El Mundial suele medirse en goles, figuras y sorpresas deportivas. Pero, mientras la pelota rueda, también ocurren otros fenómenos mucho menos visibles. ¿Puede un partido alterar el rendimiento en el trabajo o en las aulas? ¿Influye en el estado de ánimo colectivo? ¿Modifica los niveles de violencia o el consumo? Aunque durante unas pocas semanas todo parece girar alrededor del fútbol, sus efectos alcanzan ámbitos que, a primera vista, poco tienen que ver con el deporte.
Uno de los trabajos más citados, realizado por investigadores de las universidades de Lancaster y Liverpool sobre los efectos de los mundiales de 2002, 2006 y 2010 en Inglaterra, analizó miles de denuncias policiales y encontró que los casos de violencia doméstica aumentaban un 26% los días en que la selección inglesa empataba o ganaba, y un 38% cuando perdía. Además, la frecuencia de las denuncias tendía a crecer a medida que avanzaba el torneo.
Esta correlación fue también observada en investigaciones más recientes. Un estudio basado en ocho años de registros policiales en el área de Mánchester detectó que las denuncias disminuyen mientras se disputa el partido, pero aumentan en las horas posteriores, con un pico alrededor de 10 horas después del pitazo final.
Educación
En el plano educativo, el torneo también ha sido objeto de análisis. Un estudio de Robert Metcalfe, Simon Burgess y Steven Proud, basado en datos administrativos de Inglaterra, analizó cómo la coincidencia entre los partidos y los exámenes puede influir en los resultados escolares.
Los investigadores encontraron una caída promedio del 12% en la probabilidad de alcanzar el benchmark de desempeño en los exámenes durante el período del Mundial, especialmente en aquellos estudiantes con mayor interés en el fútbol, lo que sugiere una relación directa entre la atención desviada hacia el torneo y el esfuerzo académico.
En términos generales, el estudio interpreta el fenómeno como una reducción temporal del esfuerzo de estudio más que como una pérdida de capacidad cognitiva.
Estado de ánimo
El Mundial actúa como un acelerador emocional, condensando en pocos días experiencias de alegría, tensión y decepción que, fuera de ese contexto, estarían más dispersas en el tiempo. La victoria de una selección suele producir aumento de la sociabilidad y mayor percepción de optimismo general, mientras que las derrotas decisivas pueden asociarse a irritabilidad e incluso a duelo simbólico.
Durante Brasil 2014, por ejemplo, investigaciones basadas en análisis de redes sociales y reportes de bienestar en Europa y América mostraron variaciones significativas en el tono emocional de las publicaciones digitales tras los partidos, con aumentos de expresiones de alegría en victorias y caídas abruptas tras eliminaciones.
También se ha observado que estos eventos refuerzan fenómenos como el basking in reflected glory (el orgullo de sentirse parte de un equipo ganador), lo que explica por qué las victorias pueden elevar momentáneamente la autoestima colectiva incluso entre quienes no son seguidores habituales del fútbol.
Vida sentimental
Mientras millones de personas organizan su agenda en función de los partidos, otros aprovechan ese mismo calendario para vivir encuentros fuera de la rutina. Un informe de la plataforma de citas extramatrimoniales Second Love, basado en la actividad de más de 2 millones de usuarios en América Latina y una encuesta entre sus miembros, detectó un aumento del 25% en el registro de mujeres durante las semanas previas al Mundial 2026.
Según el relevamiento, el 65% de las usuarias aseguró que aprovecharía el torneo para concretar una aventura amorosa o reencontrarse con un amante. Además, el 68% de las mujeres y el 70% de los hombres consultados consideraron que el Mundial facilita este tipo de encuentros, ya sea porque las parejas permanecen concentradas en los partidos o porque las rutinas habituales cambian durante esas semanas.
Entre las mujeres consultadas, las principales razones para buscar una aventura extramatrimonial durante el Mundial fueron la monotonía en la relación, la falta de atención, las carencias afectivas y la escasa actividad sexual. Del lado de los hombres, apenas el 15% afirmó que dejaría de ver un partido para encontrarse con una amante.
Productividad
Cuando una selección juega, se alborota la oficina: disminuye la productividad, aumentan las pausas en la jornada y se reorganizan los horarios de trabajo para seguir los partidos.
Uno de los trabajos más citados, realizado por investigadores del Institute of Labor Economics (IZA) a partir de Sudáfrica 2010, concluyó que los encuentros causan una reducción temporal de la actividad laboral, ya que los trabajadores destinan parte de su tiempo a mirar o comentar los partidos.
La evidencia también surge del comportamiento digital. Durante ese mismo Mundial, distintos informes sobre tráfico de internet (como los elaborados por Akamai y Arbor Networks) registraron caídas de hasta el 45% en el tráfico hacia sitios vinculados al trabajo mientras se disputaban partidos relevantes, al tiempo que el consumo de contenidos deportivos se disparaba.
Además existe un fenómeno conocido informalmente como “resaca mundialista”: trabajadores que faltan o llegan tarde después de partidos nocturnos o eliminaciones dolorosas.
Sueño
Cada cuatro años, millones de hinchas modifican sus rutinas para ver partidos en vivo o interrumpen el sueño, lo que produce un fenómeno similar al jet lag (un desajuste entre el reloj interno y los horarios cotidianos).
Durante Brasil 2014, un análisis de datos de sueño de cerca de 1 millón de usuarios de la plataforma Jawbone mostró cambios en los patrones de descanso durante el torneo, con retrasos en la hora de acostarse en los países donde los partidos se emitían de madrugada. Otras investigaciones sobre grandes eventos deportivos encontraron que estas alteraciones pueden traducirse en menor concentración, más fatiga y cambios en el estado de ánimo al día siguiente.
Natalidad
Después de casi todas las ediciones de la Copa del Mundo circulan noticias sobre supuestos baby boom nueve meses después del torneo. Sin embargo, las investigaciones científicas muestran resultados mucho más matizados.
Una revisión publicada en 2022 en BMJ concluyó que no existe evidencia consistente de un aumento generalizado de nacimientos tras un Mundial. En algunos lugares se registraron incrementos puntuales —como ocurrió en ciertas regiones de España tras el título en 2010—, pero en la mayoría de los países el efecto no apareció o fue demasiado pequeño para atribuirlo al torneo.
En cambio, sí se observaron cambios en los nombres elegidos para los recién nacidos. En provincias argentinas como Santa Fe y Mendoza, la cantidad de bebés llamados Lionel —por Lionel Messi— se triplicó o aumentó hasta un 700% tras el Mundial de Catar 2022, hasta representar a uno de cada 70 recién nacidos.
Más insólito es lo que ocurre en Perú. A raíz del furor por Erling Haaland, el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil informó que 593 recién nacidos llevan de nombre el apellido del delantero noruego.
Consumo
Supermercados, bares y comercios registran picos de demanda antes de los partidos, impulsados por las reuniones entre amigos y familias. En Uruguay, un relevamiento de Scanntech detectó que, cuando juega la Celeste, las ventas de la denominada “canasta mundialista” aumentan 123%, con fuertes subas en productos como snacks, cerveza, pizzas y hielo.
El fenómeno también modifica los momentos de consumo. En el caso uruguayo, se observó que la mayor concentración de compras se produce en las horas previas al inicio del partido, mientras que durante el encuentro cae la actividad comercial. Además, los consumidores optan por envases familiares y productos pensados para compartir, lo que refleja que el Mundial no solo cambia qué se compra, sino cómo se organizan las reuniones.