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Cómo alimentarse para sentirse bien en las vacaciones
En esta época, después de las fiestas, las reuniones y salidas se encadenan y la comida ocupa un lugar central. Qué hay que tener en cuenta para disfrutar sin descuidar el bienestar, según la nutricionista Clara Valderrama
Diciembre y los meses de verano suelen vivirse como un tiempo de excepción. Las rutinas se relajan, los encuentros sociales se multiplican y la comida es más abundante, más calórica, más frecuente y más rica. Los asados, las reuniones, las meriendas en la playa, los primeros atardeceres del año y la magia del encuentro con familiares y amigos, todo en el verano y las vacaciones.
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En ese contexto, la nutricionista Clara Valderrama, integrante del Consejo Consultor de Dietistas de Herbalife, propone correr el foco de la idea de “exceso” o “restricción” y pensar la alimentación como parte de un equilibrio posible y necesario, incluso en vacaciones.
Valderrama parte de la idea de que alimentarse bien no es únicamente cubrir necesidades nutricionales. La comida también cumple una función social, emocional y cultural. “La alimentación es un medio para socializar, para generar vínculo, fortalecer relaciones y transmitir tradiciones”, explicó durante el seminario web Tendencias y consejos de alimentación.
Las reuniones familiares, las recetas típicas y los rituales asociados a cada momento forman parte de la identidad y del disfrute. El desafío, según la especialista, no está en eliminar esos alimentos ni en vivir las vacaciones como un paréntesis sin control, sino en encontrar un punto intermedio.
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Qué suele pasar en esta época
Durante la temporada de celebraciones se suelen repetir algunos patrones, como el mayor consumo de alimentos ricos en grasas y azúcares, el aumento en la ingesta de alcohol y la disminución de la actividad física. A eso se suma la desorganización de horarios y la costumbre de “saltearse” comidas por estar corriendo de un lado a otro para aprovechar el tiempo libre y “cumplir” con la mayor cantidad de gente posible.
El resultado, señala Valderrama, suele verse reflejado en un aumento de peso, malestares digestivos y dificultad para retomar hábitos. “No siempre es tan sencillo bajar los kilos que se ganan en esta época, y ese sube y baja constante no es saludable para el organismo”, advirtió.
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Alimentación consciente
Uno de los conceptos centrales que trabaja la nutricionista es el de alimentación consciente. Se trata de prestar atención plena al acto de comer, reconocer el hambre real, observar el alimento, comer más despacio, registrar sabores y texturas y, sobre todo, identificar el momento de saciedad.
“La idea es escuchar las señales del cuerpo, sin juicios ni culpas”, explicó. Comer distraídos, apurados o atravesados por emociones intensas suele llevar a consumir más cantidad de la necesaria. En cambio, cuando hay atención, el disfrute aumenta y el control aparece de forma más natural.
Esta idea no se limita a un época en particular. Valderrama la plantea como una práctica cotidiana que ayuda a mejorar la relación con la comida, la digestión y la selección de alimentos, además de reducir la ansiedad asociada a la alimentación.
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Llegar preparado
Entre las recomendaciones prácticas, una de las más importantes es no ir a una reunión con hambre extrema. “Antes de un evento conviene comer un refrigerio liviano, idealmente con proteína, porque ayuda a generar saciedad”, explicó.
La proteína, presente en carnes, pescado, huevos, lácteos o legumbres, cumple múltiples funciones en el organismo y ayuda a moderar las porciones durante la comida principal.
Otra estrategia es servirse porciones pequeñas y, si todavía hay apetito, repetir. Comer despacio y mantenerse bien hidratado también son claves, especialmente en verano y en encuentros en los que hay consumo de alcohol.
“No se trata de no tomar una copa de vino o una cerveza, sino de evitar los excesos”, señaló Valderrama, recordando que el alcohol aporta calorías sin valor nutricional y puede alterar tanto la digestión como el descanso.
Organización y hábitos para mantener el equilibrio
Más allá de cada evento puntual, la especialista insiste en la importancia de mantener cierta estructura durante estas semanas. Establecer horarios de comida, no saltearse instancias y planificar al menos mínimamente qué se va a comer ayuda a evitar desajustes mayores.
“La planificación es fundamental. Lo que compramos es lo que terminamos comiendo”, explicó. Tener frutas, verduras y opciones más livianas disponibles hace más fácil tomar mejores elecciones, incluso en días en los que la agenda social es intensa.
Mantener la actividad física, aunque sea con caminatas u otras formas de movimiento, y priorizar un descanso de entre siete y nueve horas diarias también forman parte del cuidado integral durante esta etapa.
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Disfrutar sin culpa
Valderrama hace especial hincapié en desterrar la culpa asociada a la comida, muy frecuente en esta época. “Cuando la relación con la comida es conflictiva, comer se vuelve un problema en sí mismo, y la idea es mejorar ese vínculo”, explicó.
Entender por qué ciertos alimentos provocan culpa, reconocer el rol de las emociones en las elecciones alimentarias y aprender a poner límites, incluso frente a la presión social, son pasos importantes para atravesar esta época con mayor bienestar.
“Disfrutar y cuidarse no son cosas opuestas”, concluyó. Comer con moderación, conciencia y en buena compañía permite vivir las celebraciones sin afectar la salud y empezar el nuevo año sin la necesidad de “compensar” los desajustes de los últimos y los primeros días del año.