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La decisión de desafiliar al presidente de la ANEP del gremio después de la golpiza en una escuela suena más a que su actuación no fue la que algunos sindicalistas esperaban que a la incompatibilidad que esgrimen; ¿por qué, entonces, lo desafilian ahora y no cuando asumió?
Un rato antes de empezar a escribir, llega el mensaje de Fiscalía: “Hay una mujer detenida por agresión en la escuela. Mañana se realizará el control de detención”. Se trata de la madre de una alumna, detenida por haber entrado a la Escuela 153 de Jardines del Hipódromo acompañada de un grupo de personas a golpear a otra niña que supuestamente había golpeado a su hija un día antes. A golpear a una niña. Además de a la niña golpearon a todo lo que se cruzó por delante. Otros niños, padres, madres, maestras. El video que recorrió los medios es escalofriante. Casi no se ve lo que pasa, pero se escuchan los gritos de los adultos y el llanto de los niños que fueron rehenes de una situación que jamás debieron vivir.
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No son pocas, lamentablemente, las veces que damos este tipo de noticias. Una madre golpeó a una maestra en alguna escuela del país. Pero esta vez fue mucho más grave. No solo entró la madre, sino que fue preparada para golpear a una niña. Lo escribo y no lo creo. Cruzado este límite impensable, inmediatamente la cabeza va hacia la hija de esa mujer, en las condiciones de violencia que evidentemente vive en su casa, a la otra niña, a todos los niños de la escuela que fueron obligados a vivir el terror de ver a un grupo de adultos a las piñas y patadas, incluso contra ellos mismos. Pensamos en qué hay que hacer, cuáles son las medidas para proteger a los niños y a las maestras para que ir a trabajar no sea un suplicio, y que ir a la escuela, el supuesto lugar seguro, no lleve el miedo a cuestas.
Inmediatamente, como dispone una decisión tomada por los maestros cada vez que uno de ellos es agredido, se activa un paro de 24 horas para el día siguiente. Es una medida que se ha discutido bastante dentro y fuera del sindicato porque todos saben que no soluciona el problema, pero a la vez es necesario visibilizar la violencia que los docentes deben soportar. Se ha debatido sobre encontrar otras formas de protesta y reclamo que no dejen a las familias desamparadas, a los niños solos en su casa o en manos no tan seguras, o a una madre jefa de hogar perdiendo un trabajo por tener que quedarse en su casa a causa del paro. No todos los niños pueden quedarse solos ni todos los niños tienen otras personas que los puedan cuidar. Entonces, es ahí cuando el paro se pone en cuestión. Y esto no es un enfrentamiento a los maestros, en absoluto. Ellos son los que descubren moretones, abusos de todo tipo, los que se enteran de que el padre volvió borracho y le pegó a la madre, los que están atentos a que los chiquilines tengan las vacunas y los controles de salud. Los que los cuidan. Muchas veces más que en sus propias casas. Pero esta vez se desataron otros problemas, en algún caso, de difícil explicación.
El paro se extendió durante tres días en medio de reclamos por seguridad y negociaciones entre delegados del sindicato de maestros y las autoridades. El lunes 10, el presidente Yamandú Orsi recibió a un grupo de maestros y al presidente de la ANEP, Pablo Caggiani. Mientras, muchos otros docentes aguardaban en las puertas de la Torre Ejecutiva con cantos, reclamos, carteles. En la reunión, según las declaraciones de los propios maestros a la salida, se lograron avances y garantías. Sin embargo, a la salida, un hombre increpó a Caggiani y no lo dejaba avanzar. La movilización era contra la violencia, ¿verdad? Bueno. Algo pasó ese mismo día por la tarde que cambió todo de lugar. Una asamblea de la Asociación de Maestros de Montevideo decidió retomar las clases, pero además resolvió, por mayoría, desafiliar del sindicato a Caggiani.
¿Por qué? Las versiones son distintas dependiendo de con quién se hable. Hay quienes cuestionan su accionar en el conflicto; otros, no se sienten representados por su figura. Otros que aseguran que el tema es la interna dentro del propio gremio. En palabras de la secretaria general de Ademu, Paola López, se entiende que es incompatible que un afiliado al sindicato tenga un cargo político. Sacado del contexto actual se entiende. Quizás los afiliados que ocupen cargos políticos —que muchas veces son propuestos por los propios docentes— deban pedir licencia sindical hasta dejar el cargo. Está bien, parece razonable. Es esperable que haya tensiones entre los docentes y las autoridades, aunque vengan del mismo lugar. Quizás Caggiani debió hacerlo y se hubiera ahorrado que lo echen de su propio sindicato sin incurrir en una mala conducta o en un hecho delictivo, o alguna razón de peso por las que en general se desafilia a alguien sindicalizado. Pero el asunto es que, al menos en Ademu, no hay un protocolo en este sentido. Entonces, si se entiende que es incompatible, ¿por qué lo desafilian en este momento? ¿No era incompatible cuando asumió en la ANEP? ¿Por qué no lo desafiliaron o le reclamaron la licencia sindical en ese momento?
La decisión suena más a que la actuación de Caggiani no está en línea con lo que algunos integrantes del sindicato querían o esperaban. Es contrafáctico, pero, si hubieran estado alineados, ¿lo hubieran desafiliado? Absolutamente no.
Y otro de los puntos cuestionables ocurridos en esa asamblea fue la presentación de una moción que indicaba que las maestras que incumplieran con un paro resuelto también serían desafiliadas. Después se dijo que esa decisión se daría de ahora en más, que no aplicaría para las que no pararon, en este caso, los tres días, y que no era una decisión tomada. Ok. Es verdad que en el mundo sindical es deseable que cuando se resuelve una medida de protesta, así no sea por unanimidad, se acate. ¿Pero alguien pensó que quizás una maestra no tiene la posibilidad económica de hacer paro por tres días? ¿Que quizás apenas le da para llegar a fin de mes y el descuento de tres días realmente le hace la diferencia? ¿Y si no quiso dejar a sus alumnos en la vía? ¿Y si considera que parar no va a cambiar la situación y hay que buscar otras alternativas? Las medidas de lucha logran cosas, claro. Posiblemente la reunión con Orsi no se hubiera dado si el paro no se hubiera extendido. ¿Pero plantear desafiliar a las maestras que no pararon? ¿De verdad cree Ademu que esa es una buena forma de convencer de ir todos juntos a luchar por algo tan jorobado como la violencia dentro de la escuela? Incomprensible.
Pero, además, acá viene otra perla de todo este lío. Si lo que se quiere, tal como dijo López en entrevista con la diaria Radio, es que el foco esté puesto en la violencia que están atravesando niños y maestros y que no puede quedar en primer lugar de atención la desafiliación a Caggiani y el intento de hacerlo con decenas de maestras, la pregunta es sencilla. ¿Por qué se les ocurre desafiliarlo justo en medio de toda esta situación? ¿De verdad pensaron que no iba a hacer ruido, que no se iba a hablar de esto? Fue por causa de la propia decisión del sindicato que este tema quedó en medio de la polémica. No es un invento de otros ni un impulso de los medios —siempre los medios— de no abordar a fondo la problemática.
Así lo planteó, incluso, una de las listas de la Federación Uruguaya de Magisterio (FUM), Praxis, que, según informó El País, indicó en un documento que la resolución fue “injustificada” y advirtió que se trata de “un error estratégico” que debilita la unidad sindical y desplaza el foco de los debates centrales sobre educación. En ese documento difundido se plantea —en mi opinión, con todo criterio— que el sindicato debe ser “un espacio de diálogo y construcción colectiva” y se opuso a las “propuestas coercitivas” de desafiliación. “Si bien las medidas deben cumplirse, apostamos a la argumentación y al encuentro para sumar voluntades”, señalaron, ya que advirtieron, además, que no existió fundamentación para la desafiliación. No es la primera vez. Ya pasó con otros docentes que asumieron cargos políticos, pero el tema sigue sin tener una resolución formal.
Y en medio de todo este lío inoportuno e inconveniente, quedan los niños golpeados y asustados, las maestras golpeadas y asustadas, y la escuela como ring social pero también político. Lamentablemente.