—Inundaciones, un tornado en Dolores, la economía en estancamiento, hechos de violencia graves como los del Marconi, no hay petróleo, sube el desempleo, cae la aprobación del gobierno, hasta el fútbol dejó de dar satisfacciones… ¿Se imaginaba esta coyuntura antes de asumir?
—Nadie sueña con un panorama donde todas sean verdes. Esa concentración de situaciones que generan dificultades no solo no le convienen al gobierno, al Uruguay no le convienen. Algunas cosas son circunstanciales y exigen esfuerzos de emergencia, otras tienen que ver más con este mundo que no termina de serenarse, y con la región, que nunca ha sido demasiado sencilla ni predecible, pero que ha estado viviendo unos meses particularmente complejos. Uno podría decir “mal de muchos, consuelo de tontos” y, en ese sentido, si nos comparamos, el Uruguay aun con todas estas dificultades, sigue siendo un país en marcha. Sigue siendo un país que está armado y que a su vez sigue peleando por retomar sendas de crecimiento que se van a alcanzar.
—¿Confía en que se va a salir de este momento?
—No solo confío, trabajo para eso. Y como trabajo para eso, estamos promoviendo y procurando facilitar un conjunto de iniciativas que se sumen al esfuerzo que realiza el propio Estado para regenerar una situación de crecimiento económico, de generación de actividad y de generación de trabajo. Antes del envío del mensaje de Rendición de Cuentas hubo un conjunto de reuniones de parte del Consejo de Ministros para tener un intercambio a fondo de cuál era la visión que teníamos sobre el país y cuáles eran las alternativas para que esto, que puede ser tomado como un anuncio optimista, sea además un camino cierto que tenemos que empeñarnos en concretar.
—En algunos ámbitos se habla de una herencia complicada del gobierno anterior. ¿Cómo fue la herencia en este Ministerio?
—Siempre me resulta incómodo hablar de lo que he recibido porque parece que lo que uno está buscando son excusas. Me parece que lo que uno tiene que tratar de hacer es: lo que recibe, lo recibe, y si hay cosas que ajustar, corregir o proyectar, es para eso que uno tiene el privilegio de ser designado ministro. Es evidente que fue un período donde quedaron algunos déficits en materia de infraestructura y además inmediatamente de eso se viene esta situación que usted describía y que no facilita la superación de las dificultades. Pero yo prefiero concentrarme en el modo en que vamos a hacer las cosas para que al terminar este período quede en el conjunto de la ciudadanía una valoración positiva.
—El año pasado anunció una inversión en vialidad de U$S 2.300 millones para el quinquenio. Según la Rendición de Cuentas, llegaron a concretar apenas U$S 180 millones en el primer año. ¿Le preocupa el ritmo al que se avanzó?
—¡Sí, me preocupa mucho! Si le pregunta a cualquiera de los funcionarios o técnicos que trabajan conmigo le dirán que soy un insoportable porque estoy permanentemente requiriéndoles respuestas, resultados, tiempos. Es fundamental el tiempo.
—¿Por qué se pierde tanto tiempo?
—Y porque cualquier proyecto exige determinados estudios. Hay un conjunto de trámites que hay que hacer y que incluso las propias disposiciones hacen obligatorios. Esos tiempos es difícil procurar en cada paso reducirlos al mínimo. Más bien tenemos la tendencia de que en cada paso utilizamos el máximo. Eso va acumulando, va acumulando y va haciendo que muchas necesidades que el país tiene por múltiples motivos se vayan atrasando. El primer año siempre es de arranque. Si uno no tiene cosas ya en marcha y decididas es un año en que, por lo tanto, los resultados que se concretan son más pobres. Pero el asunto es que eso tiene que cambiar sustancialmente en el segundo año y en el tercer año tiene que ser un volcán en erupción.
—En este caso hay algo curioso y es que el Ministerio logró tener prontos los pliegos para este 2016 y, sin embargo, fue el sector privado el que pidió detener un poco el ritmo…
—Todos somos pecadores. Todos tenemos responsabilidad. El Ministerio no trabajó bien, las demás instancias del Estado que participaron también tienen sus responsabilidades y los particulares, porque al fin son uruguayos, también requieren determinado espacio. Entonces, cuesta y es una de las preocupaciones.
—¿Es importante mantener abierta a AFE?
—AFE es una cosa y el modo ferroviario otro. El modo ferroviario es una necesidad para el país. Creemos que va a seguir existiendo AFE, vamos a hacer lo posible, pero no es lo fundamental. Lo fundamental es que en el país exista un modo ferroviario que contribuya en el transporte de carga y que pueda hacer un aporte significativo. Eso nos obliga a ver de qué manera nos preparamos para dejar atrás un proceso de deterioro acumulativo de 30 y pico de años. Antes del 2005 se habían ensayado distintas alternativas y se había puesto una parte del ferrocarril en el Ministerio, otra allá y otra acá. Llegamos y lo primero que hicimos fue unir nuevamente todo en AFE. Trabajamos durante esos cinco años y nos fuimos diciendo que había sido una piedra en el zapato, un fracaso. Volvimos cinco años después y otro gobierno frenteamplista (el de José Mujica) había resuelto separar aquello que habíamos unido. Esta vez reflexionamos y resolvimos que no íbamos a empezar de vuelta. No queríamos cometer el error de una experiencia negativa. Por eso, pusimos el acento en que AFE sea el responsable de la infraestructura ferroviaria de todo el país y del servicio de pasajeros, y que la operadora Servicios Logísticos Ferroviarios, que se había definido pero no había hecho ni una sola factura, se pusiera en marcha. El 1º de julio del 2015 empezó a funcionar. El camino todavía es largo. Pienso que han venido sucediendo cosas positivas que además son irreversibles. El gobierno está haciendo un esfuerzo importante. Porque también en el gobierno de Mujica se había definido la necesidad de inversiones importantes que las está llevando adelante este gobierno en su totalidad. Estamos además en condiciones de tener el financiamiento necesario, cosa que no era pensable hace poco tiempo, para la adquisición de nuevos equipos y locomotoras. Hace como 30 años que el país no adquiere locomotoras. Es decir, estamos preparando la plataforma para que exista modo ferroviario.
—¿Sigue en el zapato la piedra?
—Sí. Está en el zapato. Estamos procurando sacarla.
—Uruguay en el tema puertos siempre ha tenido dificultades con Argentina. ¿La llegada de Macri le desahogó un poco la tarea en el puerto?
—Montevideo existe como puerto y Uruguay tiene un sistema portuario por Argentina. A lo largo del tiempo ha habido distintas circunstancias y en muchos períodos esas situaciones han sido de conflicto y confrontación, casi que naturalmente. Dentro de esos vaivenes los dos últimos períodos fueron muy muy duros. Hubo una defensa muy cerrada de los intereses tal como los interpretaba el gobierno argentino, confrontación y hasta la intención de bloqueo con la resolución 1108/13. La llegada de Macri afortunadamente ha cambiado sustancialmente este relacionamiento. Macri llegó con el decreto de anulación de la resolución 1108/13 y, a partir de ahí, también ha habido un diálogo fácil, abierto, de ida y vuelta, a todos los niveles. Eso no quiere decir que exista coincidencia en todos los temas. Es evidente que hay áreas donde existen intereses no exactamente coincidentes, pero hay un intercambio muy bueno.
—¿Cuántos años tiene?
—Unos cuantos.
—¿Y militando en el Frente Amplio?
—Desde su fundación y en la izquierda desde un poco antes en el Partido Comunista.
—¿No le molesta que suceda eso, que pasen dos períodos de izquierda en Argentina y las discusiones se destraben cuando llega un gobierno que no es del mismo signo que su fuerza política?
—Primero, no basta con definirse de izquierda. Yo he escuchado tantos discursos hablando de integración y mencionando a Bolívar y a Artigas y al otro día todo sigue igual y cada cual por su lado. La prueba está: fíjese América hoy, el Mercosur hoy, nuestros problemas con Brasil para pasar los camiones cisterna. Fíjese el funcionamiento de la hidrovía que estuvo cuatro años bloqueada. Las definiciones ideológicas no necesariamente tienen que ver con las relaciones entre los países porque los países, además de las definiciones ideológicas de sus dirigentes, tienen la obligación de manejar y representar otro tipo de intereses. En ese caso, no es una novedad que independientemente del signo ideológico los países pueden tener mejor nivel de entendimiento que cuando hay una coincidencia de signo ideológico. Por otro lado, ¿estamos convencidos de que todos los que se definen de izquierda son de izquierda?
—¿Usted cree que el kirchnerismo no es izquierda?
—Es evidente que el peronismo es una conformación política donde se expresa un amplio crisol ideológico. Hay expresiones de izquierda y otras que claramente no lo son. Desconocer eso sería lo mismo que desconocer las expresiones diferentes que también dan formación al Frente Amplio y yo no sé si hay algún Partido que pueda quedar aparte de estas valoraciones.
—Cuando asumió aclaró que el puerto de aguas profundas no iba a ser una prioridad pero que se iba a seguir avanzando. ¿Cómo lo están haciendo?
—La idea del puerto de aguas profundas no es un invento mío, viene de lejos, y creo que es una correcta valoración del futuro. ¡El puerto de aguas profundas hoy en el Uruguay es el puerto de Montevideo! ¡Ese es nuestro puerto! Estamos peleando ahí, por mantener un dragado uniforme, alrededor de los 12 metros, pero estamos, a su vez, habilitando la construcción de muelles a 14 o 14,5 metros. Esa es la preocupación que tenemos hoy, asegurar el rol del puerto de Montevideo como pivot del sistema portuario nacional y seguir preparando su infraestructura para no quedarnos cortos. Pero, como no solo tenemos que mirar los cinco o diez años próximos, tenemos que seguir pensando en el objetivo estratégico (de un puerto de aguas profundas). Un país que quiere ser centro de distribución regional no se puede quedar sin el instrumento principal que es tener una respuesta portuaria de acuerdo a las demandas del momento. Lo que se ha hecho en este sentido es una larga historia. Se han hecho muchas cosas y se han ido afinando algunas definiciones.
—Hasta una ley hay…
—Hay una ley, sí, pero se han ido afinando algunas cosas. Hay un mayor conocimiento de nuestra costa. Se está profundizando en este momento en ese conocimiento a través de algunos estudios que faltaban y que queremos completar. Vamos a tener en poco tiempo la oportunidad de poder, con todos estos elementos, más los nuevos estudios, abordar una nueva evaluación. Creo que en este período se va a avanzar bastante en esta materia. Es indudable que la discusión estaba contaminada de toda una serie de cosas y especulaciones y le hizo bien que bajáramos los títulos de este tema.
—¿No necesariamente va a ser en El Palenque entonces?
—Hay una ley que está vigente que dice lo que dice y que fue aprobada por el Parlamento. Yo no voy a decir otra cosa. Si tengo otra cosa que decir en algún momento la diré, pero no ahora.
—¿Le quita el sueño la sobrevivencia de Alas Uruguay?
—(Piensa unos segundos, cambia el semblante y el tono de voz) No. No me quita el sueño la sobrevivencia. Son procesos que me duelen. Esperemos que Alas Uruguay encuentre su camino y que sea el mejor de los caminos. Pero me parece que es muy difícil explicarse por qué después de la experiencia que se vivió con Pluna, y después de llegar a la decisión de cerrar Pluna, se habilitó un camino donde pese a tanto esfuerzo, tanto compromiso, tanta ilusión que puso tanta gente, desde el punto de vista de las posibilidades de desarrollo aeronáutico yo diría que prácticamente tiene poca chance. Entonces…
—Está bravo su futuro...
—Yo creo que la contribución que tengo que hacer es desearles el mejor de los éxitos y no agregar más comentarios.
[ACTUALIZACIÓN] El MPP advierte al ministro Rossi: “No es justo ni de izquierda” salir a “pegarle” al gobierno de Mujica. Lea las repercusiones AQUÍ