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Nada parece más importante que el futuro de nosotros mismos, los uruguayos; sin embargo, son muy pocos los que parecen haber acusado recibo de estas proyecciones tan preocupantes
Es una bomba de tiempo. Se trata de uno de los datos más alarmantes que se han conocido en los últimos tiempos. Sin embargo, parece pasar casi desapercibido. Se habló apenas unas horas de sus implicancias y fueron muy pocos los políticos de primera línea que plantearon su preocupación al respecto. Toda una señal.
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A lo que nos estamos refiriendo, con gran preocupación —por cierto—, es a la estimación de la evolución de la matrícula del sistema educativo hasta 2070 que la semana pasada presentó el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed) con base en proyecciones de población y en la Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística (INE).
La principal conclusión del trabajo es que cada vez nacen menos personas en Uruguay, y es una tendencia que se sostendrá en las próximas décadas. En 1996 hubo 58.718 nacimientos; en 2003, 50.541, y en 2015, 48.926. Desde el 2016, la cifra cae año tras año. En 2024 nacieron 29.899.
“Si entre 2016 y 2024 hubieran nacido anualmente la misma cantidad de niños que nacieron en 2015, habrían ocurrido 109.000 nacimientos más. Si entre 1997 y 2024 hubieran nacido anualmente la misma cantidad de niños que nacieron en 1996, habrían ocurrido 424.000 nacimientos más”, plantea el Ineed en el último reporte del Mirador Educativo, titulado “La matrícula de la educación obligatoria: proyección de escenarios posibles”.
El instituto estima que para 2070 la población en edad escolar será la mitad que la actual. En números, el censo de 2023 identificó 230.969 niños de entre 5 y 9 años, mientras que para 2070 se proyectan 115.225 personas con esas edades. El Ineed prevé, además, que habrá 165.000 matriculados menos desde educación inicial hasta media superior entre 2024 y 2036.
Sobre esa base, plantea algunas ideas para contribuir a “la planificación de las políticas educativas”, como cambiar las modalidades de enseñanza y también la cantidad de escuelas. Considera que se podría “aprovechar” este escenario para impartir educación media básica en escuelas urbanas adaptadas para recibir a niños y adolescentes, como pasa hoy en las rurales y en los colegios.
Bien por el Ineed. Prendió una enorme luz roja como para que todos los uruguayos nos pongamos alerta de qué es lo que nos espera en un futuro no muy lejano. Sugiere además algunos caminos posibles como para tratar de abordar, desde la educación, esta situación tan compleja que nos involucra a todos.
La educación tiene identificado el fenómeno, al menos en el aspecto técnico. Incluso, en ese rubro, puede que no sea del todo una mala noticia. En 2023, en una entrevista con Búsqueda, el director de Investigación, Evaluación y Estadística de la Dirección Sectorial de Planeamiento Educativo del Consejo Directivo Central en la Administración Nacional de Educación Pública, Andrés Peri, dijo que no había que “asustarse” por la caída de la matrícula. Y explicó que el escenario proyectado habilita una suerte de “bono demográfico” que abre la posibilidad de “avanzar en la personalización de la enseñanza”.
“Uruguay va a recibir en estos años un segundo bono demográfico y debe aprovechar la oportunidad para garantizar una fuerte inversión en los niños”, afirmó. Es una responsabilidad de todo el sistema político que eso suceda de esa manera, que no se desaproveche la oportunidad de una mejor educación.
Pero lo que verdaderamente preocupa es que, fuera de la educación, en casi ningún otro ámbito se esté trabajando para ver cómo afrontar ese futuro cercano tan complicado. Se trata de un cambio radical de la población uruguaya y muy pocos parecen percatarlo.
En varios aspectos es complejo el panorama que tenemos por delante. El país se vacía de niños y jóvenes y se llena de adultos mayores y de jubilados. ¿Cómo se sostiene eso? ¿De qué forma puede sobrevivir cualquier sistema de seguridad social? Es mucho lo que se ha discutido al respecto en los últimos años, pero cuesta asumir que es suficiente con la perspectiva de un cambio tan drástico. No es viable, las cuentas no cierran para el futuro, eso es evidente. El sistema político lo sabe, pero no avanza mucho más allá de la superficie.
Si ya cuesta mucho poder producir, crecer y competir, habría que imaginarse dentro de algunos años, con una población más reducida aún y con perspectivas de decrecimiento. ¿Hay planificación al respecto? ¿Se está pensando en el mercado laboral, la productividad, el ordenamiento territorial, la vivienda, los cuidados, la distribución de la riqueza y muchas otras variables ante un país cada vez más deshabitado? ¿Quién del sistema político está discutiendo sobre eso en este momento?
Nada parece más importante que el futuro de nosotros mismos, los uruguayos. Sin embargo, son muy pocos los que parecen haber acusado recibo de estas proyecciones tan preocupantes. Seguimos como en una nebulosa, discutiendo solo para hoy o a más tardar para mañana y avanzando hacia el precipicio sin siquiera percatarnos. Lo único que nos puede salvar es que nos extingamos antes de llegar, lo cual no parece tan alocado.