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En los últimos meses, delincuentes utilizaron la identidad de al menos cuatro abogados penalistas para cometer estafas, o intentarlo. Uno de los casos es el de Santiago Moratorio, abogado uruguayo del narcotraficante Sebastián Marset, quien presentó una denuncia en delitos informáticos luego de ser alertado de que estaban usando su nombre y su condición de abogado para exigir dinero a varias víctimas de estafa, con el argumento de que un familiar había sido detenido después de protagonizar un accidente de tránsito.
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La denuncia de Moratorio se suma a las que habían presentado antes Gustavo Bordes e Ignacio Durán, según confirmaron a Búsqueda los abogados, dos casos en los que se utilizó el mismo modus operandi. También le ocurrió a Juan Fagúndez, pero el abogado optó por no presentar una denuncia formal, según señaló.
En todos los casos, los delincuentes crearon perfiles de WhatsApp con la foto de los abogados y se hicieron pasar por ellos para contactar a potenciales víctimas. Utilizaron para ello un relato similar: que un familiar había atropellado a una persona, que estaba grave o fallecida y era necesario que pagaran dinero para cubrir los supuestos honorarios profesionales con el objetivo de evitar que el caso avanzara en la Fiscalía y llegara a la Justicia.
En la denuncia presentada ante delitos informáticos de Interpol, a la que accedió Búsqueda, Moratorio sostuvo que tomó conocimiento de “maniobras de estafa” en las cuales se usurpa su identidad y su rol profesional “falazmente para obtener un provecho ilegítimo”.
Según describió, quienes llevan adelante esas maniobras se presentaron con su nombre y en su calidad de abogado, y afirmaron que un familiar de la persona contactada se encontraba “detenido en sedes fiscales o policiales” o que “se vio involucrado en un accidente y dejó en grave estado a un peatón”. A partir de ese relato, le pidieron dinero para pagar los honorarios profesionales y solucionar la situación.
En varios de los casos denunciados, algunas víctimas llamaron a los estudios de los abogados para corroborar que la situación fuera real y comprobaron de esa manera que se trataba de una estafa.
Moratorio señaló en la denuncia que tomó conocimiento de los hechos a partir de comunicaciones de colegas y clientes, negó su vinculación con la estafa y afirmó que “repudia en absoluto” el perjuicio a las víctimas y el mal uso de su nombre.
En el escrito —donde aportó los números de teléfono desde los cuales se realizaron las comunicaciones— también sostuvo que la utilización de su identidad lesiona su honor y reputación.
Un mecanismo reiterado
Si bien todos los casos se dieron en los primeros meses de 2026, Durán ya había sido víctima de la modalidad del “cuento del tío” en 2023, cuando presentó una denuncia luego de que personas utilizaran su identidad para contactar a un cliente suyo. En ese caso, la víctima llegó a transferir dinero.
“En aquella denuncia se logró determinar que la dirección IP estaba en un módulo del Comcar”, dijo Durán a Búsqueda. La maniobra volvió a repetirse y el 29 de abril de 2026 el abogado presentó una nueva denuncia. “Volvieron a la carga. Es el mismo modus operandi, usando mi foto y pidiendo dinero a la gente”, afirmó.
Según indicó, el relato es siempre el mismo. “Dicen que un familiar directo tuvo un accidente, que falleció una persona, que la madre quedó detenida y que por US$ 10.000 podían arreglar el asunto para que no pasara al juez”, señaló. En los casos recientes, los delincuentes contactaron a tres personas que no conocían al abogado, y ninguna llegó a realizar una transferencia, porque decidieron verificar la información, ya que “les había parecido muy burdo el planteo”.
Penalistas como blanco
Para Durán, “evidentemente el oficio de los abogados penalistas se presta” para que los usen para cometer estafas y “es preocupante”, por lo que exhortó a las personas a que “tengan cuidado y chequeen antes de hacer un giro de dinero”.
El abogado consideró que los delincuentes se aprovechan de la percepción que se tiene en parte de la sociedad sobre el ejercicio de su profesión. “Tiene que ver con el trabajo, y creo que utilizan nombres que generalmente están en el tapete y pueden inducir a confundir a la gente, a que tal abogado puede ser amigo del fiscal, que no sucede así, pero quizás en el imaginario colectivo sí”, agregó.
Las estafas y los fraudes informáticos fueron los delitos que más crecieron en proporción en los últimos años. Según indica el boletín con las cifras del primer semestre de 2026, publicado por el Área de Estadística y Criminología Aplicada del Ministerio del Interior, en los primeros seis meses del año hubo 14.035, mientras que en el mismo período de 2015 fueron 930. En todo 2025 fueron 26.595 las denuncias por estos delitos, mientras que 10 años antes fueron 1.338 en todo el año.