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Inundaciones mortales en Texas: ¿influyeron los recortes de Donald Trump a agencias federales?
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, visitará Texas este viernes tras las inundaciones que ya dejaron al menos 91 muertos. La tragedia desató críticas al Servicio Meteorológico Nacional: autoridades locales cuestionan la falta de precisión y la demora en los pronósticos. Algunos vinculan estas fallas con los recortes presupuestarios impulsados por la administración federal, que habrían debilitado la capacidad de respuesta del sistema de alertas
Los equipos de primera respuesta buscan en un lugar donde un perro de búsqueda y rescate dio positivo en Ingram, Texas, EE. UU., el 7 de julio de 2025
Tras la conmoción inicial y el duelo, en Texas comienza a instalarse la polémica. Las devastadoras inundaciones, que ya se cobraron más de 80 vidas, abrieron un frente de críticas contra el Servicio Meteorológico Nacional (NWS, por sus siglas en inglés), acusado por autoridades locales de haber subestimado la magnitud de las lluvias, lo que habría comprometido la capacidad de respuesta de los servicios de emergencia.
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“La previsión inicial del miércoles indicaba entre 75 y 150 milímetros de lluvia en el valle del Concho, y entre 100 y 200 milímetros en la región de las colinas. Pero las precipitaciones reales fueron muy superiores y esas cifras resultaron irrelevantes”, declaró Nim Kidd, jefe de la División de Gestión de Emergencias de Texas.
“Las previsiones fueron claramente erróneas”, afirmó Dalton Rice, funcionario municipal de Kerrville, quien aseguró que en algunas zonas el agua alcanzó niveles propios de una “inundación centenaria”.
Durante el fin de semana, residentes afectados reclamaron que no recibieron alertas suficientes sobre el riesgo. Las críticas se intensificaron ante un dato político: la NOAA —agencia que alberga al NWS— ha sufrido recortes severos bajo la administración Trump. Desde su regreso al poder, el presidente estadounidense, abiertamente escéptico del cambio climático, impulsó una reorganización del aparato federal siguiendo las directrices del Proyecto 2025, una hoja de ruta de inspiración ultraconservadora.
En febrero pasado, el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), bajo la dirección de Elon Musk, ejecutó despidos masivos en varias agencias, incluida la NOAA. Según la prensa local, cerca del 10% de su personal fue cesado, lo que encendió las alarmas sobre el impacto de los recortes en la calidad de las previsiones meteorológicas.
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Fotografía de los escombros ocasionados debido a las inundaciones en el área de Kerrville, Texas (EE.UU.)
EFE
Los meteorólogos defienden al Servicio Meteorológico Nacional (NWS)
Consultado sobre una posible relación entre los recortes presupuestarios y la tragedia en Texas, el presidente Donald Trump descartó cualquier responsabilidad. “Este es un desastre como no hemos visto en 100 años”, dijo. “Es atroz lo que está ocurriendo”. Se espera que visite a las víctimas este viernes.
Aunque la polémica crece, expertos advierten que vincular directamente los recortes con el elevado número de víctimas no es tan claro. Texas, de hecho, mantiene una dotación relativamente adecuada en comparación con otras oficinas meteorológicas del país.
“El personal y los recursos eran suficientes para emitir pronósticos y alertas a tiempo”, aseguró Tom Fahy, director legislativo del sindicato del Servicio Meteorológico Nacional (NWS), a NBC News. No obstante, reconoció que dos cargos gerenciales estaban vacantes en la oficina de San Antonio y debieron ser cubiertos por otros empleados.
Meteorólogos independientes también salieron en defensa del NWS, señalando que las advertencias se emitieron correctamente, aunque la magnitud del fenómeno fue impredecible. “Predecir cuánto lloverá en una tormenta es de lo más difícil que puede hacer un meteorólogo”, explicó Chris Vagasky, consultado por Wired. “Se alertó sobre lluvias intensas, pero no se puede saber con precisión dónde caerán”.
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Fotografía cedida por la Guardia Costera de los Estados Unidos que muestra una inundación en el área de Kerrville, Texas
EFE
“Una multitud de factores”
Aunque las regiones de San Antonio y Hill Country están familiarizadas con crecidas repentinas, la tormenta del viernes fue extraordinaria. En plena madrugada, el río Guadalupe se desbordó y subió más de seis metros en pocas horas, alcanzando su segundo nivel más alto registrado. “El peor escenario posible”, definió el meteorólogo Alan Gerard, quien atribuyó la tragedia a una combinación de factores.
Entre ellos, destacó que la inundación ocurrió durante la noche, cuando la mayoría de las personas dormía y era menos probable que respondieran a las alertas. Además, coincidió con el inicio de un fin de semana largo, lo que aumentó la presencia de turistas y campistas a lo largo del río.
“El caudal del Guadalupe en Hunt, Texas, pasó de 8 a 120.000 pies cúbicos por segundo en apenas tres horas. Prácticamente de seco a desbordado. Casi inimaginable para mí”, escribió Gerard en su blog.
Las primeras alertas se emitieron a las 23:41, seguidas por advertencias más graves entre la 1:14 y las 5:30 de la madrugada, cuando muchos dormían o tenían el celular apagado. La rápida evolución del desastre dejó a cientos sin posibilidad de reacción.
Tres condados más al este, cerca de Austin, también reportaron víctimas. En todos los casos, la geología local jugó un rol clave: el terreno de piedra caliza favoreció la escorrentía y la saturación rápida del suelo, intensificando la violencia de las inundaciones, según expertos citados por NPR.
Embed - Continúan labores de búsqueda en Texas; poca esperanza de encontrar sobrevivientes de inundaciones
Fenómenos extremos más frecuentes
Aunque el Servicio Meteorológico Nacional (NWS) cumplió con su labor antes del diluvio, persiste la preocupación sobre la capacidad de las agencias federales para anticipar futuras catástrofes.
“No hay evidencia de que los recortes en la NOAA y el NWS hayan afectado las alertas actuales, pero sí nos están dejando vulnerables para lo que viene”, advirtió el meteorólogo John Morales. Más allá del personal, los científicos alertan que el debilitamiento de la infraestructura tecnológica —como los sistemas de satélites y recolección de datos— podría reducir la precisión de los pronósticos.
En mayo, el gobierno de Trump suspendió la actualización de una base de datos sobre desastres climáticos creada en 1980, tras recortar fondos a la NOAA. Esa base registraba 403 eventos extremos en EE.UU. entre 1980 y 2024, con pérdidas multimillonarias.
“Sin investigación y sin personal capacitado, las previsiones —ya sean de huracanes, tornados, incendios o inundaciones— inevitablemente se deteriorarán. Y con ellas, la capacidad de la población para prepararse”, advirtió Rick Spinrad, exdirector de la NOAA, a Reuters.
El contexto es aún más alarmante: según un informe del Programa de Investigación sobre el Cambio Climático de 2023, Estados Unidos sufre hoy una catástrofe climática severa cada tres semanas, cuando en los años 80 ocurría una cada cuatro meses.