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25 ingredientes que cambiaron la forma de comer en Uruguay

Antes casi inadvertidos y hoy parte de la cocina cotidiana, estos productos muestran cómo, desde el año 2000, la mesa uruguaya incorporó nuevos sabores, texturas y costumbres

Redactora de Galería

El nacimiento de Galería coincidió con la entrada al nuevo milenio y su recorrido de un cuarto siglo ha sido testigo de cambios en la forma de comer de los uruguayos. En los últimos 25 años, la dieta cotidiana se abrió a nuevos ingredientes, sabores y texturas que antes eran exóticos, difíciles de conseguir o directamente inexistentes en la mesa familiar. Algunos llegaron con la mano de la inmigración, otros por la globalización, los viajes, la búsqueda de una alimentación balanceada o el auge de nuevas cocinas. Varios pasaron de los restaurantes a la alacena y se terminaron naturalizando.

En este aniversario, repasamos 25 ingredientes que se han ido incorporando o popularizando durante los años en los que Galería fue creciendo y acompañando la evolución de la gastronomía en Uruguay, y que hoy hablan de cómo comemos.

Más que solo una sucesión de modas gastronómicas, la incorporación de nuevos ingredientes en la mesa uruguaya en los últimos 25 años responde a cambios culturales profundos. La apertura de mercados, la llegada de productos antes inexistentes a supermercados y ferias, la influencia de cocinas extranjeras y una mayor atención a la salud y el bienestar transformaron la forma de comprar, cocinar y comer. En un país con una fuerte tradición inmigrante, que históricamente moldeó su cocina, estos cruces continúan redefiniendo lo cotidiano.

También cambiaron los hábitos y la disponibilidad de alimentos básicos. Como señala el antropólogo de la alimentación e investigador Gustavo Laborde, hace 25 años el pollo y el cerdo tenían un lugar muy distinto en la dieta: el pollo se comía los domingos o en ocasiones puntuales y el cerdo estaba asociado a las fiestas. El consumo masivo de cerdo es mucho más reciente y está ligado a la importación regional, a precios más bajos y a una oferta estable que antes no existía en carnicerías ni supermercados. El pescado, en cambio, sigue ocupando un rol secundario —o incluso terciario, “con mucha suerte”, se lamenta Laborde—, aunque hoy sea más fácil encontrar opciones congeladas en las góndolas.

En paralelo, el discurso sanitario y nutricional puso en primer plano a los alimentos probióticos y fermentados, mientras que las modas globales resignificaron prácticas antiguas. Preparaciones como la masa madre, usada históricamente y desplazada por la industrialización, volvieron a ganar protagonismo en los últimos años. En ese mismo movimiento se inscribe la llegada y popularización de productos como el kimchi y la kombucha, antes prácticamente inexistentes fuera de círculos muy específicos y hoy presentes en tiendas naturales, restaurantes y heladeras domésticas, asociados a ideas de salud y cocina viva.

A la vez, las migraciones recientes —en particular la venezolana— incorporaron nuevas preparaciones al paisaje urbano, como las arepas y los tequeños, que hoy conviven con la cocina local y amplían el repertorio de sabores.

La nueva despensa criolla

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1. Salsa de soja

Llegó a Uruguay asociada a la cocina asiática y japonesa en restaurantes, y su consumo creció a partir de la popularización del sushi a comienzos de los 2000. Lo que empezó como un condimento reservado para algunos platos específicos se volvió un básico transversal, usado para marinar carnes, aportar profundidad a salteados o incluso reemplazar la sal en ciertas preparaciones. Su sabor umami abrió el paladar local a nuevas formas de condimentar y acompañó la incorporación de técnicas, como el salteado rápido y el uso del wok en cocinas domésticas.

Aunque se consumía de forma puntual desde fines de los años 80 y 90 y podía encontrarse en comercios de productos naturales o importados, su entrada real en la mesa cotidiana se da a partir del 2000, con una consolidación clara en la última década. La llegada de versiones bajas en sodio y de distintas variedades fermentadas amplió su uso, mientras que su incorporación a marinadas para carnes, aderezos y preparaciones no estrictamente asiáticas terminó de integrarla al repertorio cotidiano. Hoy aparece en los supermercados como un producto regular y se utiliza en hogares para arroces, verduras, carnes y ensaladas, incluso por personas que no cocinan platos asiáticos.

2. Mango y maracuyá

Frutas exóticas e importadas, el mango y el maracuyá se incorporaron a la dieta uruguaya a partir de una mayor disponibilidad en góndolas y de una cocina cada vez más abierta a sabores intensos. Dulce y carnoso uno, ácido y aromático el otro, ampliaron el registro sensorial de la cocina local y encontraron lugar tanto en la pastelería como en preparaciones saladas, salsas y aderezos.

Además de su versatilidad, su consumo se asocia a beneficios nutricionales concretos. El mango aporta vitaminas A y C, antioxidantes y fibra, mientras que el maracuyá es valorado por su contenido de vitamina C y su efecto digestivo. Hoy aparecen con naturalidad en licuados, postres y platos de inspiración tropical que ya no resultan ajenos a la mesa cotidiana uruguaya.

3. Cilantro

El cilantro es una hierba de sabor muy particular, que suele generar divisiones claras entre quienes lo incorporan con entusiasmo y quienes lo evitan. Parte de esa reacción tiene una explicación conocida: algunas personas perciben en el cilantro un gusto jabonoso, asociado a una predisposición genética, lo que condiciona su aceptación desde el primer contacto.

Su uso se expandió en Uruguay a medida que se difundieron gastronomías en las que el cilantro es un ingrediente habitual, como la mexicana, que lo incluye en salsas frescas y acompañamientos, la peruana, que lo utiliza en su típico ceviche, en varias tradiciones del sudeste asiático y ciertas preparaciones de la cocina india, donde se lo agrega tanto picado en crudo como al final de la cocción.

Hoy se consigue con facilidad en supermercados, ferias y huertas urbanas, y se usa para aportar frescura a pescados, arroces, ensaladas y salsas. Además de su valor culinario, se le atribuyen propiedades digestivas y antioxidantes, lo que reforzó su incorporación en una cocina más atenta a los beneficios de las hierbas frescas. Es un ingrediente que se ama o se evita, pero difícilmente pase inadvertido.

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4. Salmón

El salmón es, quizá más que ningún otro pescado, un símbolo de la dieta globalizada que comenzó a instalarse en Uruguay a partir de los años 2000. Primero apareció en restaurantes, especialmente crudo y asociado al sushi, y luego llegó a supermercados y pescaderías. Su consumo es mayoritariamente importado y congelado, ya que Uruguay no produce salmón y depende de mercados como Chile, Noruega y Holanda.

Su textura firme, su sabor suave y su color característico lo volvieron atractivo para paladares poco habituados al pescado. Además, se lo valora por su aporte de ácidos grasos omega-3 y proteínas de alta calidad, asociados a la salud cardiovascular y al desarrollo neurológico.

Al mismo tiempo, su popularidad abrió un debate que sigue vigente. La mayor parte del salmón que se consume en Uruguay proviene de sistemas de cría intensiva, especialmente en Chile, un modelo cuestionado por el uso de aditivos para reforzar el color de la carne, el manejo sanitario en entornos de alta densidad y el impacto ambiental de las granjas marinas.

5. Rúcula

Pasó de ser una hoja amarga a ocupar un lugar estable en ensaladas, pizzas y pastas. De consumo histórico en la cuenca del Mediterráneo, especialmente en Italia, donde se usa desde hace siglos en platos sencillos y cotidianos, su incorporación acompañó en Uruguay un cambio en el paladar y en el consumo de verduras frescas. Hoy se cultiva localmente y es parte del consumo diario. Además, se la valora por su aporte de vitaminas A, C y K, antioxidantes­ y minerales como calcio y hierro, y por su bajo contenido calórico, lo que reforzó su presencia en una alimentación más diversa y atenta a los beneficios de las hojas verdes.

6. Mandioca

De fuerte presencia histórica en el litoral y en las zonas fronterizas, la mandioca, también conocida como yuca, se fue expandiendo al resto del país con la influencia regional y la búsqueda de alternativas a la papa y al trigo. Se trata de una raíz (no un tubérculo), base de la alimentación en amplias regiones de Brasil, Paraguay, el norte argentino y buena parte de América Latina y África, donde se consume a diario en distintas formas.

Se consume hervida, frita o asada, y también a través de sus derivados: el almidón de mandioca, clave en preparaciones emblemáticas como el pão de queijo brasileño, el chipá, y la harina de mandioca, utilizada como acompañamiento o en recetas tradicionales. Sin gluten y versátil, aporta energía, fibra y minerales, y hoy es habitual encontrarla fresca en ferias y supermercados uruguayos, consolidada como un ingrediente accesible y cotidiano.

Nuez de brasil, mantequilla de maní, aceite de coco

7. Nuez de Brasil

Durante años asociada a la época de las fiestas o a mezclas puntuales de frutos secos, la nuez de Brasil, también llamada castaña de Pará, ganó presencia cotidiana a partir de la diversificación de productos importados y el interés por una alimentación más nutritiva.

De sabor suave y textura cremosa, es una de las fuentes naturales más ricas en selenio, además de aportar grasas saludables, proteínas y antioxidantes. Hoy se integra a desayunos, granolas, repostería y también a preparaciones saladas, consolidándose como un ingrediente habitual más allá de las ocasiones especiales.

8. Mantequilla de maní

Pasó de ser un producto casi inexistente en la dieta local a ocupar un lugar fijo en las góndolas, especialmente a partir del auge del fitness­, la nutrición consciente y los desayunos energéticos. Valorada por su aporte calórico, proteico y de grasas saludables, se volvió habitual en tostadas, postres, snacks e incluso licuados.

Hay dulce, con mermeladas, chocolate, salada, cremosa o con pedacitos de maní. Hay desde ultraprocesadas, con conservantes y aditivos, hasta 100% naturales, elaboradas de forma artesanal en hogares y pequeños emprendimientos. Esa dualidad la ubica en un punto interesante entre lo saludable y lo indulgente, adaptándose tanto a dietas planificadas como a consumos más placenteros.

9. Aceite de coco

El aceite de coco se instaló en Uruguay como alternativa a los aceites vegetales tradicionales, impulsado por tendencias globales de alimentación saludable, dietas bajas en carbohidratos y la creciente presencia de la cocina asiática en restaurantes. Su punto de fusión sólido a temperatura ambiente y su sabor característico, levemente dulce y perceptible, lo volvieron especialmente atractivo para repostería, salteados y preparaciones en las que se busca un perfil aromático definido.

Es rico en grasas saturadas, lo que llevó a organismos de salud a recomendar un uso moderado. Sin embargo, también contiene triglicéridos de cadena media (grasas saturadas), asociados a una rápida fuente de energía y a ciertos beneficios metabólicos cuando se consume en pequeñas cantidades. Hoy convive en la alacena uruguaya como un ingrediente puntual, elegido más por su funcionalidad y sabor que como grasa de uso cotidiano.

jengibre, cous cous y quinoa

10. Jengibre

Durante décadas relegado al mundo de las infusiones caseras y los usos medicinales, el jengibre se incorporó de lleno a la cocina cotidiana uruguaya de la mano de la gastronomía asiática y de una mayor atención a sus propiedades antinflamatorias, digestivas y antioxidantes. Su sabor picante y ligeramente cítrico, muy reconocible, permite aportar intensidad a las preparaciones y funciona también como condimento alternativo, ayudando a reducir el uso de sal.

Hoy se consigue fresco, en polvo o encurtido, y aparece tanto en platos salados como salteados, arroces y marinados, como en bebidas y preparaciones frescas. Es habitual en el sushi como acompañamiento, y ganó popularidad en limonadas, jugos y aguas saborizadas, a las que aporta frescura y carácter. Su versatilidad lo convirtió en uno de los ingredientes que mejor representa el cruce entre sabor, bienestar y cocina global.

11. Cous cous

Ligado históricamente a las cocinas del norte de África y Medio Oriente, el cous cous llegó a Uruguay como parte de una búsqueda más amplia de alternativas rápidas, versátiles y nutritivas, en un contexto de mayor apertura a sabores globales. Elaborado a partir de sémola de trigo duro, empezó a verse con más frecuencia en supermercados, tiendas dietéticas y cartas de restaurantes, primero como novedad y luego como opción práctica para el día a día.

Una de las claves de su adopción fue su facilidad de preparación, ya que no requiere cocción prolongada, y su capacidad de adaptarse a distintos usos. Puede consumirse caliente, como guarnición o base de platos con verduras, carnes o pescados, o frío, integrado en ensaladas con vegetales frescos, hierbas y aceite de oliva. En la cocina uruguaya encontró lugar como reemplazo ocasional del arroz o las pastas, ampliando el repertorio cotidiano.

12. Quinoa

Revalorizada a escala global como pseudocereal andino, la quinoa comenzó a incorporarse con mayor fuerza en Uruguay en las últimas dos décadas, impulsada por el interés en alternativas nutritivas, libres de gluten y fáciles de integrar a la cocina cotidiana. Aunque su consumo es ancestral en regiones de los Andes, en el contexto local no tenía una tradición previa y se difundió a partir de su presencia en restaurantes, supermercados y recetarios contemporáneos.

Desde el punto de vista nutricional, se destaca por su alto contenido de proteínas de buena calidad, con todos los aminoácidos esenciales, además de aportar fibra, minerales y antioxidantes. Puede consumirse caliente, como base de platos, guarniciones o rellenos, o fría, en ensaladas y preparaciones frescas.

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13. Arándanos

La expansión del cultivo local fue clave para que los arándanos dejaran de ser una fruta exótica y se integraran al consumo cotidiano en Uruguay. Desde los años 2000, su producción permitió una mayor disponibilidad y precios más accesibles, lo que ha favorecido su presencia en desayunos, postres y preparaciones dulces.

Asociados a un alto contenido de antioxidantes, vitaminas y compuestos antinflamatorios, también se valoran por su practicidad: se consumen fácilmente con la mano, no tienen semillas ni cáscara que descartar, y resultan ideales como snack. Además, marcaron un cambio en la forma de consumir frutas, ampliando la oferta de berries más allá de lo estacional y consolidándose frescos, congelados o procesados.

14. Palta

Símbolo claro del cambio alimentario de las últimas décadas, la palta pasó de ser un ingrediente ocasional a integrar desayunos, ensaladas y sándwiches de forma habitual. Aunque en Uruguay existieron históricamente variedades locales, su consumo nunca fue masivo ni formó parte de la alimentación cotidiana, a diferencia de lo que ocurre en otros países de América Latina donde es un alimento básico. En los últimos años, la mayor circulación de paltas importadas acercó al público distintas experiencias de consumo.

Existen diferencias marcadas entre variedades por su textura, contenido graso y sabor, que van desde pulpas más firmes hasta otras más cremosas. Desde el punto de vista nutricional, la palta aporta ácidos grasos monoinsaturados, fibra, vitaminas y minerales, y se destaca por su capacidad de generar saciedad. Más allá de lo nutricional, ofrece un fuerte placer culinario, su versatilidad y la posibilidad de tenerla al alcance de la mano, incluso desde un árbol en el jardín, refuerzan un vínculo cotidiano con el alimento.

15. Carne vacuna feedlot

La carne vacuna de feedlot refleja un cambio en los sistemas productivos que comenzó a consolidarse en Uruguay desde los años 2000. A diferencia de la ganadería tradicional a pasto, el feedlot se basa en un engorde a corral con dietas controladas, generalmente a partir de granos, en la etapa final del animal.

Este sistema da lugar a carnes más homogéneas, con mayor infiltración de grasa, lo que se traduce en una textura más tierna, jugosa y de sabor suave y constante.

Si bien no incorpora nuevos cortes en sí, el feedlot modificó la forma de ofrecer y consumir la carne, ampliando el uso cotidiano de bifes y cortes para cocciones rápidas, y convive hoy con el discurso identitario de la carne uruguaya a pasto, que continúa ocupando un lugar central en el imaginario, la producción y la cultura alimentaria del país.

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16. Café de especialidad

El café de especialidad transformó la forma de tomar café en Uruguay, alineándose con un fenómeno global que redefinió esta bebida en las últimas décadas. El consumo pasó a pensarse como una experiencia sensorial, con nuevas variedades de origen, métodos de preparación y un vocabulario y cultura propia que puso el foco en el sabor, el aroma y la trazabilidad.

Uno de los cambios centrales fue el pasaje del café torrado o glaseado, tradicional en la región, al café tostado sin azúcar, lo que permite apreciar mejor las características naturales del grano. Esta forma de tostado es percibida como más saludable y favorece un perfil de sabor más limpio y complejo. Pensado para disfrutarse sin apuro, el café de especialidad se asoció a la idea de pausa, disfrute y bienestar, convirtiendo el acto de tomar café en un pequeño ritual cotidiano y, muchas veces, en un gesto de autocuidado.

17. Leches vegetales

Las bebidas vegetales, como las de almendra, coco y avena, se incorporaron con fuerza en los últimos años como alternativas a la leche de vaca, impulsadas por intolerancias a la lactosa, elecciones alimentarias como el veganismo y una mayor atención al bienestar que lleva a seguir una dieta más equilibrada, y a repensar el consumo de lácteos.

Hoy forman parte tanto del hogar como de las cafeterías y se utilizan en bebidas calientes, desayunos y preparaciones dulces y saladas. Más allá de sus beneficios nutricionales, se consolidaron por su versatilidad, su perfil de sabor y su capacidad de adaptarse a distintos estilos de alimentación, lo que refleja un cambio cultural en la relación con los alimentos de origen animal.

18. Semillas de lino

Las semillas de lino ganaron presencia asociadas a la salud digestiva y a una alimentación más natural. Su uso se difundió en panes, yogures y licuados, muchas veces por recomendación médica o nutricional, y se integró de forma discreta pero sostenida a la dieta cotidiana.

Desde el punto de vista nutricional, aportan fibra, ácidos grasos omega-3 de origen vegetal y compuestos antioxidantes. Se las valora especialmente por su efecto en el tránsito intestinal, su capacidad de generar saciedad y su aporte a la salud cardiovascular. Pueden consumirse enteras, molidas o activadas, es decir, remojadas previamente para facilitar su digestión y mejorar la absorción de nutrientes.

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19. Semillas de chía

La chía tuvo una incorporación más tardía y marcadamente mediática. Catalogada como “superalimento”, se difundió rápidamente en desayunos y preparaciones asociadas a una alimentación saludable, impulsada por tendencias globales y por su facilidad de uso.

Desde el punto de vista nutricional, se destaca por su alto contenido de fibra, ácidos grasos omega-3 de origen vegetal y su capacidad de generar saciedad al hidratarse. Se utiliza principalmente hidratada, formando geles o puddings, y también espolvoreada en yogures, frutas, licuados y panificados, integrándose sin cocción y con poco esfuerzo a la cocina cotidiana.

20. Kale

El kale representa de forma directa la influencia de las tendencias saludables globales en la cocina local. Se difundió como parte del discurso de la alimentación consciente y el consumo de hojas verdes más variadas. Sus hojas rizadas y firmes, de color verde intenso, aportan una textura y presencia visual distinta a otras hojas tradicionales, y su sabor ligeramente amargo lo hace reconocible al paladar.

Rico en fibra, vitaminas y antioxidantes, se incorporó tanto crudo como cocido, en ensaladas, salteados y jugos, y amplió el repertorio de verduras disponibles. Más allá de su auge mediático inicial, hoy ocupa un lugar estable como alternativa dentro del consumo cotidiano de vegetales.

21. Cúrcuma

Durante años limitada a la cocina india y a mezclas de especias importadas, la cúrcuma se popularizó en Uruguay por la combinación de su color intenso, su perfil aromático y la difusión de sus propiedades antinflamatorias y antioxidantes. Su incorporación coincidió con una mayor curiosidad por especias no tradicionales.

Hoy se utiliza en arroces, guisos, salteados y mezclas como el curry, pero también en bebidas y preparaciones asociadas al bienestar. Su sabor suave y terroso permitió integrarla con facilidad a recetas conocidas, aportando color y carácter sin desplazar sabores locales.

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22. Matcha

Este té verde japonés en polvo se obtiene de hojas finamente molidas que se consumen completas, lo que concentra sus nutrientes y su sabor. Se difundió primero en cafeterías y luego en el consumo doméstico, asociado a energía sostenida, concentración y antioxidantes, y es valorado por su aporte de vitaminas y minerales.

A diferencia de otras infusiones, el matcha se puede preparar como bebida caliente o fría, y también se utiliza en pastelería y repostería, se lo incorpora a bizcochos, helados y postres, aportando sabor, color y valor nutricional.

23. Fideos de arroz

Introducidos con la expansión de la cocina asiática, los fideos de arroz se incorporaron como una alternativa práctica y liviana a las pastas tradicionales. Su rápida cocción y su condición naturalmente sin gluten favorecieron su adopción en distintos contextos alimentarios.

Hoy aparecen en salteados, sopas y platos caseros inspirados en recetas tailandesas, vietnamitas o chinas, y también como base neutra para combinaciones locales. Su llegada amplió la opciones de hidratos disponibles y reforzó la presencia de ingredientes asiáticos en la despensa uruguaya.

24. Tahini

La pasta de sésamo llegó de la mano de la cocina de Medio Oriente y del auge del hummus, que funcionó como principal puerta de entrada. De sabor intenso y textura cremosa, aportó una grasa vegetal distinta a las habituales en la cocina local.

Desde el punto de vista nutricional, es fuente de grasas insaturadas, minerales y proteínas vegetales. Hoy se utiliza tanto en salsas como en platos vegetarianos y preparaciones dulces.

25. Edamame

El edamame, vainas de soja tierna típicas de la cocina japonesa, se incorporó como snack saludable y guarnición en ensaladas, bowls y preparaciones creativas. Su textura suave y sabor delicado lo hacen fácil de consumir, y su llegada ayudó a revalorizar las legumbres como parte de la dieta cotidiana.

Desde el punto de vista nutricional, aporta proteínas vegetales, fibra, vitaminas y minerales, convirtiéndose en un ingrediente versátil que refleja la influencia de tendencias globales y de la alimentación consciente.

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