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La última realización de Adam McKay tenía seis nominaciones a los Globo de Oro, que se estregaron el pasado fin de semana, y se llevó merecidamente el premio al Mejor actor, Christian Bale, que es en definitiva el gran atractivo de esta sátira política y tragicomedia sobre el exvicepresidente de EE.UU., Dick Cheney, aunque su trabajo es tan bueno y tan impresionante que no opaca al filme ni al resto del elenco, sino que los ilumina y les confiere una dimensión y una densidad mayores.
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Esta es la historia de un burócrata mediocre y a la vez un hábil y silencioso estratega que llegó a ser un acaudalado empresario y uno de los políticos con mayor poder e influencia de EE.UU. y, por lo tanto, del mundo. Lo hizo a través de uno de los puestos menos pensados, el de vicepresidente, y a la sombra de George W. Bush (Sam Rockwell).
La película presenta períodos clave de la historia reciente, revelando el papel que en ellos cumplió Cheney. Arranca con un epígrafe atribuido a un autor anónimo (a su vez, inspirado en un proverbio chino) que sintetiza al retratado: “Cuidado con el hombre silencioso. Porque mientras otros hablan, él mira. Mientras otros actúan, él planea. Y cuando finalmente descansan... ataca”. Hay varios recursos lúdicos, giros, extravagancias visuales y bromas ingeniosas. Como cuando Cheney, Donald Rumsfeld (Steve Carell), Paul Wolfowitz (Eddie Marsan) y David Addington (Don McManus), miembros del gabinete Bush, deciden el futuro de Irak como quien revisa el menú de un restaurante y escucha las sugerencias del mozo (Alfred Molina). O una particularmente efectiva, con Cheney y su esposa (Amy Adams) dialogando como si estuvieran en una obra de Shakespeare. Bale logra cada vez más con lo mínimo. Si bien hay maquillaje y prótesis y aumento del tejido adiposo, el hombre trabaja con todo el cuerpo, mostrando la evolución del fantasma en la Casa Blanca, a veces simplemente bajando el mentón, otras frunciendo el ceño ante la evidente señal de un nuevo ataque cardíaco. Impresionante.
El vicepresidente (Vice). EE.UU., 2018. Dirección y guion: Adam McKay. Con Christian Bale, Amy Adams, Steve Carell. Duración: 132 minutos.