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    La ciencia detrás del barro: cómo se forman los sedimentos que implican inversiones millonarias para el país

    Investigadores del Imfia midieron por primera vez la floculación en el Río de la Plata, un proceso clave para la navegación, la pesca y el ambiente

    El Río de la Plata debe su característico color marrón a un fenómeno poco conocido por la población, pero fundamental para comprender la dinámica del estuario: la floculación. Aunque hace décadas que se estudian los sedimentos en Uruguay, es la primera vez que este proceso se midió de forma directa en estas aguas. La investigación fue realizada por un equipo del Instituto de Mecánica de los Fluidos e Ingeniería Ambiental (Imfia) de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República, y será presentada los días 10 y 11 de octubre en Ingeniería deMuestra.

    “En el Río de la Plata, salvo en las orillas, donde la ola no deja que estos sedimentos cohesivos se depositen, en cuanto pasás los tres o cuatro metros de profundidad vas a encontrar barro. Y barro, esencialmente, es sedimento cohesivo”, explicó Francisco Pedocchi, docente e investigador del Imfia. Estos sedimentos finos, como el limo y la arcilla, tienen la particularidad de aglomerarse en pequeñas fracciones llamadas flóculos, que crecen, se rompen y se vuelven a formar dependiendo de las condiciones del agua.

    Ese barro comienza su viaje en los Andes, en la cuenca del río Bermejo, que en temporadas de lluvias intensas arrastra toneladas de sedimento. Por el Paraguay y el Paraná, los materiales viajan hasta desembocar en el estuario. Así, cada año entran al Río de la Plata alrededor de 700.000 millones de metros cúbicos de agua y 160 millones de toneladas de sedimento, equivalentes a cubrir todo Montevideo con más de medio metro de barro. “Cuando vos estás en la playa de Montevideo y el agua está transparente, en general también está más salada. Eso quiere decir que al oeste, donde se encuentran el agua dulce y la salada, el material en suspensión se está sedimentando, y por eso el agua se aclara en la costa”, detalló Pedocchi.

    Esto se debe a que la sal promueve la floculación: en el estuario, cuando el agua dulce del Paraná y el Uruguay se encuentra con el agua salada del Atlántico, “los flóculos tienden a crecer, se hunden más rápido y el agua se vuelve más clara”, agregó.

    Ambiente y economía

    Comprender cómo se forman y sedimentan los flóculos es crucial para el país, tanto desde el punto de vista ambiental como económico. “Cada vez que queremos hacer alguna obra de infraestructura en el río, nos vamos a encontrar con ellos. Es el material que tenemos que dragar cuando queremos construir un canal de navegación, sea el canal Martín García o el canal del Puerto de Montevideo”, señaló Pedocchi.

    El dragado implica costos millonarios. Por ejemplo, la profundización del canal de acceso al Puerto de Montevideo de 13 a 14 metros costó unos US$ 70 millones, e implicó remover cerca de 10 millones de metros cúbicos de barro. Es por eso que, según Rodrigo Mosquera, investigador del Imfia, disponer de conocimiento científico permite hacer más eficientes esas inversiones: “En el Martín García lo que hicimos fue recopilar información histórica y medir para entender cómo se comporta el canal y cómo varía la sedimentación a lo largo del año. Eso permite, por ejemplo, incluir cláusulas en las licitaciones que obliguen a la dragadora a trabajar más en el primer semestre, cuando llegan más sedimentos, y no tanto en el segundo. Es un ganar-ganar para ambas partes”.

    El impacto ambiental es igualmente relevante. La turbidez del agua condiciona la penetración de la luz y afecta a organismos fotosintéticos, como las algas, y también influye en la reproducción de especies comerciales. “La corvina desova en el frente de turbidez, donde se mezcla el agua dulce y la salada. Allí se dan condiciones de nutrientes muy particulares que dependen de estos procesos”, destacó Pedocchi. Además, los sedimentos finos pueden transportar contaminantes, como cromo o mercurio. “Como las partículas son tan pequeñas, tienen mucha superficie y pueden absorber sustancias. Entonces son muy buenos para que vengan cosas pegadas a ellos”, agregó.

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    Investigadores del Imfia durante una de las expediciones en el Río de la Plata.

    Investigadores del Imfia durante una de las expediciones en el Río de la Plata.

    Para estudiar el fenómeno, el equipo del Imfia realizó cuatro campañas de campo entre 2023 y 2025, con embarcaciones contratadas y sensores de alta precisión. “Se sabía que los sedimentos floculaban porque lo podías ver. Pero lo que no había era un intento sistemático de medición de este fenómeno en el Río de la Plata. Esa fue la novedad del proyecto”, dijo Pedocchi.

    Los investigadores emplearon equipos acústicos similares a los de una ecografía, que emiten ultrasonido y captan el eco de las partículas en suspensión. También usaron sensores de difracción láser para medir el tamaño de los flóculos, y aparatos que registraron salinidad, turbidez, temperatura y pigmentos de algas. Parte de los análisis se hicieron en colaboración con el Ministerio de Ambiente y el Observatorio Ambiental, a partir del estudio de imágenes satelitales.

    Incluso lograron observar los flóculos directamente bajo el agua. “Lo pudimos ver con una cámara submarina que trajo un profesor de Virginia Tech. Todo el mundo decía que en el Río de la Plata se da floculación. Bueno, fuimos, lo vimos y lo registramos”, contó Pedocchi. Según dijo, la floculación es un fenómeno dinámico y difícil de predecir: los flóculos se forman, crecen y sedimentan, pero también se rompen si la corriente es intensa, lo que hace que su estudio sea un desafío científico.

    Ese comportamiento, además, está fuertemente condicionado por la variabilidad climática. “En los años Niño no es que venga más sedimento, sino que cambia el lugar donde se deposita. Esa dinámica nos termina afectando directamente en Montevideo”, explicó Pedocchi. El investigador se refería al fenómeno de El Niño, un patrón climático que describe el calentamiento inusual de las aguas superficiales en el océano Pacífico ecuatorial oriental. Cuando eso pasa, aumenta el caudal del Paraná y del Uruguay, y el frente de turbidez se desplaza hacia el este. Eso implica que la sedimentación ocurre en otras zonas del estuario, lo que repercute tanto en el dragado como en la calidad del agua.

    Financiación del estudio

    El proyecto se apoyó en financiamiento de la Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC) de la Udelar, con unos US$ 35.000 destinados casi en su totalidad al alquiler de embarcaciones. A lo largo de los años, el Imfia ha trabajado también con la Administración Nacional de Puertos, la Comisión Administradora del Río de la Plata, la Armada Nacional y la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos. “Cuando nos llama el puerto para hacer estudios de dragado, sabemos que lo que hacemos tiene un interés real y una aplicación directa”, celebró Pedocchi.

    El conocimiento sobre sedimentos cohesivos no es nuevo en el país. Desde principios del siglo XX, los ingenieros debieron enfrentarse a ellos al construir el Puerto de Montevideo. Sin embargo, la floculación es un tema que la comunidad científica internacional ha abordado poco. “En el mundo no hay mucha gente que estudie esto. La comunidad que trabaja en sedimentos cohesivos es relativamente chica”, reconoció Pedocchi.

    Además de sus implicancias técnicas, el equipo busca acercar la investigación a la sociedad. “Somos una universidad pública, los sueldos salen de los impuestos de la gente, y nos parecía importante transmitir qué estamos haciendo”, afirmó Pedocchi, al explicar por qué decidieron mostrar el proyecto en Ingeniería deMuestra.

    La iniciativa también busca inspirar a jóvenes que aún no definieron su vocación. “Nuestros estudiantes ingresan a la facultad pensando en ser ingenieros, no científicos. Pero cuando ven que lo que hacemos tiene pertinencia para el Uruguay, que ayuda a cuidar el Río de la Plata y a resolver problemas reales, eso los motiva. Y queremos que más jóvenes vean que desde la Ingeniería se puede trabajar en temas ambientales, que son los grandes desafíos del futuro”, añadió.

    El proyecto no se detiene en el estuario. Pedocchi ya trabaja en una nueva investigación, junto con colegas de la Universidad Nacional del Litoral, en Santa Fe, para estudiar el río Paraná. “Queremos entender la interacción entre la arena del fondo del Paraná y los sedimentos cohesivos que vienen del Bermejo. Me gustaría que en unos años tengamos una descripción mucho mejor de cómo funciona la dinámica de sedimentos en toda la cuenca del Plata, desde los Andes hasta Montevideo”, adelantó el investigador.

    Se trata de una tarea de largo aliento, que conecta procesos locales con fenómenos globales como El Niño, la variabilidad climática y el aumento del nivel del mar. “Todo lo que pasa allá arriba nos afecta acá. La gestión ambiental y portuaria de Uruguay depende de entender esos procesos”, concluyó.

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