Según supo Búsqueda, el grupo prevé dar a conocer antes de fin de año un informe con recomendaciones para modificar la normativa migratoria en Uruguay. El documento, que pretende ser un insumo para el gobierno que asuma en 2025, contemplará diferentes vías de solución y de interpretación constitucional para las personas apátridas y migrantes, dado que hoy la legislación vigente deja en una posición desigual a los extranjeros que tramitan la ciudadanía uruguaya.
Esto sucede porque hay una distinción entre la ciudadanía “legal” —a la que acceden los extranjeros—y la ciudadanía “natural”, que corresponde a quienes nacieron en el país o son hijos o nietos de uruguayos. De acuerdo a la interpretación de la Constitución, solo los ciudadanos naturales tienen la nacionalidad uruguaya. Los otros, si bien obtienen un pasaporte y son uruguayos, no son considerados “nacionales”, lo que crea una serie de obstáculos para los migrantes radicados en el país; entre ellos, el riesgo de la apatridia.
“Ser una persona apátrida es vivir invisible, como una sombra”, resume Mamo, hoy activista y oradora internacional, en diálogo con Búsqueda.
—En una entrevista años atrás, dijo que “ser apátrida duele mucho más cuando sabes que eres capaz de hacer tanto” y que “no puedes realizar tu potencial si no te dan el derecho a existir”. ¿Cómo es crecer y vivir como una persona apátrida?
—Crecer y vivir en esta situación es más doloroso cuando sabes que existe la definición, porque antes simplemente yo era diferente. Juego básquetbol y mi sueño era jugar para un equipo profesional. Cuando fui reclutada y aceptada para jugar en un equipo profesional siendo adolescente, fue la mayor decepción, el mundo acabó: yo no podía ir. Vivir como una persona apátrida tenía muchas limitaciones, incluso al vivir dentro del Líbano, que es un país pequeño, porque no podía ir al norte debido a que hay checkpoints de la policía. Si la policía me para, lo primero que te pide es que muestres tu documento. Y yo no tengo nada. Crecí en un ambiente con mucho miedo, con mucha inseguridad, con horarios para volver a casa, de no poder salir sin mis padres, todos tienen que hacer todo juntos todo el tiempo. En Líbano también hay muchas bombas, entonces en aquella época cuando una bomba explotaba había policías en todos lados. Y como el terrorista no tiene rostro ni datos, todos son sospechosos y nosotros (los apátridas) somos los primeros. Hasta que investigan, tú vas presa. Quería estudiar Medicina, tenía buenas notas en la escuela; pero cuando fui a la universidad, la persona que estaba en el registro dijo: “¿Pero quién eres tú?”.
—¿Cuáles son las razones que explican que una persona quede en esa situación?
—Existen muchos tipos de personas apátridas, hay muchas situaciones diferentes. En mi caso, fue una combinación de muchas cosas: religión y nacer en el Líbano. Cuando naces, obtienes tu nacionalidad de dos maneras. La tierra donde naces —no importa quiénes son tus padres, si son legales, ilegales— o como en Italia, donde si tú naces ahí solo eres italiana si tu mamá y papá son italianos, y después de los 18 años dependiendo de las leyes y las regulaciones. Hasta hoy, si naces en el Líbano no eres libanesa, solo lo eres si tu papá es libanés. Por otro lado, mi papá es cristiano sirio y mi mamá es musulmana siria, y en Siria el casamiento interreligioso es inaceptable. La religión de una persona, además, en el Líbano y en Siria queda por escrito en el documento al momento del nacimiento, es una obligación. Además, hoy tenemos 24 países, entre ellos Siria y el Líbano, donde una mujer no le pasa la nacionalidad a sus hijos; los hijos de una mujer soltera van a ser apátridas. Hay mucha falta de información también. Muchos países en los que, cuando tu hijo nace, tienes un límite para registrarlo. Y si no lo haces, se acabó, incluso teniendo el derecho a la nacionalidad. Entonces, el significado de una persona apátrida es vivir invisible, vivir como una sombra, sin documentos, sin pasaporte y sin nada que pruebe legalmente quién eres.
—¿Hay cifras acerca de cuántas personas apátridas hay en el mundo?
—Si cuando naces no se tiene ningún registro, existen pocos números. En 2014, Acnur hablaba de unos 10 millones de apátridas. Después dijeron que eran solo 4 millones y luego que no iban a hablar de números porque no se sabía. El Banco Mundial señala que existen más de un billón de personas sin identidad legal, como pasaporte, pero eso aborda no solo a las personas apátridas. Entonces no tenemos números; hay mucha discriminación hasta hoy, por tribus, política, racial. En cada país hay problemas diferentes y cada día con las guerras que están sucediendo el número aumenta.
—¿Qué rol jugaron las organizaciones internacionales y los gobiernos en su proceso para obtener la ciudadanía brasileña?
—Un rol muy grande. Porque puedes hablar y hablar, pero si nadie te escucha... En mi caso fue Acnur, que dentro de las organizaciones de la ONU es quien tiene el mandato de los apátridas y los refugiados. Fui a Acnur, al Ministerio de Justicia, a la sociedad civil y al sector privado. También el periodismo jugó un papel muy importante en mi historia, salió en la BBC, History Channel y el New York Times. Eso le dio mucha visibilidad a las personas que no conocían la historia. Pero el mayor factor fue mi hermano; cuando él fallece (antes de obtener la nacionalidad), muchas personas sintieron que se podía hacer más. Esa unión de todos por el bien, que fue el cambio de las leyes.
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Foto: Mauricio Zina / adhocFOTOS
—¿Qué sintió cuando finalmente recibió su documento de identidad como ciudadana brasileña?
—Vacía. Me sentí muy triste después del momento en sí. Me dieron la nacionalidad en un evento de la ONU en Ginebra, yo estaba hablando sobre mi historia y no sabía que era el día en que iba a recibir la nacionalidad. Y cuando la recibí no entendía nada. Después hubo muchos eventos, viajé mucho, hablando, agradeciendo. Y en enero, cuando todo paró, entré en depresión. Entré en un vacío. Porque cuando por 30 años tienes el sueño de obtener ese documento... En 30 años no pude hacer nada y ¿ahora qué voy a hacer?, ¿cuáles son los próximos pasos? Mi familia me decía: “Ahora vive tu vida, no necesitas hablar más sobre esta historia”. Pero en ese momento recibí muchos e-mails, muchos pedidos de ayuda de personas que me decían que yo era un símbolo de esperanza para ellos. Hay historias que son mucho más complicadas y difíciles, entonces lo decidí. Mi sueño era que mi hermana, mi hermano y yo obtuviéramos la nacionalidad, y solo conseguí dos tercios de ese sueño. Entonces, si bien no conseguí realizar mi sueño, sentí que tenía una misión, que es ayudar a otras personas a intentar facilitar su vida.
—¿Cuáles son los principales obstáculos legales que perpetúan la apatridia en el mundo? ¿Y qué factores dificultan la solución de este problema, cuyos lentos avances se han asociado a expresiones de nacionalismo y a la manipulación del sentimiento antimigrante?
—Hemos avanzado mucho, pero aún estamos muy atrasados porque todavía existen muchas personas apátridas que están sufriendo. Cuando hablas de los apátridas hablas de personas que no existen, que no pueden moverse ni pasar fronteras. El tema de los refugiados es una cuestión mucho más fácil de explicar, porque puedes ver personas en masa moviéndose. Pero cuando no las ves, solo ves sombras, las personas intentan sobrevivir sin incomodar a nadie. Porque puedes matar a una apátrida y nadie lo va a saber; son personas que no tienen derecho, no tienen nada. Es muy difícil hablar sobre ellos y explicar cuál es el problema, algo que es afectado directamente por las leyes y los cambios. Parece una realidad muy distante pero no lo es.
—¿Las personas en general saben lo que es la apatridia?
—El 99% de las personas buscan lo que es apátrida. Yo misma no sabía lo que era ni que existía una definición. Pero hay una solución; todas las leyes fueron escritas por los humanos y los humanos erran, entonces hay que mirar cuáles son las brechas y corregirlas. Pero para hacer eso necesitas personas dispuestas a cambiar, porque hay personas que están solo por el salario y otras que realmente quieren cambiar y ayudar a otros. Es muy difícil explicar a las personas extremistas qué significa eso, porque para ellos es lo que es correcto. Por eso es muy importante hablar.
—¿Qué puede hacer América Latina, y particularmente Uruguay, para avanzar en la erradicación de la apatridia? ¿Se está cerca de alcanzar ese objetivo?
—Depende de cómo se den las elecciones. Pero América Latina es un campeón en el mundo entero por los avances de esas leyes. En Brasil tenemos hoy leyes de apatridia, también en Costa Rica y Argentina. Y hay otros (países) que no tienen leyes, pero tienen proyectos de ley específicos, como Colombia. Esto se debe, por ejemplo, a que cuando comenzó la crisis en Venezuela, los hijos de venezolanos nacidos en Colombia no eran considerados colombianos ni venezolanos. Eran apátridas. Y en una conferencia en 2015 conocí a una persona que trabajaba en el gobierno de Colombia, quien hizo un proyecto de ley que fue aprobado y otorgó la nacionalidad colombiana a más de 45.000 niños. Entonces no es cambiar la ley, es simplemente tener proyectos o hacer una interpretación correcta de la situación que se está viviendo. La situación aquí en Uruguay, por lo que pude ver, es simplemente un tema de interpretación que se está haciendo incorrectamente. Pero la vida cotidiana de esas personas está siendo afectada.
—¿El tema ocupa un lugar en la agenda pública?
—Los apátridas siempre quedan de lado, porque se entiende que no es una crisis ni un problema. La apatridia nunca es una prioridad para nadie, solo para esas personas que están sufriendo. Es difícil generar interés en las personas sobre este tema. Pero podría afectarte a ti o a tus hijos. No existe financiamiento suficiente para hablar de ello, no existen organizaciones que apoyen esta causa hasta el momento en que lo entienden. Siempre es lo último en la agenda. Es muy difícil poner el tema de la apatridia incluso en la agenda de Acnur porque siempre hay crisis y refugiados para cuidar. Pero en Ginebra, especialmente cuando hablo con ministros o presidentes, si la persona se moviliza, cambian muchas cosas. Si no, no hay cómo cambiar, simplemente se deja de lado.
—¿Qué mensaje les da a quienes se encuentran hoy en situación de apatridia?
—Que tengan esperanza. Yo misma, por 30 años en muchos momentos sentí que quería desistir, que no quería más. Conozco muchas historias de muchos apátridas que se suicidaron, no aguantaban más esa vida, no había esperanza. Y conozco otras personas que luchan de una manera diferente a lo que yo hago. Creo que estar frustrada es un must. Te vas a frustrar, no es una cosa fácil. La vida es muy difícil para todo el mundo, cada uno tiene sueños, proyectos y desafíos, pero específicamente para los apátridas: “No desistas”. Hoy fue un momento importante y memorable. Al hacer un evento dentro de un ministerio, eso significa que existen personas que están queriendo cambiar. Hoy la directora (de Asuntos Políticos de Cancillería, Alejandra Costa) prometió ese cambio y creo que el cambio está por venir. No se puede parar de hablar y compartir los dolores.