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José Nino Gavazzo concurrió el jueves 23 de mayo por la tarde al sanatorio del Servicio Médico Integral (SMI), en la calle Luis Alberto de Hererra, para practicarse diálisis peritoneal. A la salida de la institución médica, el exrepresor fue insultado por varios funcionarios e integrantes del sindicato del SMI que lo esperaban en la vereda. Dos personas grabaron la escena con sus celulares y subieron las imágenes a las redes sociales. En uno de los videos, se escucha a un funcionario insultar al exmlitar, ni bien baja las escaleras de la entrada principal del sanatorio, custodiado por la policía.
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“Acá viene el asesino, hijo de siete mil putas. ¡Decinos dónde están (los desaparecidos), asesino! ¡Tu perro tiene más humanidad que vos, criminal! ¡Tenés suerte de vivir en este país de impunidad, hijo de puta!”. Gavazzo respondió con su característica sonrisa, desafiante, camino al vehículo policial que lo esperaba en la puerta del sanatorio, entre abucheos, ofensas y expresiones de repudio.
Gavazzo, condenado en 2009 a una pena de 25 años de cárcel como responsable de 28 delitos de homicidio muy especialmente agravado durante la última dictadura (1973-1985), cumple prisión domiciliaria por problemas de salud, por disposición de la Justicia. Según dijeron a Búsqueda fuentes de la mutualista, el exmilitar concurrió un par de veces durante el mes de mayo al sanatorio del SMI —donde trabajan dos de sus hijas, una como administrativa y otra como médica intensivista— para realizarse una diálisis peritoneal.
Enterada de la visita de Gavazzo, la Asociación de Funcionarios del SMI (Afusmi) convocó a una asamblea urgente y resolvió adoptar medidas en rechazo a la atención médica del exrepresor, que recientemente confesó ante un Tribunal de Honor del Ejército haber arrojado el cuerpo del tupamaro Roberto Gomensoro al río Negro en marzo de 1973, previo al golpe de Estado.
El sindicato del SMI resolvió que si Gavazzo vuelve a tratarse en el sanatorio realizarán un paro sorpresivo de una hora en la institución, que tiene alrededor de 2.000 funcionarios.
Concentrados en el hall central del sanatorio, los gremialistas explicaron su posición ante decenas de funcionarios y pacientes frente al sector de afiliaciones, portando una pancarta que decía “Afusmi repudia la presencia del asesino, violador y torturador Gavazzo”, suscrita por la Federación Uruguaya de la Salud y el PIT-CNT y que luego fue colgada frente a la sede de la institución privada.
“Acá en el sanatorio se atiende José Nino Gavazzo; este personaje no es un preso común”, afirmó la presidenta del sindicato, Cecilia Iraola, el 30 de mayo, durante la asamblea informativa. “Nosotros estamos acostumbrados a tratar con privados de libertad sin ningún inconveniente. Pero este hombre es un torturador, un asesino, un terrorista de Estado, alguien que entregó niños, que violó mujeres”, dijo. Y agregó que “los presos entran acá con grilletes” y “este señor lo hace sin nada, con una pomposidad y con todo tipo de cuidados”.
Iraola también relató el impacto emocional que vivieron los funcionarios: “Es muy difícil habérselo encontrado frente a frente... Saber que una tiene que atenderlo desde este lugar de trabajadora de la salud”. “Sabemos que si nos toca atenderlo, lo debemos hacer; no por un deber de trabajo, sino por un deber como ser humano... desde el lugar de una enfermera, de una compañera de atención al usuario, una tisanera, una licenciada”, dijo la enfermera ante decenas de trabajadores y usuarios.
El sindicato resolvió además que si Gavazzo vuelve a tratarse en el sanatorio realizarán un paro sorpresivo de una hora en la institución, que tiene alrededor de 2.000 funcionarios. “Lo sentimos por sus hijas, que no deben ser estigmatizadas por ser ‘hijas de’, pero esta fue una clara provocación, porque su tratamiento se puede hacer en domicilio y, como gremio, no lo vamos a permitir, porque más allá de la objeción de conciencia, acá hay funcionarios que tuvieron familiares torturados por él y vemos que hoy se sigue moviendo de forma impune”, dijo a Búsqueda Federico Martorell, integrante de la Secretaría de Derechos Humanos del sindicato.
“¿Por qué tenemos que enfrentar esta situación tan removedora desde el punto de vista humano y emocional? Esto dinamita las relaciones laborales con funcionarios y usuarios del SMI que vivieron aquel terror, y su presencia realmente nos paralizó”, aseguró.
Objeción de conciencia
El Colegio Médico del Uruguay (CMU), que se encarga de velar por la ética y las buenas prácticas en medicina, no trató el tema puesto que no hubo ningún planteo formal. Aunque en principio, sin tener todos los elementos de juicio, desde el organismo se defendió la actitud de los profesionales. “Estamos ante un claro caso de objeción de conciencia”, dijo a Búsqueda una fuente del CMU. “Si no hay riesgo vital inmediato”, el médico a cargo del tratamiento “puede derivar al paciente”. “Lo mismo sucede cuando hay una mala relación entre médico y paciente, y entonces se coordina la atención con otro”, agregó.
“No es un caso de omisión de asistencia”, precisó el integrante del Colegio y recordó que, por definición, la objeción de conciencia es negarse a hacer algo que vaya contra sus creencias, principios éticos, morales o religiosos.
El “revisionismo” sobre la dictadura y los casos de violaciones a los derechos humanos son asuntos en los que están “comprometidos” en Afusmi. De hecho, la presencia de Gavazzo tensionó el ambiente de la institución médica privada y “movilizó a todos”, dijo a Búsqueda Héctor Dos Santos, integrante de la comisión directiva.
“Para nosotros, el objetivo está cumplido: este violador de los derechos humanos vino a atenderse acá por las hijas, porque no es socio del SMI. Un día de mayo se lo vio y se lo esperó a la salida, luego de un par de horas de diálisis, y se lo repudió de forma espontánea. Entendemos que ya no volverá más al sanatorio, porque se lo derivó al Hospital Militar”, relató este auxiliar de enfermería.
Como “medida preventiva”, según fuentes del SMI, Gavazzo empezó a concurrir desde entonces a dializarse al Hospital Militar, donde por motivos de salud estuvo encarcelado entre 2013 y 2015, hasta que en diciembre de ese año el juez Martín Gesto le otorgó el beneficio de prisión domiciliaria. La diálisis peritoneal implica la colocación de una sonda o catéter en la cavidad abdominal y llenarla de líquido limpiador.