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    Los robots del futuro

    Todo eso se ha trasladado a las aulas, con el peor divorcio en la historia entre los docentes y los alumnos; porque los profesores fueron formados para un mundo que ya no existe y sus educandos forman parte de otro que apenas los deja pensar

    Director Periodístico de Búsqueda

    Un país donde las escuelas están cada vez más vacías, donde mueren más de los que nacen, donde los pobres no logran salir de la pobreza y los marginados o desplazados de la sociedad deambulan por las calles de las principales ciudades, viviendo como en una especie de dimensión paralela.

    Y peor todavía. Donde las tareas más creativas o que implican cierta destreza o pensamiento crítico las hacen los programas informáticos surgidos de la inteligencia artificial y las nuevas generaciones obedecen las instrucciones y recomendaciones que reciben de esos inventos tecnológicos como si fueran la verdad más incuestionable.

    ¿Hay que analizar un hecho ocurrido en determinado momento y ponerlo en contexto? ¿Escribir un texto elaborado al respecto? ¿Preparar un discurso o estructurar una ponencia para un público calificado? Habrá una aplicación basada en inteligencia artificial para lograrlo. Mejor que cualquier humano que se atreva a desafiarla.

    ¿Es necesario consultar a un especialista por algún problema de angustia, ansiedad, depresión o de cualquier otro tipo de origen psicológico? ¿Se necesita recurrir a medicación para estabilizar una crisis de origen psiquiátrico? Con algunos síntomas procesados en programas especializados en la materia se podrá llegar a todo un diagnóstico que incluya el posterior tratamiento sin tener que moverse de frente a una pantalla.

    ¿Y si lo que se necesita es traducir un texto para realizar un negocio o para poder avanzar en una carrera universitaria o iniciar un trámite en algún otro país? Para eso también habrá formas de hacerlo casi sin tener contacto con un profesional de carne y hueso. Cada vez es menos necesario y en el futuro es probable que recurrir a un traductor profesional sea una absoluta rareza.

    ¿Y para escribir un texto informativo? ¿Para elaborar una noticia o un informe un poco más profundo sobre algún tema en específico? ¿Y un libro de ciencia ficción o un poemario sobre la angustia o el desamor, para poner solo algunos ejemplos? Ya hay algunos programas que están avanzando en poder crear cada uno de esos textos mezclando todo lo escrito hasta ahora. No es lo mismo, dicen algunos y tienen razón. Le faltaría el sentimiento que solo le puede dar el humano. Pero es probable que en poco tiempo la inmensa mayoría ni siquiera sea capaz de notar la diferencia.

    ¿Y si alguien se tiene que someter a una cirugía muy delicada, que implica una invasión riesgosa a una parte extremadamente delicada del cuerpo? ¿Si es necesario intervenir quirúrgicamente uno de los órganos más fundamentales o retirar un tumor con una precisión milimétrica? ¿O si se trata de otra cirugía mucho más compleja todavía, que involucra a varios órganos, arterias y venas o que se tiene que realizar con el corazón abierto? En esa área también avanza la tecnología a pasos agigantados y en breve todas esas intervenciones de alto riesgo se podrán hacer por robots. Lo que antes demoraba décadas o siglos en evolucionar, ahora cambia en semanas o días.

    Es ahí donde hay un problema gigantesco. Porque el ser humano está perdiendo el protagonismo. Es muchísimo menos importante que décadas atrás o que el año pasado o que ayer. Cada vez son menos las tareas, de las simples y de las complejas, que solo se pueden hacer si hay un humano presente. Esa es una realidad que avanza más rápido que el tiempo que lleva procesarla.

    Los que la tienen más incorporada, porque conviven con ella, son los más jóvenes. Tanto que no conciben un mundo sin esos avances tecnológicos, que hasta hace muy poco no existían. Y todo eso se ha trasladado a las aulas, con el peor divorcio en la historia entre los docentes y los alumnos. Porque los profesores fueron formados para un mundo que ya no existe y sus educandos forman parte de otro que apenas los deja pensar.

    Casi nadie discute sobre esto. No está en el debate político y probablemente sea de las cuestiones más graves que están ocurriendo, pensando a corto plazo. Porque las nuevas generaciones se están formando en un mundo que sus adultos apenas conocen. Todos los días se manejan con una cantidad de herramientas que sus profesores ni siquiera saben que existen. Por eso, el choque generacional es de frente y a muy alta velocidad. De un lado están los formados a través de la lectura, el pensamiento crítico, la elaboración y el proceso y desarrollo individual de los temas. Del otro, los que lo reciben ya todo procesado y a partir de ahí recién empiezan a actuar.

    Es ese pensamiento crítico el que está quedando por el camino con lo que está ocurriendo en escuelas y liceos. Y lo peor es que ni siquiera nos estamos dando cuenta. Los jóvenes de hoy se están formando como si fueran los robots del futuro. La inteligencia artificial, con la cantidad de avances que trae y las ventajas que da en la vida cotidiana, también está sirviendo para formar seres que dependen casi exclusivamente de la tecnología para poder vivir y pensar.

    Antes eran las personas las que les decían a las máquinas lo que tenían que hacer. Ahora son las máquinas que están haciendo eso con las personas. Desde cómo superar una crisis psicológica hasta cómo escribir una carta de amor o solucionar un algoritmo o hacer un resumen de un acontecimiento histórico.

    Pero los programas de estudio siguen siendo casi iguales al siglo pasado. El contenido mediante el cual se forman las nuevas generaciones no ha cambiado lo suficiente y ese es el principal problema y desafío. La distancia es tan grande que es muy difícil establecer un puente que conecte a los dos mundos. El teléfono celular parece estar ganado la partida a todo el sistema de enseñanza junto y ese es uno de los principales dramas contemporáneos.

    Son muy importantes las posibilidades que ofrecen los avances tecnológicos y especialmente en el ámbito de la educación. Hay muchas personas trabajando en eso. Lo que ocurre con el programa Ceibal es un ejemplo. Pero, para aprovecharlas al máximo, todavía falta que todos asuman lo que hay debajo del iceberg de las nuevas tecnologías, que tiene sumergidos a los más jóvenes en un mundo absolutamente desconocido para los encargados de formarlos.

    Eso sí que trasciende los partidos políticos y merece un gran acuerdo. Porque, en definitiva, es el futuro inmediato lo que está en juego. Parece de ciencia ficción, pero son las máquinas las que están ganando la partida a través de lo más importante: los jóvenes, que, encima, son cada vez menos. Y ni siquiera parecemos ser capaces de darnos cuenta.

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