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    Actas del Tribunal de Honor, un relato naturalizado del terror que aporta datos tomados “con pinzas” para unos 15 casos de DDHH

    Son relatos del horror, contados con la naturalidad de lo repetido demasiadas veces. Más allá de lo que trasuntan informativamente las actas del Tribunal de Honor Militar que juzgó entre abril y junio de 2018 a José Nino Gavazzo, Jorge Silveira y Luis Maurente, el expediente de 702 páginas refleja un paisaje del infierno. Como lo sintetizó una fuente del Poder Judicial que analizó su contenido: “Hay que tener estómago para leer esto”.

    Las explicaciones de los militares sobre su participación en el llamado “segundo vuelo”, para lo que fueron citados a declarar ante el tribunal militar, derivaron en sus respuestas hacia una quincena de causas relacionadas con violaciones a los derechos humanos, dijo al portal Ecos y confirmó a Búsqueda el fiscal especializado en Delitos de Lesa Humanidad, Ricardo Perciballe.

    El viernes 5, una vez recibido y estudiado el expediente reservado que le hiciera llegar el fiscal de Corte, Jorge Díaz —a su vez remitido a éste por Presidencia de la República—, Perciballe presentó escritos en distintos juzgados del país —dos en el interior y el resto en Montevideo— para obtener las actas sobre “más de 15 casos”, y evaluar el aporte de las confesiones.

    Las revelaciones ya desataron una grave crisis militar luego de la publicación, el 30 de marzo por El Observador, referida a la muerte y el hundimiento en el río Negro del cuerpo del militante tupamaro Roberto Gomensoro, en 1973, y de la desaparición del también tupamaro Eduardo Pérez, conocido como “el Gordo Marcos”, fallecido presuntamente en 1974 en el cuartel de Artillería N° 1, luego que le arrojaran una bomba de gas en su celda.

    Sin embargo, según el fiscal de Lesa Humanidad, esta revelación —que terminó en el descabezamiento de las autoridades militares y el cambio de autoridades del Ministerio de Defensa— debe tomarse “con pinzas” y no será “la llave” de las investigaciones, por entender que “la mayoría de las cosas” relatadas por los militares en las actas “ya eran conocidas”.

    “Esos elementos por sí solos no son nada, vienen a ser un indicio o pieza más dentro de la investigación”, explicó Perciballe a Búsqueda.

    Según el fiscal de Lesa Humanidad, las revelaciones en las actas del Tribunal de Honor Militar deben tomarse “con pinzas” y no serán “la llave” de las investigaciones, por entender que “la mayoría de las cosas” relatadas por los militares “ya eran conocidas”.

    “A mí (lo que dicen Gavazzo y Silveira) no me sorprende en nada, porque, al menos desde la Fiscalía, estaba claro que la muerte de Gomensoro había ocurrido en Artillería 1 y que allí el segundo jefe era Gavazzo; o sea, que esto no cambia mucho las cosas”.

    “Lo sustancial es que hay oficiales del Ejército que admiten estos hechos y que se puede reabrir el caso Gomensoro”, sostuvo el fiscal. El expediente está en un juzgado de lo Contencioso Administrativo, donde se tramita un reclamo económico del excoronel Juan Carlos Gómez contra el Estado. Gómez estuvo tres años y medio preso por el asesinato de Gomensoro por falso testimonio, sin responsabilidad en la muerte del militante tupamaro.

    Sobre la causa de la desaparición de Eduardo Pérez, la versión que surge de las actas del Tribunal de Honor también “coincide” con lo ya declarado por otros testigos. “Claro que ahora hay un admisión de hecho por parte de los oficiales que estaban en el lugar. ¿Es poco o mucho? No lo sé, eso habrá que valorarlo en el contexto”, comentó el fiscal.

    Perciballe señaló que la aceptación de estos hechos por sí sola “no hace plena prueba” y precisó que se trata de confesiones ante un Tribunal de Honor militar. “Sería bueno que ellos lo admitieran en la Justicia”, dijo, y también afirmó: “Esto es complejo, no es blanco y negro, no es tan sencillo. Por todo esto hay que tomar lo que dicen con pinzas, porque lo dicen en determinado ámbito y no sabemos por qué lo dicen”.

    “El mal menor”.

    Entre el 10 de abril y el 13 de junio de 2018, Gavazzo y Silveira, militares retirados y caras visibles de la represión durante la última dictadura (1973-1985), se dirigieron dos veces cada uno al Comando General del Ejército para declarar ante el Tribunal de Honor conformado por los generales Gustavo Fajardo, Alfredo Erramún y José González. El exmilitar Maurente declaró solo en una oportunidad. Gavazzo y Silveira fueron pasados a reforma.

    El primero en declarar fue Gavazzo. Al ser preguntado si conocía algún caso de detenidos que hubieran “perdido la vida” en los “interrogatorios” en los que él había participado, empezó diciendo: “No. Yo lo que sé no es lo que he declarado ante la Justicia, porque no lo puedo declarar, aunque soy consciente de que lo que estoy declarando acá va a terminar en manos de la Justicia”.

    Y pasó a contar que en 1973 fue detenido el “jefe militar” del Movimiento de Liberación Nacional (MLN). Si bien en abril Gavazzo no reveló el nombre de esta persona –y, según las actas, el tribunal tampoco se lo preguntó–, el hecho relatado coincide con la muerte y posterior desaparición de Roberto Gomensoro.

    “Dije que lo dejaran esposado con custodia en una silla. En una silla común, ¿no? Y al otro día de mañana me avisan que el hombre había fallecido”, relató. “No se lo había interrogado, prácticamente no se lo había interrogado —continuó Gavazzo—. Se le habían hecho preguntas banales y no había motivo de su fallecimiento. No tenía una lastimadura en el cuerpo”.

    Explicó que por “temas de desprestigio del Ejército no podía darse a conocer que había fallecido un hombre en un cuartel. Porque iban a decir que lo habíamos matado. Y no fue así”. El entonces general Esteban Cristi dio la orden de que “tiraran” el cuerpo en el río Negro. “Recibí la orden (de) hacerlo yo. Lo hice yo”, dijo.

    “A mí (lo que dicen Gavazzo y Silveira) no me sorprende en nada, porque, al menos desde la Fiscalía, estaba claro que la muerte de Gomensoro había ocurrido en Artillería 1 y que allí el segundo jefe era Gavazzo; o sea, que esto no cambia mucho las cosas”.

    Meses después, en junio de 2018, el propio Gavazzo admitió que fue él quien arrojó el cuerpo sin vida de Gomensoro al río Negro en 1973, como informó El Observador en marzo. “Yo lo cargué en el vehículo, yo manejé el vehículo, yo lo llevé al lugar, lo bajé, lo puse en un bote y lo tiré del bote. Yo solo”.

    En su declaración ante el Tribunal de Honor de mayo de 2018, el coronel retirado Silveira también habló sobre el caso de Gomensoro: “Murió en el Grupo de Artillería 1 y lo tiraron en el río Negro. Gavazzo”, apuntó. “Sabemos que se le muere a Gavazzo (…) y Gavazzo se lo lleva a Paso de los Toros”.

    Ante el Tribunal de Honor, Gavazzo también admitió que mintió ante la Justicia civil sobre cómo fue la desaparición de Gomensoro para no afectar a sus exsubordinados. El militar explicó que su decisión fue tomada por “lealtad” hacia sus camaradas, ya que si él admitía que Gomensoro había muerto mientras estaba detenido en el grupo de Artillería 1 y que él mismo había arrojado su cadáver en aguas del río Negro, había “muy alta probabilidad de que procesaran a varios oficiales de esa repartición, que tampoco nada tenían que ver con la muerte. (…) Es decir, tuve que elegir entre la posibilidad de un mal mayor y uno menor”.

    Consultado sobre “cómo fue sepultado el Gordo Silvera”, Gavazzo dijo: “Era un hombre muy grande y muy fuerte y se desacata y empieza a golpear al personal. (…) Entonces lo que yo hice fue tirar una granada de gas lacrimógeno para donde estaba él. (…) Él cayó en ese momento, lo atendieron y (...) le costaba respirar”. Dijeron que era asmático, contó, y agregó: “Quedó internado en el Hospital Militar. Al cuartel, que yo sepa, no volvió. Yo no lo enterré”.

    Vuelos y bebés.

    En su declaración de abril, Gavazzo negó, además, la existencia del llamado “segundo vuelo”: el traslado a Uruguay de más de una veintena de uruguayos desaparecidos, secuestrados en Argentina, que fue confirmado por la Fuerza Aérea en un informe presentado al presidente Tabaré Vázquez en 2005. “Ese vuelo no existió. Es falso”, dijo.

    Luego explicó: “Ellos (los argentinos) al enemigo lo mataban. Nosotros no, ¿verdad?”, aseguró, y planteó: “¿Qué sentido tiene que de la Argentina, donde los mataban a todos, trajéramos una cantidad equis de personas para matarlas acá?”, dijo ante el tribunal. “Si nosotros hubiéramos tenido la necesidad militar o fuésemos unos sádicos que los queríamos matar, los matábamos allá, pero no los traíamos a Uruguay a matarlos acá. Eso es lo que sé”.

    Preguntado sobre si “en el marco de las operaciones” conoció casos de menores de edad que hubieran quedado huérfanos o alejados de la custodia de sus padres, contestó: “No, no sé nada. Conozco un solo caso. Sí, conozco un solo caso. Que es el del hijo de una mujer que se llama Sara Rita Méndez”, secuestrada en 1976, y que tenía un hijo de días cuando fue detenida en Buenos Aires, Simón Riquelo, que apareció en 2002.

    Gavazzo contó que él participó en su captura “porque ella sabía dónde estaba la bandera de los Treinta y Tres Orientales que habían robado del Museo Histórico Nacional”. Y relató que en medio de ese operativo vio al hijo de Méndez. “Yo no supe nunca qué pasó con ese niño. (…) Pero después, con el tiempo, especialmente después del 85, el caso ese se volvió emblemático y lo usaron diciendo que había sido yo el que había robado el bebé, ¿no?”.

    El “obsequio”.

    En otro pasaje de su declaración, Gavazzo describió un encuentro en Buenos Aires con el líder del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP), Alberto Cecilio Mechoso Méndez, en 1976. Según su relato, el jefe del PVP le contó que la organización tenía mucho dinero debido al secuestro de un industrial “holando-judío-argentino”, por quien había solicitado un rescate de US$ 10 millones. “Después de explicarme eso me dijo que él sabía dónde había cinco de esos diez millones de dólares, pero que él solamente los iba a entregar si se le aseguraba que la familia de él no iba a ser objeto de ningún tipo de represalia”, narró.

    Resultó que “los cinco millones” estaban en la casa de Mechoso Méndez, siempre según el relato de Gavazzo. Allí pidió que contaran los billetes. “Bueno, los argentinos se llevaron el dinero”. Al otro día viajaría en avión junto con Mechoso Méndez, su esposa y sus hijos de vuelta a Montevideo. Pero “Mechoso no está más ahí”. Entonces subió al avión y enseguida le pidieron que bajara. “Me encontré con dos desconocidos, nunca los había visto, me entregaron un portafolios”. Otra vez en el avión, abrió el portafolios: “Vi que era dinero”.

    Ya en Montevideo se dirigió al despacho del entonces teniente coronel Juan Antonio Rodríguez Buratti. “Dada la cantidad tan grande de dinero se decidió llevarlo directamente al despacho del general y que él, en presencia de él, se contara y se dispusiera lo que él disponía”.

    “El general lo contó, había US$ 1.200.000 y los guardó en la caja fuerte y después...”. Gavazzo detuvo ahí su relato, dio otros detalles, pero no dijo qué pasó después.

    “Los huesitos”.

    A su turno, Silveira dijo ante el Tribunal de Honor que en 2005 trabajó en la búsqueda de los restos de María Claudia García, nuera del poeta Juan Gelman, dado que les habían dicho que si daban “los huesitos del caso Gelman” se solucionaba “todo el tema” de los derechos humanos. “Yo empiezo a trabajar. A tratar de ver quién... quién tenía los huesitos de Gelman, quién tenía que ver con los huesitos de Gelman”.

    “Nadie nos decía nada y teníamos un dato que (el exmilitar Ricardo) Arab podía saber algo”, afirmó. Silveira contó que el coronel retirado Ernesto Ramas le dijo que hablara con Arab, que éste le debía unos “favores bárbaros”, y que participó en una reunión entre Gavazzo, (el coronel Victorino) Vázquez, (el coronel retirado Juan) Rodríguez Buratti, Arab y Ramas en la casa de sus hijos, donde se dio una discusión entre Ramas y Gava­zzo, y que finalmente este ordenó que llevaran el cuerpo de María Claudia al Batallón 14.

    “Yo nunca había sentido el nombre de Gelman”, dijo Silveira, y también dijo que cuando ya estaban por caer presos, Gavazzo llamó a Ramas por teléfono y le avisó: “Explotó lo de Gelman”. Y que luego Gavazzo le dijo: “Sí, el traidor es Ferro, hay que matarlo. Bien cosa de Gavazzo de...”.

    Una vez preso, Silveira habló con el excomandante del Ejército, Ángel Bertolotti, y le pidió que “arreglara” las cosas porque ni él ni Ramas tuvieron “nada que ver” con la desaparición de Gelman. En respuesta, el general le dijo que el presidente Vázquez se limitó a un “que lo pruebe la Justicia”.

    “Nos metieron, nos metieron y nadie nos ha sacado. Hace doce años que estoy preso, doce años con un desequilibrio psíquico ya... que ya no aguanto más”, dijo Silveira. “Cuidado, yo actué en la subversión, combatí en la subversión, pero no maté, no maté, a mí nadie me dio la orden de ajusticiar a nadie. (…) No estoy hablando de que yo soy ningún santo, he cometido errores personales de todo tipo, pero en la lucha contra la subversión fui bueno, actué bien y estaba en operaciones”.

    “No raptábamos niños, no matábamos a los prisioneros, que quede bien claro (...) no matábamos gente, no fusilábamos. Si en algún momento a alguien se le fue un preso en un interrogatorio, fue por un problema de una enfermedad o algo por el estilo”, dijo.

    Silveira también inculpó a Gavazzo por la muerte de Gomensoro y dijo que “hubo un fallecido en Artillería 1, que Gavazzo lo gaseó”.

    “El presidente de la República, Vázquez, pide el informe a los comandantes en jefe, ahí yo le doy los datos de este Silvera (sic)”, dijo el exmilitar en mayo.

    Ángel Bertolotti

    “Sin nombres”.

    En el expediente del Tribunal de Honor también aparece una declaración del excomandante Bertolotti ante un juzgado penal en junio de 2007. Allí aseguró que el presidente Vázquez dio la orden de dejar por fuera de la ley de caducidad los casos Gelman, Zelmar Michelini y Héctor Guitérrez Ruiz. “La orden fue explícita y directa, queda fuera de la ley de caducidad la nuera de Gelman. Me pidieron que averiguara todo lo que yo pudiera averiguar. También sobre Michelini y Guitérrez Ruiz y luego hechos y sucesos de la Comisión para la Paz”, dijo Bertolotti.

    Informó que previo a asumir como comandante mantuvo una reunión informal en la que participaron su antecesor, Vázquez y Gonzalo Fernández para “provocar una transición normal entre un gobierno no tradicional y un nuevo gobierno” a partir de marzo de 2005.

    Ya siendo presidente, Vázquez citó a los tres comandantes en su clínica y les dijo que su idea era “no tocar la ley de caducidad” y “aplicar en algunos casos el artículo 4”, contó Bertolotti. “La orden que existía era la de no comprometerme con dar nombres ni responsables y que todo estaba dentro de lo que había estudiado la Comisión para la Paz”.

    “Nunca me dieron una orden concreta, solo comencé a investigar dentro del Ejército, lo que hice fue facilitar información y demostrar la disponibilidad del Ejército y querer aclarar los hechos y sucesos en las condiciones que dijo el presidente: ‘Sin nombres’”, aseguró Bertolotti.

    “Nunca me pidieron nombres, ni culpables ni cabezas ni víctimas y yo nunca se los di”, afirmó.

    En agosto de 2005, Vázquez acompañado de Bertolotti anunció en conferencia de prensa que había un “99% de probabilidades” de encontrar el cuerpo de María Claudia García de Gelman en el Batallón 14; pero no apareció. Bertolotti aseguró ante la Justicia civil: “Es evidente que todo lo que yo informé puede no ser la verdad total. Yo pedí información (…), cada uno dijo su verdad a su manera y algunos no dijeron nada”.

    Información Nacional
    2019-04-11T00:00:00

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