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Dos matemáticas acusaron al grado 5 Martín Sambarino de acoso sexual y otras cuatro académicas describieron comportamientos inadecuados de parte de docentes con estudiantes e investigadoras jóvenes. Todas coincidieron en que la comunidad matemática “naturaliza” esas prácticas y que el silencio y la complicidad de otros docentes permiten que ocurran esas situaciones.
Los docentes que firmaron la carta —entre los que se encuentra el exrector de la Udelar Roberto Markarian; el director del CMAT, Iván Pan— criticaron que el artículo “agravia al conjunto de la comunidad matemática uruguaya”. Sostuvieron que en el ámbito universitario los académicos no se dividen con facilidad en las categorías de “docente” y “estudiante”, y que el amor por la Matemática hace que los estudiantes se sientan “en casa”, por lo que eligen pasar más tiempo con compañeros y profesores. “Los matemáticos tenemos cierta tendencia, quizás equivocada, a creer que esta pasión compartida por nuestra disciplina puede trascender las diferencias jerárquicas”, escribieron.
“Es en estos momentos en que se diluyen las barreras de los cargos y de los grados que se genera un ambiente fecundo de intercambio de ideas; (…) el ambiente de amistad ayuda mucho en el trabajo creativo que es hacer matemática”, dice la carta.
El grupo reconoce que la disciplina “es notoria por tener una bajísima representación femenina”, y que en ambientes masculinizados “las jóvenes susceptibles de ser víctimas de violencia de género se encuentran en un particular desamparo”.
“Hay casos concretos que nos preocupan y nos ocupan. Respecto a ellos, reafirmamos nuestro compromiso de apoyar y respaldar a quienes hayan pasado por experiencias traumáticas”, escribieron.
Sin embargo, respecto a la denuncia de la matemática Adriana Da Luz contra Sambarino, afirmaron que los tomó “por sorpresa” debido a que creían que eran “amigos entre sí” y rechazaron la “responsabilidad colectiva” que se les atribuye. “Entendemos que no nos corresponde dicha responsabilidad siendo ella una persona absolutamente autónoma y dueña de sí misma. Durante esos años, Adriana da Luz tomó decisiones serias, conscientes, propias de una persona mayor de edad”, plantearon, entre ellas, la de elegir a Sambarino como tutor de su maestría y doctorado.
“Moralina”
Tras la publicación de Búsqueda también se generaron discusiones vía correo electrónico entre integrantes de la comunidad. El docente grado 4 Rafael Potrie expresó “preocupación” y dijo que “hay mucho por cambiar y mejorar”, aunque reivindicó “la horizontalidad” en el trato: “Durante mi formación nunca sentí que alguien fuera mi jefe, y al día de hoy no me siento jefe de nadie”.
“Las horizontalidades y libertades que disfrutaron mis compañeros varones y que defienden tan fervientemente son la contracara de los abusos y atropellos a nuestras libertades que estamos denunciando”, replicó en otro correo Da Luz.
En la comunidad matemática “existió y existe un grupo grande del cual soy parte, que fusionó la educación de la Matemática con un tipo de relacionamiento entre docentes y alumnos que ciertamente puede ponerse en tela de juicio”, escribió por su parte el docente grado 3 Alejandro Paseggi. “Para ser más explícitos: se comparten fiestas, alcohol, drogas, asados, salidas, y todo lo que se asocia a un espacio de bohemia”, afirmó, y añadió: “Juzgar aisladamente a Martín por compartir fiestas, drogas con estudiantes o tener relaciones sexuales con estudiantes de la carrera es una aberración”.
La docente grado 3 Mariana Haim, una de las dos mujeres con cargos efectivos en el CMAT, escribió en su perfil de Facebook que las denunciantes, nubladas por “algún tipo de dolor”, habían sacado “cosas de contexto”, dicho otras “que no son” y criticó que se ampararan “en una moralina que ni ellas se creen”.