de entrevistas y consultas a actores de los sectores público, empresarial, sindical y académico.

    PwC también propone un “portafolio de líneas de transformación orientado a fortalecer las capacidades de adopción, difusión y escalamiento de productividad” en el país, desde la perspectiva de que el “desafío (…) no radica exclusivamente en generar nuevas tecnologías ni en identificar sectores con potencial, sino en lograr que las capacidades ya existentes se difundan y adopten de manera más amplia dentro del tejido productivo”. Para la consultora, la implementación de ese tipo de acciones “debería sustentarse en una visión de largo plazo, capaz de trascender los ciclos económicos y políticos y de sostener una dirección estratégica consistente en el tiempo”.

    El diagnóstico

    El informe subraya que, en el caso uruguayo, “una agenda de productividad resulta clave para sostener salarios reales e inversión sin depender de ventajas transitorias ni de impulsos coyunturales. Competitividad y productividad son conceptos distintos, pero convergentes: la competitividad no se sostiene únicamente en precios relativos o desempeños transitorios, sino en la capacidad de elevar la productividad de manera persistente. En ese sentido, la productividad es uno de los fundamentos de una competitividad genuina y sostenible”.

    Señala que el “principal rasgo del problema de productividad en Uruguay no es un rezago homogéneo”, sino su carácter heterogéneo, que genera “desequilibrios estructurales”.

    PwC observa que, desde una perspectiva macro, la restricción de productividad “no es un fenómeno reciente ni coyuntural: es un rasgo estructural del patrón de crecimiento del país”.

    Cita distintos análisis según los cuales el crecimiento económico “se ha apoyado sistemáticamente más en la acumulación de factores —‘transpiración’— que en mejoras de eficiencia —‘inspiración’—”, con una productividad total de factores (PTF) que “fluctúa según el ciclo antes que consolidarse como motor de crecimiento”. En ese sentido, acota que el capital humano es el único componente que aporta de forma consistentemente positiva, aunque también influenciado por la acumulación de factores de capital o el trasiego de mano de obra entre distintos sectores a lo largo de los períodos analizados.

    Al comparar la productividad laboral tomando a Estados Unidos como referencia, en Uruguay es equivalente al 44%, superando a Chile (37%), Argentina (35%), Brasil (23%) y Costa Rica (34%), pero por detrás de Nueva Zelanda (61%) e Irlanda (76%).

    El estudio puntualiza que esa posición, sin embargo, no debe leerse como evidencia de una mayor eficiencia, ya que un país puede sostener un nivel de productividad relativamente alto simplemente por haber acumulado más capital a lo largo del tiempo, sin que ello implique una mejora genuina en la forma en que lo utiliza o lo combina con otros factores de producción. “Este es precisamente el caso de Uruguay”, cuyo PTF decreció a un ritmo de 4,5% anual entre 2000 y 2007, el más pronunciado de todo el grupo de comparación en ese período, reflejo de la crisis de 2002. “El nivel alcanzado responde, así, a la acumulación de factores más que a una ventaja de eficiencia sostenida”, remarca.

    Adopción tecnológica

    Según PwC, la “persistencia de las brechas de productividad responde menos a la inexistencia de tecnología o instrumentos que a obstáculos de adopción, absorción y organización. Uruguay cuenta con activos institucionales relevantes, pero enfrenta dificultades para traducirlos en mejoras extendidas de productividad a nivel de empresa”, en particular entre las pymes y los segmentos más rezagados.

    Una primera restricción es la baja intensidad innovadora, especialmente del sector privado. Uruguay invierte por encima del promedio regional, pero muy por debajo de la frontera internacional: el esfuerzo en innovación y desarrollo rondó 0,6% del Producto Interno Bruto en 2022.

    Una segunda restricción es la baja difusión de tecnologías ya disponibles, en particular hacia el segmento rezagado.

    En conjunto, agrega el estudio, la evidencia muestra una asimetría relevante: Uruguay dispone de una “fortaleza digital, visible en el Estado y en la infraestructura institucional” que, sin embargo, “no se traduce automáticamente en digitalización a nivel de firma. El problema central vuelve a ser de absorción, adopción y escala”.

    Respecto de la inteligencia artificial en particular, señala que esta tecnología constituye para Uruguay una “oportunidad concreta de crecimiento y, al mismo tiempo, un factor de riesgo capaz de amplificar las brechas estructurales existentes” si la política pública no acompaña y ayuda a equilibrar su difusión.

    Capacidades humanas

    Las brechas de productividad también dependen de las capacidades humanas, organizacionales y relacionales, que condicionan la posibilidad de adoptar, sostener y escalar mejoras productivas.

    En ese sentido, el análisis advierte que “los resultados educativos constituyen una señal de alerta”. El problema está en “tres dimensiones que se refuerzan: competencias básicas insuficientes en el sistema educativo, acceso terciario fuertemente segmentado por territorio e ingreso, y desalineación con la demanda empresarial”.

    Desde la perspectiva empresarial, relevada a partir de las entrevistas y encuestas, la falta de personal calificado aparece como una de las restricciones más recurrentes para mejorar la productividad y sostener procesos de innovación.

    Capacidades empresariales

    En las empresas, las capacidades de gestión y absorción “aparecen como un factor decisivo” y, de hecho, la “amplitud y persistencia de las brechas de productividad son demasiado grandes para explicarse sólo por capital físico o composición sectorial”, señala.

    Apunta que la principal brecha empresarial no sería “más tecnología”, sino la capacidad gerencial para seleccionar, adoptar, absorber y reorganizar procesos en torno a ella.

    A partir de entrevistas y encuestas, la consultora indica que diversos actores del sector público, la academia, el ecosistema de innovación y los sectores productivos coinciden en que una parte relevante de las brechas de productividad observadas entre empresas responde a diferencias en capacidades de gestión, liderazgo, organización del trabajo y planificación, más que a restricciones exclusivamente tecnológicas o financieras.

    Portafolio de iniciativas

    Como cierre, y para “revertir la divergencia de productividad en el tejido empresarial uruguayo en un contexto de contracción demográfica”, el documento propone un “conjunto articulado de líneas de transformación en productividad”, que se complementa con el portafolio desarrollado en el informe sobre competitividad en el marco de la Estrategia Nacional de Desarrollo.

    El portafolio no se organiza por sector de actividad ni por instrumento público, sino por tipo de empresa —seis— según su posición en la distribución de productividad, su tamaño y su dinámica temporal, e incluye nueve líneas de acción orientadas a “cerrar la brecha respecto de la frontera y levantar el piso”. Una plantea establecer una “red nacional de acompañamiento intensivo a empresas medianas estancadas y pymes con potencial de mejora, orientada a cerrar brechas de gestión, organización del trabajo y adopción de prácticas productivas”; otra busca “facilitar la reasignación dinámica del empleo hacia firmas y sectores de mayor productividad, sin sacrificar la protección social ni la baja informalidad”. La reducción de los costos de “transacción regulatoria que penalizan desproporcionadamente a las medianas que intentan escalar y a las pymes recién formalizadas”, es otro ejemplo.