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Mucho más allá del ministro Negro, el plan, las medidas y los números, lo que está pasando en el Partido Colorado no deja de ser una lucha de poder, un enfrentamiento cuerpo a cuerpo entre sus dos principales líderes; así de caliente está el sillón de la casona de Martínez Trueba
Cuando el hoy senador Andrés Ojeda grababa sus spots en el gimnasio, hablaba de su signo zodiacal, prometía adoptar un perro y hacía crecer los números del Partido Colorado, el también hoy senador Pedro Bordaberry preparaba en silencio un nuevo desembarco. Lo hizo dos meses después de que Ojeda ganara la interna partidaria y se llevó consigo gran parte de los votos —y los dirigentes— en la elección de octubre de 2024, por lo que 15 de los 22 legisladores son de su sector. Y empezó la batalla.
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Desde el comienzo del nuevo gobierno del Frente Amplio, un año atrás, presenciamos una sumatoria de diferencias entre los dos bloques del partido. Siempre por elevación, nunca acusando directamente al otro, pero también siempre jugando por la propia. Así vimos cómo mientras el sector de Ojeda anunciaba en conferencia de prensa que el partido no votaría nuevos impuestos en el Presupuesto, el sector de Bordaberry negociaba en Diputados la posibilidad de apoyarlos y, finalmente, seis legisladores de su sector lo hicieron. Antes, en diciembre de 2024, Bordaberry fue a visitar al presidente electo, Yamandú Orsi, y se armó flor de lío. Días de discusión de si se había cortado solo, si debía haber ido con representantes de todo el partido, hasta que el propio Bordaberry cerró la discusión: “Que estemos discutiendo esto es una pelotudez”. Caso cerrado, guiños cómplices entre los dirigentes de Vamos Uruguay y mordida de polvo entre los de Unir para Crecer y aliados.
Hubo unas cuantas más. La llegada de Diego Sanjurjo al Ministerio del Interior y su última presentación de cifras de delitos generó otro enfrentamiento, y mientras Ojeda destacaba su labor desde el Comité Ejecutivo Nacional colorado, Bordaberry salió con los tapones de punta. “No les creo nada. Eligen los años con los que compararse, festejan una presunta baja del 3% que no es tal, en lugar de leer lo que ello significa: la consolidación de una cifra de homicidios que no se tolera más”, escribió en su cuenta de la red social X. Y así, una y otra vez.
Pero vamos a la última y quizás más dura puja, a pesar de que hacia afuera se intente matizar. Todos nos damos cuenta. Esto es una batalla cuerpo a cuerpo y acá Bordaberry picó primero. Eso no quiere decir que le vaya a salir bien, pero marcó la cancha y enfureció, quizás más que nunca en los últimos tiempos, a la otra ala colorada.
En el mes en el que el gobierno prometió presentar el esperado plan de seguridad, Bordaberry se adelantó. La semana pasada anunció que había decidido interpelar al ministro del Interior, Carlos Negro, porque, entre otras cosas, “la inseguridad está en niveles que ya no se aguantan más”. Es cierto, aunque, si miramos los números, la situación no ha variado significativamente en comparación con el período anterior. Incluso hay delitos que, de acuerdo a las denuncias presentadas, han bajado. Pero Bordaberry los cuestiona, tal como publicó en sus redes, y decidió que es el momento. En la conferencia de prensa estuvieron presentes los colorados Robert Silva y Tabaré Viera, y los blancos Javier García y Carlos Camy. Pero después del anuncio la interna volvió a explotar. Una vez más, Bordaberry había ganado de mano y Ojeda, que no se iba a quedar en el molde, tiró arriba de la mesa la propuesta de que la interpelación fuera en Diputados, donde la coalición coordinada puede lograr los votos para una moción de censura o al menos de desaprobación del ministro. Y planteó que la oposición en conjunto debe tener una estrategia para las interpelaciones que, a la luz de los hechos, hoy no tiene. ¿Y ahora? Bueno, ahora veamos los distintos escenarios.
¿Es mejor interpelar en el Senado y ganar de mano, como quien le pone los puntos al ministro, aunque no haya mayorías para quitarle el respaldo? ¿O es mejor hacerlo en Diputados, pero sin que ninguno de los dos líderes colorados sea protagonista? Tanto Ojeda como Bordaberry han hecho suyo el tema de seguridad por distintos motivos, pero el que pique primero será el que tenga la posibilidad de cuestionar al ministro. Porque a pesar de que se lo pueda interpelar tantas veces como se desee, si esta vez lo hace Bordaberry, la próxima seguramente será un blanco. ¿Y Ojeda? A llorar al cuartito. Punto para Bordaberry. Pero viéndolo desde la otra vereda, puede hacer mucho más ruido en Diputados, donde una moción negativa no hará caer al ministro, pero lo dejará en un lugar incómodo. Es difícil pensar que el presidente Yamandú Orsi decida removerlo porque una cámara sin mayorías propias lo rechaza, pero, de todas formas, en esta, punto para Ojeda. Además, y nada menor, una interpelación en el Senado va a contar con el respaldo absoluto de la bancada del Frente Amplio, que tiene la mayoría y de ninguna forma va a votar una moción en su contra. Diga lo que diga el ministro.
Ahora, ¿sirve la interpelación antes de que se conozca el plan de seguridad? ¿Y si Negro responde con el propio plan de seguridad? Así mismo él lo dijo ante un grupo de periodistas y destacó que, de alguna forma, le “viene bien” que lo convoquen así aprovecha y presenta las conclusiones del plan. Entonces, ¿no sería oportuno y conveniente interpelar después de conocer las 79 acciones concretas y las más de 100 medidas que anunció el propio ministro y, una vez estudiado el plan, ahí sí, interpelar sobre las decisiones plasmadas en el plan? La respuesta de Bordaberry apunta a que la primera interpelación, con o sin plan, podría ser, en términos futboleros, una tarjeta amarilla y que luego Diputados podría hacer otra —otra más, sí— y sacarle la roja. Difícil, porque para sacarle la roja necesita de la Asamblea General y de una cantidad de votos con la que la oposición no cuenta. Por eso, como dijo Negro, la roja la tiene el presidente.
Pero, claro, esto va mucho más allá de Negro, el plan, las medidas y los números. Porque, si no fuera así, se esperaría al plan y se interpelaría después. Parece lógico. Y quizás así sea finalmente y sea la mejor opción. Veremos. Pero esto no deja de ser una lucha de poder, un enfrentamiento cuerpo a cuerpo entre los dos principales líderes del Partido Colorado. Así de caliente está el trono de la casona de Martínez Trueba. Rojo fuego.