La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha tenido que mostrar deferencia hacia Washington de una manera que la mayoría de los líderes considerarían humillante desde que asumió el cargo en enero, después de que las fuerzas estadounidenses capturaron al líder de su país.
Washington controla los ingresos petroleros del país, lo que significa que ella ha tenido que pedir permiso a los funcionarios de la Oficina de Asuntos Económicos y Empresariales del Departamento de Estado de Estados Unidos (EE.UU.) para gastar esos fondos. Además, ha asignado una quinta parte de las reservas petroleras de Venezuela a una compañía privada de la que el Pentágono es copropietario.
Esta semana, Rodríguez recibirá su recompensa, según los analistas. El martes 22 se reunió con el presidente estadounidense, Donald Trump, en Nueva York, en lo que será el primer encuentro cara a cara entre los líderes de ambos países desde 2015. El miércoles se espera que pronuncie el primer discurso presencial de un líder venezolano ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) desde 2018.
A pesar de todos los ecos coloniales que tienen las exigencias de Washington, el viaje podría ayudar a Rodríguez a consolidar su poder en el país. Cuanto más sólida sea la relación personal que pueda forjar con Trump y cuanto más dependa de ella su administración, mayor será su capacidad para retrasar las elecciones que podrían sacarla del poder.
La disposición de Trump a concederle una reunión subraya “el trato que está en el centro de la relación”, dijo Orlando Pérez, politólogo de la Universidad del Norte de Texas en Dallas. “Trump es un líder pragmático y transaccional, y ella está cumpliendo en materia de petróleo y en muchas otras cosas que él le ha estado pidiendo”.
El simbolismo resulta aún más llamativo cuando se compara con los otros dos personajes centrales de la política del país. Mientras ella habla en la sede de la ONU en Manhattan, el expresidente derrocado de Venezuela, Nicolás Maduro, estará a 11 kilómetros de distancia, encerrado en una prisión de Brooklyn acusado de tráfico de drogas, cargo que él niega.
Y mientras Rodríguez viaja libremente entre Venezuela y EE.UU., la líder opositora y ganadora del Premio Nobel María Corina Machado se encuentra varada en el exilio en Panamá, sin poder regresar a casa y viendo cómo se desvanece su capital político.
Delcy Rodríguez habla con Donald Trump en Nueva York, martes 22 de setiembre de 2026.
EFE/ Prensa Presidencial de Venezuela
Para parte de la oposición venezolana, el acuerdo con Washington está empezando a parecerse más a una rendición incondicional que a la liberación que esperaban cuando EE.UU. exfiltró a Maduro el 3 de enero.
Las exigencias de Washington se han enfocado en los ingresos petroleros de Venezuela, que ha estado recaudando desde enero.
El gobierno ha creado una lista de gastos aprobados y prohibidos, según personas familiarizadas con el proceso. Caracas puede usar el dinero para pagar a los maestros, comprar suministros médicos o bienes necesarios para la industria petrolera. También se han aprobado importantes intervenciones en el mercado de divisas en los últimos meses.
Pero Washington no le ha permitido a Venezuela utilizar los fondos para pagos a compañías chinas o rusas que operan en el país, dijeron las fuentes. Además, la administración Trump no ha revelado cuánto dinero de Venezuela ha recaudado ni cuánto se ha devuelto.
El Departamento de Estado dijo al Financial Times (FT) que los fondos “constituyen propiedad del gobierno interino de Venezuela” y se desembolsan "de acuerdo con las solicitudes del gobierno interino de Venezuela y en consonancia con los parámetros de gasto aprobados".
Las autoridades estadounidenses también enfatizan que una de las funciones del sistema de pagos es prevenir la corrupción. Pero también admiten abiertamente que se trata de una herramienta de control político. “Tenemos mucha influencia sobre Venezuela”, dijo Chris Wright, secretario de Energía, a principios de este mes. “Controlamos la venta de petróleo al extranjero”.
Esa influencia ayudó a asegurar el acuerdo energético del mes pasado. EE.UU. adquirirá una participación del 35% en North American Blue Energy Partners (NABEP), una compañía propiedad de Alejandro Betancourt, un empresario venezolano que ha enfrentado una serie de acusaciones sobre vínculos corruptos con el gobierno, lo cual él siempre ha negado.
Personas sostienen carteles en contra de la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, el martes 22 de setiembre de 2026 frente a la sede la ONU durante la 81ª Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York (Estados Unidos).
EFE/ Ángel Colmenares
Además de la participación accionaria, EE.UU. recibirá el 20% del petróleo producido por la compañía a precio de costo. La administración Trump espera que el acuerdo acelere la inversión en la industria petrolera.
El secretario del Interior de EEUU, Doug Burgum, dijo que el acuerdo formaba parte del impulso de Washington para lograr el dominio energético en el hemisferio. Esto reflejaba “la brillante estrategia de convertir a Venezuela de un adversario sancionado en un aliado estratégico”, dijo a Fox News la semana pasada.
A cambio, Rodríguez ha recibido apoyo público constante de parte de Trump. “Está haciendo un trabajo muy, muy bueno” y es “muy respetada”, dijo a principios de este mes. Cuando se le preguntó sobre las elecciones en Venezuela, añadió: “Delcy las quiere, pero aún no están listas las condiciones”.
No era inevitable que Rodríguez, quien había sido vicepresidenta de Maduro desde 2018, se mantuviera en el cargo tanto tiempo. Desapareció de la escena pública inicialmente el 3 de enero, antes de reaparecer más tarde ese mismo día tras tensas llamadas telefónicas con Washington. Aún no se han explicado por completo las circunstancias que llevaron a la administración Trump a elegirla para sustituirlo.
Rodríguez ha marginado a algunos rivales y ha forjado alianzas con otros, logrando mantener el apoyo de las fuerzas armadas tras destituir a sus principales líderes. También ha logrado eludir las preguntas sobre su situación legal; según la Constitución, un presidente interino sólo puede permanecer en el cargo durante 180 días, plazo que expiró en julio.
Más allá de la supervivencia a corto plazo, muchos analistas creen que el objetivo de Rodríguez ha sido retrasar las elecciones tanto como sea posible. En una encuesta reciente, su índice de aprobación era de menos 36%. Pero si logra impulsar una recuperación económica, podría intentar presentarse como una sucesora eficaz y tecnocrática del expresidente Hugo Chávez, al tiempo que presume de buenas relaciones con Washington.
El gobierno y la oposición están negociando cuándo celebrar las elecciones, en un proceso respaldado por el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, quien desde hace mucho tiempo ha criticado la deriva de Venezuela hacia el autoritarismo. La oposición espera haber llegado a un acuerdo para diciembre sobre una hoja de ruta para las elecciones.
Sin embargo, muchos en la oposición temen que Rodríguez se esté volviendo indispensable para Trump al ofrecer un acceso muy ventajoso a los recursos del país que ningún otro líder aprobaría.
“Es incomprensible que se pueda hablar de reactivar la industria petrolera en Venezuela con las mismas personas que la destruyeron”, dijo Henrique Capriles, una de las principales figuras de la oposición que aún se encuentra en el país.
Pérez, el experto en América Latina, señaló que existe el riesgo de que las negociaciones sobre las elecciones se retrasen aún más debido a que Rodríguez se ha vuelto tan importante para Trump. “Trump simplemente no siente ninguna presión por parte de quienes exigen que se fije la fecha para unas elecciones”.
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