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    La salud mental vuelve a ser el punto de quiebre en el tenis: ¿qué está pasando en el circuito?

    Casper Ruud lo ha llamado “la rueda del hámster”, un largo camino sin descanso que puede no conducir a ninguna parte. “(En el tenis) te pierdes a ti mismo”, lo definió Novak Djokovic. Viniendo de uno de los jugadores con más recursos psicológicos para evitar ese efecto, la frase es alarmante. La salud mental ha vuelto a estar en la cancha central del deporte con la temporada más larga. ¿Qué está pasando en el tenis para que muchas de sus figuras se quiebren?

    Los desafíos de salud mental se abordan de una forma más abierta en el tenis de hoy en día, y en el deporte en general. Pero ¿es posible que el repunte de casos de jugadores agotados, desmotivados o en franca crisis sea la señal de que en los circuitos de la ATP y la WTA está pasando algo más?

    La pausa de Ons Jabeur, la alarmante admisión de Alexander Zverev de haber perdido “la alegría”, confesiones como las de Andrei Rublev o Madison Keys de enfrentar depresión y ansiedad, la lucha todavía en marcha de Naomi Osaka… Las alarmas son muchas para ignorarlas, y probablemente para el tenis profesional ha llegado el momento de buscar respuestas.

    En su momento estelar, cuando llegó a las finales de Roland Garros y Wimbledon y se convirtió en la jugadora africana más exitosa de todos los tiempos, Ons Jabeur recibió el nombramiento honorario de parte del Gobierno de Túnez de “ministra de la felicidad”.

    Hoy la “funcionaria” confiesa no haberse “sentido verdaderamente feliz en la cancha por algún tiempo”, en un comunicado publicado en sus redes sociales para explicar las razones de su decisión de alejarse temporalmente del tenis.

    Jabeur sigue un camino que ya han transitado raquetas como la ex número uno del mundo Naomi Osaka, la primera en hacerse a un lado para lidiar con desafíos de salud mental, o la reciente finalista de Wimbledon Amanda Anisimova, una niña prodigio que llegó a semifinales de Roland Garros a los 17 años, solo para abandonar temporalmente el circuito cuatro años después.

    “Fue la derrota más dura de mi carrera porque emocionalmente me destruyó”

    En el caso de Jabeur, el agotamiento ha jugado un papel fundamental en esta decisión, que sigue a un largo periodo de resultados decepcionantes y lesiones, pero hay algo más que desilusión por la pérdida de nivel competitivo.

    En el documental ‘Esta soy yo’, Jabeur confesó haber quedado “devastada” por su derrota en la final de Wimbledon de 2023, porque el resultado desbarataba los planes personales que había trazado junto a su esposo y preparador físico Karim Kamoun.

    “Si gano esa final, podría tener un bebé de inmediato. Y ese sueño se desvaneció. Me atormentaba el miedo”, admitió Jabeur en un segmento del documental. "Fue la derrota más dura de mi carrera porque emocionalmente me destruyó, no solo (por no) ganar Wimbledon, sino que la idea de tener un bebé se desvaneció”.

    La sensación de haberse “quemado” en el circuito privó al tenis femenino de su estrella más brillante en 2022, cuando la número uno del mundo Ashleigh Barty se retiró apenas a los 25 años, dos meses después de ganar el Abierto de Australia.

    “Ya no siento el impulso físico, el deseo emocional y todo lo que se necesita para desafiarte a ti misma en lo más alto del ranking. Estoy agotada”, le confesó a su amiga y excompañera de dobles Casey Dellacqua en una entrevista.

    La primera ronda de Wimbledon arrojó una eliminación inesperadamente temprana para el número tres del mundo, Alexander Zverev, quien confesó sentirse “solo”, “vacío” y ser incapaz de encontrar “alegría” ni en el tenis ni fuera de él.

    Esa ha sido la más alarmante campanada, viniendo de un hombre normalmente tan sólido que fue capaz de soportar el rigor del circuito e incluso llegar a la final de Roland Garros, mientras respondía a un juicio por violencia doméstica, tras la denuncia de una exnovia.

    Un camino demasiado largo

    Además de Anisimova, que pasó ocho meses fuera del circuito, recientemente se han tomado pausas el noruego Casper Ruud (para “buscar ayuda”, como él mismo lo reconoció), y el finlandés Emil Ruusovuori, que compartió en un honesto y emotivo artículo su lucha contra ataques de pánico que lo han sorprendido incluso en la cancha.

    “Realmente no hablaba de ningún problema de salud mental porque lo veía como una debilidad. Esa es quizás la palabra clave. Era algo que sentía que no existía en los deportes y permitir que alguien me viera vulnerable era demostrar que no era lo suficientemente fuerte”, confió Ruusovuori en el portal de la ATP.

    Madison Keys y Andrei Rublev han hecho público recientemente que asisten a terapia. Para la estadounidense, ha sido una forma de ir más allá del entrenamiento psicológico meramente deportivo, un viaje íntimo que la hizo suficientemente fuerte para ganar en Australia su primer Grand Slam a los 30 años, y para impulsar iniciativas más allá del tenis, como su fundación benéfica Kindness Wins.

    Para el ruso, ha sido un camino mucho más desafiante, porque al igual que Osaka y la española Paula Badosa, ha reconocido enfrentar problemas de depresión y ansiedad, y haber estado viviendo “en un bucle, perdido en mí mismo, durante un par de años”.

    Novak Djokovic, probablemente una de las mentes más fuertes del circuito, hizo recientemente una cruda disección de la forma en que el tenis profesional puede detonar este tipo de conflictos internos.

    “El tenis tiene la temporada más larga de todos los deportes mundiales”, recordó en respuesta a una pregunta sobre salud mental durante una rueda de prensa en Wimbledon. “Es individual: no hay sustitutos. Aquí cada punto cuenta, cada día cuenta. Si quieres llegar alto tienes que transformar tu vida al servicio del tenis. Te pierdes a ti mismo”.

    La temporada tanto en la ATP como en la WTA comienza en enero y termina los últimos días de noviembre. Los jugadores quedan atados a los torneos porque deben defender los puntos de la edición anterior para no caer en el ranking, y son penalizados cuando no participan en el número reglamentario de eventos obligatorios.

    Algunos, como Djokovic, han logrado sustraerse a esa dinámica. El serbio solo compite en los Grand Slams y algunos eventos seleccionados del resto del circuito, pero no es un lujo que puedan darse jugadores que deben responder a compromisos con patrocinadores o que necesitan los premios para afrontar el resto de la temporada.

    “No hay descanso prácticamente en el año, vives en hoteles con torneos alrededor del mundo, cambios de horario, superficie, clima, alimentación, cultura, sin una estructura realmente fija. Eso genera un desgaste físico y mental”, explica Diego Dinas Garay, especialista en psicología deportiva. “Estar lejos de la familia, los amigos, o incluso el psicólogo, limita las posibilidades de descarga emocional sana y estable. Y lo virtual no reemplaza la contención afectiva presencial”.

    Redes sociales y apuestas: una nueva realidad

    En su diagnóstico, Djokovic también se refirió a atletas jóvenes “empujados demasiado pronto a un profesionalismo estricto, antes de que hayan desarrollado inteligencia emocional, que es parte de la preparación psicológica para la vida”, y habló del impacto de las redes sociales, que “dictan en gran medida el estado de ánimo y el ritmo diario de un atleta”.

    Esas redes se han inundado de insultos, amenazas y descalificaciones de una forma alarmante en el mundo del tenis, uno de los deportes donde los jugadores son más individualmente vulnerables a ataques de todo tipo.

    Hubo tiempos en que esa fragilidad se manifestaba en atentados personales, como el dramático apuñalamiento de la ex número uno del mundo Monica Seles en plena cancha en 1993, o los abucheos que el propio Djokovic ha enfrentado, tras los cuales ha terminado enredado en debates con el público.

    Hoy hay maneras casi igual de perturbadoras y mucho más invasivas de hacerse presente en la vida de un atleta.

    Omar Jasika, un jugador australiano que ni siquiera está entre los 200 primeros del mundo, fue víctima de amenazas de muerte y recibió por Instagram fotos de un arma con mensajes de que debería usarla para darse “un disparo en la maldita cabeza”. Fue después de perder en el Challenger de Guangzhou en China.

    ¿Por qué una raqueta del montón en un torneo de menor categoría era objeto de tales hostilidades? El fenómeno de las apuestas deportivas, que cada día cobra más relevancia en el tenis, ha convertido un resultado aparentemente intrascendente, en el gatillo de ataques completamente desproporcionados.

    Un informe publicado en junio por la WTA y la Federación Internacional (ITF) reveló que 40% de las publicaciones abusivas en redes sociales dirigidos a tenistas durante 2025 provenían de apostadores frustrados por resultados adversos, pero esa cifra sube a 77% cuando se analizan mensajes directos en las cuentas de los jugadores.

    Analistas humanos y herramientas de inteligencia artificial han permitido al servicio Threat Matrix recopilar estadísticas para ayudar a combatir el abuso en línea, que la WTA y la ITF han identificado ya como un problema que requiere atención inmediata.

    Jugadores como el francés Gael Monfils y la británica Katie Boulter han denunciado públicamente este tipo de ataques, que podrían estar incidiendo en la salud mental de tenistas de todos los niveles del circuito.

    Tener un usuario en Instagram o TikTok no es una banalidad para un atleta del tenis. Sus cuentas deben mantenerse abiertas, sin filtros para los mensajes directos y los comentarios, porque dependen en gran medida del impacto de estas para conseguir patrocinantes y otras alianzas comerciales.

    “El problema no es solo la crítica, sino el volumen y la constancia”, explica el psicólogo Dinas Garay. “Antes ésta venía de un entrenador o del entorno inmediato, tal vez del periodismo. Pero ahora cualquier persona puede emitir una opinión mal intencionada, cruel o destructiva… y llega directo al atleta. Un mal partido continúa en las redes, donde cientos o miles de personas opinan sin filtro sobre su vida, su cuerpo, su carrera y su valor como persona”.

    La WTA y la ITF emitieron un comunicado en el que hicieron “un llamado a un diálogo constructivo con la industria del juego para ayudar a abordar este tema”.

    Jessica Pegula, miembro del Consejo de Jugadoras de la WTA se unió a ese llamado: “Es hora de que la industria del juego y las empresas de redes sociales aborden el problema en su origen y actúen para proteger a todos los que enfrentan estas amenazas”.

    Las amenazas a la salud mental siguen siendo un monstruo de muchas cabezas en el tenis. Tal vez ha llegado el momento de que deje de ser tratado como el esqueleto en el armario del circuito.

    FUENTE:FRANCE24

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