• Cotizaciones
    jueves 08 de octubre de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    China, E.EUU. y el nuevo Gran Juego

    ¿Qué potencia prevalecerá? Al igual que en la contienda del siglo XIX entre el Reino Unido y Rusia, la respuesta podría depender de fuerzas que escapan al control de ambas partes

    Columnista de negocios internacionales

    Uno sabe que la relación entre E.EUU. y China ha llegado a un punto bajo cuando lo mejor que se puede lograr durante una importante cumbre bilateral es el préstamo de dos pandas gigantes. Ése fue el regalo que Xi Jinping le dio a Donald Trump la semana pasada. Los dos líderes se tomaron las fotos de rigor con el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca de fondo y emitieron declaraciones sobre la cooperación a largo plazo tras una reunión que Trump calificó de "muy productiva". Pero la verdad era evidente.

    Pase lo que pase a continuación, ninguna cantidad de concesiones comerciales sobre la soya o las tierras raras cambiará el hecho de que los dos países se encuentran en un conflicto estratégico que definirá la economía política global en los años venideros. El hecho de que haya habido tan pocas noticias de la cumbre no significa que no haya mucho que decir. Significa que no se vislumbra una solución a lo que será un enfrentamiento generacional.

    No es un problema nuevo. La idea de la "trampa de Tucídides" — la noción de que una potencia emergente desafía inevitablemente a la dominante, con una guerra posterior que a menudo conduce a un cambio en el orden mundial — se remonta a los antiguos griegos. Xi Jinping hizo referencia a ella en la cumbre de septiembre, afirmando con optimismo que "la trampa se puede superar".

    Quizás, pero, aunque la "trampa de Tucídides" es una buena metáfora, quizás no sea la mejor analogía histórica práctica para lo que está sucediendo entre E.EUU. y China. La Guerra del Peloponeso entre Atenas y Esparta duró 27 años. La competencia geoestratégica entre E.EUU. y China ha estado — y seguirá estando — presente durante muchas décadas.

    En ese sentido, tiene mucho en común con el Gran Juego entre Gran Bretaña y Rusia en el siglo XIX, una lucha de un siglo de duración que arrastró tanto a aliados como a adversarios a múltiples conflictos regionales que implicaban tanto competencia como colaboración. Entonces, al igual que ahora, el mercantilismo era la fuerza motriz. La riqueza y la influencia de Gran Bretaña en el siglo XIX se habían construido a costa del dominio colonial, particularmente en India. Encontrar un paso hacia India, con sus enormes riquezas minerales y comerciales, había sido el sueño de los líderes rusos durante cien años. Así se sucedieron décadas de maniobras y contramaniobras por parte de ambos imperios para controlar el Cáucaso, Afganistán, Persia, el Tíbet y, en última instancia, India.

    El mismo paradigma existe hoy en día en la relación entre E.EUU. y China. Ambos países buscan asegurar y aumentar su riqueza y poder en un mundo que ha dejado atrás la era del Consenso de Washington, caracterizada por el libre comercio, las fronteras abiertas y la disminución de los conflictos. Al igual que el Gran Juego del siglo XIX, el conflicto actual entre E.EUU. y China es tanto económico como político, geográfico y virtual; una batalla por las esferas de influencia territoriales, pero también por el dominio de los sistemas más amplios. Entonces, al igual que ahora, las potencias medianas y las naciones vasallas se ven arrastradas al conflicto más amplio, cambiando de posición y de bando según les conviene.

    El Gran Juego, un término popularizado por Rudyard Kipling, enfrentó a una potencia mundial establecida, Gran Bretaña, contra los zares rusos ansiosos por extender su creciente imperio hacia nuevos territorios. Para Gran Bretaña, la batalla era en cierto modo defensiva; se trataba de asegurar que Rusia no obtuviera una ruta hacia India ni convirtiera a Afganistán en una dependencia rusa. Para Rusia, se trataba de expansión imperial y autodeterminación. Así como los zares rusos querían dominar (en lugar de ser dominados por) a sus vecinos asiáticos y europeos, así también los chinos buscan dar forma al orden mundial posneoliberal, en lugar de ser moldeados por él.

    Hoy en día, E.EUU. es, por supuesto, la potencia hegemónica establecida, y China, el retador que intenta adentrarse en nuevos territorios. Consideremos cómo Beijing está ejerciendo un mayor control, tanto dentro como fuera de sus propias aguas territoriales de los mares de China Meridional y Oriental, lo que está causando alarma entre los miembros de la Asociación de Naciones de Asia Sudoriental (ASEAN, por sus siglas en inglés). Ya en 2013, China inició una serie de operaciones de dragado para construir siete islas en el mar de China del Sur, todas ellas destinadas a la logística militar.

    Al crear más costa en las aguas territoriales de otros países, China podría reclamar la soberanía sobre uno de los canales comerciales más importantes del mundo. Se trata de una clásica apropiación territorial al estilo del Gran Juego, que refleja la forma en que Rusia acabó absorbiendo las estepas kazajas y diversos territorios turcomanos, y utilizó la construcción de infraestructura (como el ferrocarril transcaspiano) para acercarse cada vez más a las fronteras afganas y persas.

    China también está extendiendo sus sistemas comerciales y de pago a regiones como África y América Latina. De hecho, la destitución por parte de Trump del presidente venezolano Nicolás Maduro en enero fue, en parte, una reacción a la creciente influencia de Beijing no sólo allí, sino también en lugares como Brasil, Argentina, Chile y Perú.

    China es el principal socio comercial de Sudamérica, superando tanto a E.EUU. como a la Unión Europea (UE), además de ser un importante inversionista en proyectos de infraestructura a través de la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda. Tomemos como ejemplo el megapuerto peruano de Chancay, concebido como el futuro "Shanghái de Sudamérica". China posee el 60 por ciento de la instalación y cuenta con derechos operativos exclusivos sobre lo que eventualmente será el más grande de su tipo en América Latina.

    En el ámbito de la infraestructura y el poder marítimo, se podría argumentar que China ocupa cada vez más el papel que alguna vez desempeñó Gran Bretaña. Es posible que E.EUU. siga teniendo la marina más poderosa del mundo, pero China domina el complejo industrial de construcción marítima y naval, lo cual podría decirse que es más importante, ya que el 90 por ciento del equipo y los suministros de los buques de combate militares son transportados por buques comerciales. La Marina de EEUU no sólo carece de la capacidad para vigilar todo el mundo, sino que la industria marítima estadounidense no cuenta con la capacidad logística necesaria para sortear un bloqueo de, por ejemplo, Taiwán, cuya soberanía futura se ha convertido en una cuestión clave en el nuevo Gran Juego.

    China controla el transporte marítimo comercial, lo que le da una gran ventaja en su competencia estratégica con EEUU Como lo expresa Carlos del Toro, exsecretario de la Marina del presidente Joe Biden, quien presionó con firmeza para que EEUU volviera a construir buques comerciales: "Ninguna gran potencia naval ha perdurado a largo plazo sin ser también una potencia marítima ... una potencia en el transporte marítimo comercial y la construcción naval".

    El transporte marítimo es tan importante como siempre lo ha sido para las cadenas de suministro globales; lo mismo ocurre con los puertos. Hoy en día, casi la mitad de los principales puertos de contenedores fuera de China tienen alguna participación y operaciones chinas. En el hemisferio occidental, esto incluye tres ubicaciones en México, una participación en el Canal de Panamá y puertos en el Caribe, Argentina y Perú.

    En el siglo XIX, el poder naval británico fue el hilo conductor que conectaba la producción industrial, el comercio, las comunicaciones imperiales, los recursos naturales coloniales y las finanzas de Londres (la libra esterlina era entonces, al igual que el dólar hoy, una moneda global, aunque de una manera mucho menos extendida). Hoy en día, el dominio marítimo de China funciona de manera muy similar, lo que le permite a Beijing dominar las cadenas de suministro globales, aumentar la capacidad de fabricación en el extranjero y reclamar nuevos recursos naturales.

    Esto se hace evidente incluso en lugares tan remotos como el Ártico, que se ha convertido en un nuevo escenario de competencia entre las grandes potencias gracias a sus recursos de gas y minerales, así como a las nuevas rutas comerciales y de tránsito. E.EUU. está construyendo rompehielos junto con Finlandia para ampliar su limitado alcance en el Alto Norte, al tiempo que China ha inaugurado una ruta marítima transpolar semanal que atraviesa aguas territoriales rusas.

    Los esfuerzos de China por forjar una "Ruta de la Seda Polar" reflejan una profunda reflexión sobre los puntos estratégicos globales, que serán el epicentro de este nuevo Gran Juego, tal como lo fueron en el anterior. Así como el control de puntos estratégicos como el Paso de Khyber o el mar Caspio fue crucial para la estrategia británica y rusa, la Ruta del Mar del Norte se ha convertido en una protección para China frente al bloqueo de los canales de Suez y Panamá, y los puertos y tierras agrícolas a nivel mundial (que China ha estado comprando en todo el mundo durante años) en una protección frente a las guerras comerciales.

    Es más, los puntos estratégicos de hoy en día no son sólo geográficos, sino también virtuales. En el siglo XIX, los británicos controlaban las comunicaciones mediante el telégrafo. Hoy en día, tanto E.EUU. como China se enfrentan por el control de la inteligencia artificial (IA) y los sistemas financieros. Aunque E.EUU. aún mantiene la ventaja en cuanto a estos últimos, China está ganando terreno en lo primero, ofreciéndose a capacitar a los países en desarrollo en sus propios modelos de IA de código abierto a través de "centros de cooperación en aplicaciones". Una nueva Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial, integrada por 29 miembros, promoverá las soluciones chinas de IA en todo el mundo, de manera similar a como lo hicieron las organizaciones con sede en E.EUU. con los estándares estadounidenses en la década de 1990.

    En el siglo XIX, al igual que ahora, las grandes potencias libraron su guerra por la supremacía a través de los Estados tapón. India y Asia Central fueron el centro de atención del siglo XIX. Hoy, sin embargo, casi todos los países del mundo tienen algo en juego en lo que respecta a la competencia entre las grandes potencias: E.EUU. y China. En el este, países como Japón, Corea del Sur y Australia buscan formar nuevas alianzas comerciales y de seguridad — a veces con E.EUU., a veces sin él — para contrarrestar la influencia china. En el hemisferio norte, Canadá, Finlandia y otros países se están aliando para protegerse tanto de la presión china como de la estadounidense. En Europa, China advierte de represalias contra los esfuerzos de la UE para contrarrestar el "dumping" chino, incluso mientras Beijing corteja a estados miembros individuales como España y Alemania, así como a otros como el Reino Unido.

    Algunos países en zonas de conflicto están intentando enfrentar a las superpotencias entre sí mientras buscan el mejor acuerdo. Un buen ejemplo: Groenlandia está aprovechando su posición como pieza clave de seguridad en el Alto Norte para atraer inversiones de Europa (lo cual busca contrarrestar la obsesión de Trump con ese territorio). Canadá está aumentando sus intercambios comerciales con China a raíz de la extraña guerra comercial de Trump con su vecino del norte. El electorado de Islandia rechazó recientemente la idea de iniciar negociaciones para unirse a la UE. Pero está fortaleciendo los lazos de seguridad europeos, al haber firmado la primavera pasada una nueva alianza de defensa que abarca los asuntos del Ártico.

    Entonces, al igual que ahora, los países podían ser "amienemigos" en medio de la lucha por el poder. En el siglo XIX, Rusia y Francia lucharon juntas y entre sí en diferentes momentos. Los afganos y los persas cambiaban con frecuencia de bando. Hoy en día, China y Rusia son socios en el Ártico. China, Rusia, Irán y Corea del Norte también representan una especie de eje antiestadounidense. Pero las alianzas son frágiles, al igual que las relaciones de E.EUU. con aliados como Canadá, la UE, Japón y Corea del Sur.

    El nuevo Gran Juego bien podría durar tanto como el anterior. Se podría trazar una línea directa entre las batallas británicas y rusas por Afganistán — el "cementerio de los imperios", como lo denominó Milton Bearden, exjefe de la estación de la CIA en Pakistán, en un artículo de 2001 para Foreign Affairs — y el conflicto entre E.EUU. y Rusia, que hoy en día podría considerarse un Estado vasallo de China (aunque uno muy grande). Como escribió el periodista británico Peter Hopkirk en 1990: "Algunos sostendrían que el Gran Juego nunca cesó realmente, y que fue simplemente el precursor de la Guerra Fría de nuestros tiempos, alimentada por los mismos temores, sospechas y malentendidos".

    Por supuesto, hay muchas diferencias entre entonces y ahora. El cambio climático es un enorme impulsor del nuevo Gran Juego. Esto se hace más evidente, en sentido literal, en el Ártico, donde el derretimiento del hielo ha abierto nuevas rutas comerciales que ambas partes están aprovechando. Pero también forma parte de la estrategia central de China de dominar el futuro de la energía limpia.

    El hecho de que la UE exista hoy como un tercer polo entre EE.UU. y China genera cierta resistencia frente a las tendencias más depredadoras de ambas naciones. Aunque pensemos que estamos viviendo un colapso de las instituciones, el siglo XIX fue un verdadero "Oeste Salvaje" en ese sentido. Los marcos legales y el multilateralismo siguen siendo mucho más sólidos ahora de lo que lo eran hace dos siglos.

    Esto significa que los Estados tapón tienen poder real; basta con ver cómo "potencias medias" como Canadá pueden mediar en nuevas alianzas comerciales y de seguridad. La oferta de Europa de abrirle las puertas a Canadá para que se convierta en miembro asociado de la UE es el mejor ejemplo de una dinámica contraria al Gran Juego que se observa hoy en día. En el siglo XIX, Afganistán, Persia, el Tíbet y los kanatos de Asia Central solían estar demasiado divididos para hacer frente a Rusia o Gran Bretaña.

    Entonces, ¿qué lecciones debemos aprender de la historia al pensar en el resultado del nuevo Gran Juego?

    Anticiparse al rival en la batalla es clave. Rusia y Gran Bretaña preferían adelantarse mutuamente para hacerse con un territorio determinado, controlar un punto estratégico o ser los primeros en explotar recursos y alianzas, en lugar de entablar un combate directo. Esta "estrategia de anticipación" evita una guerra abierta, pero también da lugar a todo tipo de intrigas, escaramuzas y conflictos encubiertos. La guerra en Ucrania, la militarización del estrecho de Ormuz y las tensiones latentes en torno a Taiwán son parte integrante del nuevo Gran Juego.

    Qué país saldrá victorioso — y, de hecho, si en realidad puede haber un ganador definitivo — depende de cómo se definan los términos del enfrentamiento. En el siglo XIX, Rusia acumuló más territorio e influencia en Asia Central, pero Gran Bretaña conservó el control sistémico sobre las finanzas globales, las rutas marítimas, la tecnología de las comunicaciones y los recursos naturales de India. Como lo expresó Scott Bessent, secretario del Tesoro de EE.UU., en un discurso pronunciado este verano en el Club Económico de Nueva York: "La próxima era de competencia económica no se limitará al movimiento de mercancías a través de los océanos y los puertos. Estará determinada por las plataformas, los sistemas y los protocolos a través de los cuales fluye el comercio en el siglo XXI".

    En ese contexto, se podría argumentar con firmeza que E.EUU. sigue en una buena posición. Conserva las ventajas del dólar como moneda de reserva mundial (aunque esa posición se debilita un poco con cada nueva subasta del Tesoro), así como las compañías tecnológicas más ricas y poderosas del mundo. Las vías navegables mundiales, aunque cada vez más llenas de barcos chinos, siguen siendo libres. El comercio global sigue fluyendo, tal vez en buques chinos, pero principalmente cotizado en dólares estadounidenses. Las disputas territoriales sobre Taiwán y Groenlandia se han mantenido a raya por el momento.

    Visto de otra manera, China también podría parecer estar en el primer lugar. No sólo controla la infraestructura física de la economía (en forma de capacidad industrial, cadenas de suministro, logística de transporte y materias primas clave como las tierras raras), sino que también controla algunas de las tecnologías de mayor valor, como las tecnologías limpias y los vehículos eléctricos. Los sistemas de pago electrónico basados en el renminbi están generando la mayor parte de la innovación financiera. La influencia política y económica china se está extendiendo hasta el propio patio trasero de EE.UU.

    Pero algo que hay que recordar tanto del viejo como del nuevo Gran Juego es que las naciones externas pueden inclinar la balanza. Los afganos y los persas frustraron repetidamente los planes tanto de Gran Bretaña como de Rusia. Y fue, en última instancia, el ascenso de Alemania lo que puso fin al Gran Juego, al desplazar todo el tablero geoestratégico hacia el oeste. Hoy en día, India, Japón, Canadá, Turquía, los Estados del Golfo, las naciones nórdicas, la ASEAN y la UE no se quedan precisamente de brazos cruzados. Sus decisiones, y no sólo las aspiraciones de EE.UU. y China, podrían decidir nuestra lucha por el poder en el siglo XXI.

    Copyright The Financial Times Limited 2026

    © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.