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    La bomba Adorni: el hombre que escupió para arriba (e igual Karina lo sostiene)

    Adorni es el emblema del gobierno “libertario”: un “común”, un ciudadano de a pie que llegó a funcionario público en lo más alto del Poder, el Ejecutivo

    Salvo en el universo mileísta, en 2023 Manuel Adorni no era un tipo popular. Columnista de ocasión en radio, panelista de ocasión en televisión, Adorni tenía un pasado de vendedor de autos usados y forista en los albores de la internet doméstica, allá por los años 2000. Pero Javier Milei lo nombró vocero, y cuando se paró por primera vez detrás del atril en Casa Rosada ya no hubo vuelta atrás: Adorni se convirtió en su propio fenómeno.

    Aquel contador recibido en la universidad pública anunciaba cada mañana las novedades de la gestión. Entre esas novedades, el desfinanciamiento de… las universidades públicas. Cínico, provocador, el “enemigo” de los periodistas acreditados ante el gobierno, Adorni se convirtió en el verdugo de la misma casa de estudios que le había dado cursada y título gratis. Bueno, gratis no: gracias al aporte que los ciudadanos hacemos al Estado. Variedad de temas tocaba el vocero. En el Día del Zurdo, felicitó a zurdos de todo rubro. Nombró a Messi, pero obvió a Maradona. Agujereaba, el portavoz y el chat de la transmisión estallaba. El trollerío mileísta de X publicaba memes confeccionados con IA. El vocero siempre “domaba”.

    Adorni es el emblema del gobierno “libertario”: un “común”, un ciudadano de a pie que llegó a funcionario público en lo más alto del Poder, el Ejecutivo. Con los meses se ganó la confianza de la hermana de Javier Milei, Karina, la secretaria general de la Presidencia. Para envidia del Gabinete, Adorni había logrado lo más difícil, la sonrisa del único escudo del jefe de Estado, es decir, Kari. Con la protección de la hermana presidencial, tomó oficinas con vista preferencial en Rosada; borró del mapa al secretario de Prensa, Eduardo Serenellini; consiguió presupuesto para su área —la de Comunicación oficial—; le negó la acreditación a periodistas y medios; y posó en varias fotos con Thor, el boyero de Berna que adoptó Karina. Todo lo hizo con el mismo tono, el de la soberbia. Y, al mismo tiempo, con eficacia: no hubo en la historia de este país un mejor vocero que Adorni.

    Con el tiempo, las conferencias de prensa matutinas se fueron espaciando. Resulta que, según sondeos de opinión pública, “Adorni medía bien”. Karina, totalmente domada, apostó por el vocero. Quería instalarlo en la Ciudad de Buenos Aires, único territorio, además del bonaerense, que La Libertad Avanza no termina de conquistar. Una de las metas de la hermana es arrebatarle al macrismo esta parte de la Argentina, la capital, la que más ingresos genera. Así que, el año pasado, Karina vistió al vocero de candidato a legislador porteño. Adorni no participó de los debates entre postulantes, que no son obligados por la Justicia electoral, pero resultan un buen show televisivo en campaña. Tampoco hizo propuestas para los vecinos de la Ciudad en las entrevistas que concedió, que fueron pocas y a medios amigos. Aun así, en las elecciones de mayo del año pasado, Adorni consiguió el 30% de los votos —tres puntos más que su contrincante opositor, Leandro Santoro— y ganó una banca como legislador porteño. Pero nunca asumió y, en cambio, escaló en la estructura del Ejecutivo: pasó de vocero a jefe de Gabinete. Ahí se complicó todo.

    Adorni era un verdadero “chad”: alfa, seguro de sí, un hombre capaz de condenar en público a quien cometiera una falta (desde un delito punible hasta alguna declaración que le pareciera desafortunada), un ejemplo de ciudadano. Un tipo como vos, como yo, “que se hizo de abajo”. Alguien que despreciaba todo aquello que “tuviera” Estado. Pero en el último mes se supo que subió a la esposa al avión presidencial como parte de la comitiva oficial que partía a Nueva York. Su explicación pública fue un balbuceo que todos olvidamos, salvo por una palabra: “deslomarse”: “Y encima que uno va a deslomarse allá…”, dijo Adorni, indignado por la polémica sobre la esposa. El principio del fin. A los pocos días, se supo que pagó un viaje en jet privado para pasar el Carnaval en Punta del Este con su familia. El valor de los tickets es incompatible con su sueldo como funcionario público.

    Lo que siguió fue un desencadenamiento de revelaciones: Adorni compró una casa “de fin de semana” en un barrio cerrado; dos jubiladas que aseguran no conocerlo figuran como prestadoras por un total de US$ 100.000; Adorni hipotecó un departamento que no es el departamento en el que vivía; otras dos jubiladas, que no son las anteriores, le “habrían donado” otros US$ 100.000; apareció la compra de un auto de lujo y la Justicia —que ahora lo investiga por presunto enriquecimiento ilícito— cree que hubo otros viajes al exterior. Nada de esto sería extraño si no fuera por dos cosas: que estos bienes no figuran en su declaración jurada y que fueron adquiridos entre 2024 y este año, es decir, mientras ocupa un cargo en el Estado, Estado que detesta.

    Los hermanos Milei —apretados por la causa $LIBRA, que avanza en su contra— son exigentes con su gabinete. Hubo un expulsado apenas asumieron porque sospechaban que “había filtrado información a la prensa”, algo jamás comprobado e incluso desmentido por el ministro echado. La vara viene con filo. Sin embargo, con el jefe de Gabinete, sucede lo contrario. Desde hace un mes, ambos lo sostienen casi a diario públicamente y en privado. De parte del presidente es esperable, lo que diga Karina es regla. Pero sí sorprende tanto apoyo de parte de la hermana, la dueña de la guillotina. Se dice, se insiste y se reafirma que Karina nació con el don de la videncia. Frente a tanto hecho comprobable, más que adivinación parece ser necedad.