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Un espectáculo hecho para la televisión: Trump saca a Putin del frío
En su primera visita a suelo occidental desde que ordenó la invasión de Ucrania, Vladímir Putin disfrutó de un espectáculo cuidadosamente preparado por Donald Trump, aunque la incomodidad no tardó en aparecer
Donald Trump recibe a Vladimir Putin durante su reunión para negociar en la Base Conjunta Elmendorf-Richardson en Anchorage, Alaska, EE.UU., el 15 de agosto de 2025
En imágenes hechas para la televisión, Putin y Trump llegaron en sus respectivos aviones presidenciales a la base aérea Elmendorf, la mayor instalación militar de Estados Unidos en Alaska, que en su momento jugó un papel clave en la vigilancia de la Unión Soviética.
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Trump esperó dentro del Air Force One hasta que Putin aterrizó, y luego volvió a esperar por él en la pista, aplaudiendo cuando vio al líder ruso por primera vez desde 2019, esta vez bajo un cielo gris pizarra y gélido.
Ambos caminaron el uno hacia el otro, sonrieron y se estrecharon la mano antes de posar juntos sobre un escenario con el cartel “Alaska 2025”.
En un gesto muy poco habitual, Putin subió a “La Bestia”, la ultrasegura limusina presidencial estadounidense, junto a Trump, antes de dirigirse a unas conversaciones que se preveía se centrarían en Ucrania.
Putin sonrió ampliamente y pareció bromear sobre su silencio a los periodistas cuando ambos iniciaron la reunión, en una sala que los anfitriones estadounidenses habían decorado con las palabras —solo en inglés— “Pursuing Peace” (“En busca de la paz”).
Putin ha reducido drásticamente sus viajes desde que envió tropas para invadir Ucrania y enfrenta una orden de arresto de la Corte Penal Internacional vinculada a la guerra. Este viernes, se vio rápidamente confrontado sobre el tema cuando un periodista le gritó, en voz alta y de forma insistente: “¿Cuándo dejará de matar civiles?”. Putin no reaccionó, y sus asesores, antes de la cumbre, buscaron imponer su mensaje, a veces de forma poco sutil.
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Protestas y turistas
Serguéi Lavrov, el veterano ministro de Exteriores ruso, rara vez visto sin saco y corbata, fue fotografiado llegando a Alaska antes que Putin con un buzo con la inscripción “CCCP” —URSS—, un recordatorio del estatus de superpotencia que Putin intenta recrear.
Altos funcionarios rusos fueron liberados temporalmente de las duras sanciones estadounidenses impuestas desde la invasión de Ucrania, lo que les permitió no solo ingresar a Estados Unidos, sino también realizar transacciones cotidianas, como retirar dinero de cajeros automáticos.
No se esperaba que Putin y Trump abandonaran la base, pero los activistas mantenían la esperanza de al menos una protesta fugaz: colocaron banderas ucranianas azul y amarillo en techos que podrían quedar a la vista si alguno de los líderes miraba por la ventanilla del avión durante el descenso.
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Los manifestantes también pegaron carteles en farolas y paredes cerca del centro de convenciones del centro de la ciudad, donde los periodistas recogían sus acreditaciones y algún funcionario ruso podía dejarse ver.
Uno de esos carteles, con un retrato de Putin, decía: “Este criminal de guerra secuestra niños”.
Con apenas una semana para prepararse desde que Trump anunció la cumbre, Anchorage quedó al límite de su capacidad: los hoteles estaban llenos de turistas con reservas previas para expediciones de pesca y cruceros costeros, que no tenían idea de que su destino veraniego se convertiría en el epicentro de la diplomacia mundial.
Periodistas rusos, incapaces de conseguir alojamiento, publicaron fotos críticas de su estadía en un estadio deportivo, donde dormían en catres separados entre sí por cortinas negras.
Los anfitriones estadounidenses ofrecieron a los periodistas rusos una selección de comidas familiares: brochetas de carne shashlik, pescado a la parrilla y, en un plato habitual para los rusos que de pronto adquiría otro significado, pollo Kiev.