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Al principio, sobre finales de la década de los noventa, no había más de cinco o seis sillas ocupadas. Era algo íntimo, cerrado. De entrecasa. Un encuentro entre pocos dirigentes del Herrerismo al calor de los mediodías de enero en La Paloma en la casa del anfitrión, el dirigente rochense José Carlos Cardoso. Un reunión siempre sustanciosa para trazar los planes y estrategias para el resto del año. Y que con el paso del tiempo se fue convirtiendo en un clásico con más o menos convocatoria de acuerdo a la coyuntura política. A veces se abría para más público —se juntaban entonces en el mítico boliche Caravana—, en otras oportunidades se volvía a lo discreto.
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El último encuentro en La Paloma, en una carpa gigante montada cerca de la bahía y desbordada de gente, tuvo la impronta de un mojón. De esos eventos que pueden anotarse como hitos en una campaña. El sector Todos del Partido Nacional liderado por el precandidato blanco Luis Lacalle Pou tuvo la intención de hacer una demostración de fuerza, de estructura, de cara a las elecciones internas. Pero también se respiró aire de optimismo, de un triunfalismo sereno, con la mirada puesta, más que adentro, en el gobierno. “El exitismo en política es veneno”, les recordó Lacalle Pou a sus dirigentes y militantes. Pero todos se fueron de La Paloma rumiando la idea de que esta vez la victoria es algo que se puede empezar a palpar con una certeza que no se tenía en las elecciones pasadas.
Además de estructura, en el evento se quiso mostrar equipo técnico. Se oficializó la incorporación del director del proyecto educativo Los Pinos, Pablo Bartol, y se presentó en sociedad al expresidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), Sebastián Bauzá. Además, la exposición más técnica y menos política estuvo a cargo de quien aspira a ocupar el cargo de ministra de Economía, Azucena Arbeleche. “Vamos a jugar con nuestro plan, no vamos a jugar al achique”, prometió mientras repasaba los números que hay y los que se vienen en el marco de una “geopolítica complicada” y de “incertidumbre regional”. “Un país de oportunidades”, se leía atrás suyo en una pantalla gigante.
Cuatro años silenciosos
Cuando Lacalle Pou terminó su oratoria de casi una hora, sus principales asesores se miraban como felicitándose. Algunos comentaron que era el mejor discurso que le habían escuchado. El precandidato blanco fue moderado. Y en esa línea destacó el perfil bajo con el que han venido trabajando desde la derrota frente a Tabaré Vázquez en el 2014. “Fueron cuatro años de trabajo silenciosos”, comenzó. Su discurso giró sobre el eje del país de las oportunidades, de que los próximos cinco años no serán “chaucha“ como “algunos quieren hacer creer“. Dijo que hay debilidades y fortalezas. Y que sus técnicos se han encargado de recogerlas. Anunció que tiene un documento con ese trabajo.
También hubo espacio para las críticas al gobierno —“fracasó, se agotó, ya está en campaña y tiene que gobernar hasta el último día”— y para hacer algunos anuncios de esos de campaña. Dijo, por ejemplo, que si gana va a “renegociar todo lo que tenga que renegociar“ sobre la instalación de la fábrica de pasta de celulosa finlandesa UPM. Subrayó que no está de acuerdo en que “el gobierno le entregue todo para el bronce del presidente”. Hubo aplausos en la carpa. El otro anuncio tuvo que ver con la inclusión financiera. Aseguró que si es presidente va a derogar su obligatoriedad. También hubo aplausos. Acaso estos fueron los momentos de mayor efervescencia.
Luego el mensaje siguió cauto. Pidió controlar la ansiedad. Pero esta vez no a sus militantes. Fue un aviso para el resto de los partidos de la oposición e incluso a sus compañeros de otros sectores. Insistió en que la negociación con el arco opositor se debe hacer cuando se siente en la mesa el último de los partidos en llegar a la meta. Señaló al Partido Independiente como un actor clave en este proceso y habló de “cuidar a los futuros cooperantes“ en un gobierno de coalición. “Prudencia, paciencia”, repitió.
La espoleta de la granada
Los mensajes más incendiarios estuvieron a cargo del resto de los que hablaron. El dirigente local Carlos Tarabochia —que fue candidato a intendente por el sector frenteamplista MPP— habló de la “actitud poco republicana” del oficialismo al impedir la formación de comisiones investigadoras, y advirtió: “Vamos a un camino inexorable hacia la venezuelición del Uruguay si gana el Frente Amplio”. En la misma línea fue el senador Álvaro Delgado, quien cuestionó la falta de respuestas sobre los negocios con Venezuela y lamentó que en este período se le ha “achatado el ánimo al uruguayo”. El diputado Alejo Umpiérrez dijo que el oficialismo se va a retirar del gobierno dejando “una granada sin espoleta arriba de la mesa”. Y además pidió unidad para no desperdiciar la chance de la victoria. “Se tiene que penar con delito de lesa nación a los compañeros que ataquen al Partido Nacional”. El senador Javier García mandó un mensaje que sonó a respuesta a viejas declaraciones del líder de Alianza Nacional, Jorge Larrañaga. “Estamos prontos para ganar y gobernar”. Lo dijo dos veces alzando su voz.