El gran tema de la semana ha sido, sin duda, la presencia del presidente Orsi en Estados Unidos, donde asistió a varios eventos de alto perfil.
El gran tema de la semana ha sido, sin duda, la presencia del presidente Orsi en Estados Unidos, donde asistió a varios eventos de alto perfil
El gran tema de la semana ha sido, sin duda, la presencia del presidente Orsi en Estados Unidos, donde asistió a varios eventos de alto perfil.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa única que debe estar preocupada por tanta atención al viajero debe ser doña Carolina, presidenta (a.i.) de la República. Y eso porque nadie habla de ella, como a ella le gusta, “aunque sea mal, pero que hablen”, según se dice que sostenía el inolvidable don Eduardo Víctor Haedo (vayan al libro de historia, muchachos, solo los viejos conocimos y vimos actuar a aquel personaje que nos dejó, entre otras cosas, miles de anécdotas).
Fortunato había decidido, como tanta gente, escuchar el discurso presidencial uruguayo frente a la Asamblea de la ONU, pero en la repetición de la noche, porque a la hora que el Yama habló, él estaba trabajando.
Medio cansado, pero con la esperanza de que alguien le hubiera escrito el discurso (que Yamandú a gatas está para el discurso de la Rural del Prado, y eso con mucho esfuerzo, pero no para hablar frente a 173 jefes de Estado y delegados de todo el mundo), Fortunato se plantó frente a la tele.
—A continuación el discurso de su excelencia, el presidente de la República Oriental del Uruguay, profesor don Yamandú Orsi —dijo el maestro de ceremonias desde Nueva York.
Y arrancó el profesor, no sin antes ajustarse el nudo de la corbata, que no hay nada que le moleste más en el mundo. Eso sí, la camisa desabrochada en el botón del cuello, porque se hacen sacrificios, pero no tantos.
—Excelentísimojiexcelentísimas señorejiseñoras jefejijefas de Estado, y delegacionejextranjeras presentes —arrancó don Yamandú, con el mejor acento canario que lo caracteriza así esté hablando en un acto político en San Ramón o frente a los reyes de España. Lo que siguió fue un prolijísimo discurso lleno de términos tales como “circunstancias excepcionales, que determinan la adopción de medidas tendientes a…”, o “evolución que seguimos con la proximidad que nos requiere la profundidad inusual de los aspectos más determinantes de la coyuntura”.
Fortunato pensaba que entre el Pacha y el Jorgito le habían escrito el texto y que, salvo los furcios y “lajeses” arrastradas, que ya son moneda corriente, la cosa iba muy bien.
Pero de golpe —Fortunato ya con mucho sueño, porque aquello era un rosario de lugares comunes para quedar bien con todos, y además se le estaban cerrando los párpados— la imagen proseguía con nitidez, aunque el audio se interrumpió. Se vio a unos ayudantes tratando de devolverle a Orsi la imagen del teleprompter, para que pudiera seguir leyendo su discurso, pero no se escuchaba nada. El Yama hizo de tripas corazón, y Fortunato sentía que se estaba perdiendo lo mejor del partido, pero trató de escuchar lo que se venía.
—En fin, no sé, como con estos aparatos nunca se sabe cuándo van a dejar de funcionar —dijo don Yamandú— y la máquina de miércoles esa no me deja leer el texto de mi discurso, les diré, improvisando, lo que decía mi texto, que, ustedes saben, hay mucho conflicto en la vuelta, y nosotros, bueno, no es que no queramos asumir una postura, pero así son las cosas. Porque hay posturas que, ¿saben?, son complicadas y hay que andar con pie de plomo, revisándolas por si la cosa cambia, ¿no? Porque está muy cambiante la cosa, está, y hoy por ti mañana por mí, hay que tener mucho ojo, pero muuucho, ¿saben? Así los zapallos se van acomodando en el carro, como dicen allá en mi tierra, pero ustedes me entienden igual, ¿noverdá?
El Yamandú de siempre estaba allí, pero Fortunato luchaba con sus párpados; sí, aquello debía ser un sueño, no puede ser que…
Por fin el discurso terminó, y cientos de periodistas rodearon al presidente uruguayo preguntándole por sus futuras actividades durante su estadía. Fortunato ya soñaba, sin ninguna duda.
Orsi habló de encuentros con presidentes progresistas, como Lula, Boric, Petro, Pedro Sánchez; dijo que iban a discutir sobre democracia y le iban a hacer un homenaje al Pepe Mujica. “¿Pero no fue un guerrillero que luchó contra la democracia?”, preguntó un periodista, y Orsi le explicó que no, que había sido guerrillero, pero después se reformó y se volvió demócrata. Y agregó que iba a aprovechar la reunión en homenaje a Mujica en la Universidad de Nueva York, en el evento organizado por el Congreso Panamericano, el Foro Iniciativa Mujica y el Remarque Institute, para organizar una colecta que permita obtener los fondos para comprar la Estancia María Dolores, que cuesta como 32 palos verdes. “Ustedes se imaginarán —dijo Orsi explicando su original iniciativa—, ese campo sale muy caro, pero acá hay guita, y de la grossa, y en fija que, si hacemos una vaquita, la sacamos adelante, y hasta capaz que lo que recaudemos nos da para hacerle un estatua al prócer también, que se lo merece. Pero no le comenten nada a Trump, porque en ese ágape, o congreso, o qué sé yo, va a haber muchos demócratas, y, si él se entera de la finalidad de la colecta y que los que ponen guita son enemigos de él, es capaz de confiscarnos la visa y el pasaporte, y no nos deja volver a casa. Y yo tengo que, sí o sí, estar de vuelta antes del fin de semana, porque Peñarol se juega puntos muy importantes en el Clausura, no sé si me entienden, pero tengo compromisos ineludibles, así que sepan comprender”, agregó con énfasis el presidente uruguayo.
Luego le preguntaron si en el encuentro con los presidentes progresistas no faltaba alguno, a lo que Orsi contestó que claro que sí, que faltaban Maduro, Díaz Canel y Daniel Ortega, y que —como no podían ir a los Estados Unidos porque los metían en cana— él iba a procurar que fueran a Montevideo para un diálogo de paz, democracia y libertad, organizando un homenaje a Fidel Castro, pero que eso tomaría tiempo, claro está.
Cuando Fortunato se fue a dormir a su cama, tenía una resaca como si se hubiera tomado un litro de vino, o como si hubiera tenido una horrenda pesadilla mientras dormitaba en su sillón.