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El exceso de electoralismo que está sufriendo una parte importante del sistema político termina por generar una mayor distancia con el ciudadano común, lo que puede llegar a ser muy peligroso
La finalización del primer año de cualquier gobierno nacional es un tiempo de evaluaciones. Ocurre con cada uno de los años terminados, pero los primeros 12 meses tienen el condimento adicional de que es la primera vez que el Poder Ejecutivo debe pasar raya y rendir cuentas ante el Parlamento, que es donde se encuentran los senadores y diputados en representación de las distintas orientaciones políticas de la ciudadanía.
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La mayoría de los presidentes, desde la restauración democrática en 1985 hasta ahora, optaron por enviar por escrito la memoria anual al Parlamento cada 1 de marzo. Otros, solo tres, eligieron hacerse presentes en el viejo Palacio Legislativo para brindar su evaluación en persona, ante la Asamblea General legislativa en pleno. El primero fue Luis Lacalle Herrera, luego Luis Lacalle Pou y ahora también optó por ese camino Yamandú Orsi.
Orsi habló ante el Poder Legislativo el lunes 2 a través de un prolongado discurso, que generó reacciones dispares según la orientación política de cada legislador. A lo largo de la presentación quedó bastante clara la importante división por la que atraviesa el sistema político uruguayo, aunque con matices significativos.
Pero, más allá de esa anécdota que podría ser menor, pero que, lamentablemente, no lo es tanto, la mayoría de los senadores y diputados escucharon con atención lo que el presidente tenía para decirles y después realizaron sus evaluaciones. Los dirigentes políticos más predecibles hicieron los comentarios obvios, como siempre, pero otros, los menos, se tomaron el trabajo de tratar de ir un poco más en profundidad.
Lo que se puso arriba de la mesa y quedó en discusión fue, principalmente, la agenda del actual gobierno hacia adelante, aunque también se mencionaron algunas de las medidas ya adoptadas. Lo importante de abordar esos asuntos es que, por lo menos por algunos días, se discute más sobre cuestiones de gestión y prioridades concretas de acción y no tanto sobre lo que dijo aquel y le contestó el otro con relación al pasado de Fulano o al presente de Mengano. A su vez, que se haga de manera pública y en el Parlamento es importante, porque genera mayor audiencia e involucra de forma directa a la ciudadanía más interesada, que hasta puede seguir la transmisión en vivo.
La realidad de los últimos tiempos ha sido que la agenda informativa la ocupan principalmente las constantes disputas entre el actual gobierno y el anterior, o entre el oficialismo y la oposición, y poco se habla de las cuestiones de gestión. Si alguien totalmente alejado de Uruguay llegara en estos tiempos a nuestro país, es probable que concluya rápidamente que estamos muy cerca de las próximas elecciones nacionales, por el tono del debate político.
El problema de esa realidad que se hace evidente es que aún faltan cuatro años para las elecciones. Es demasiado tiempo como para ya estar pensando exclusivamente en las urnas y depositar en ellas toda la esperanza de que se puedan lograr cambios significativos. Esto dicho para la oposición.
Pero también tiene responsabilidad una parte importante del oficialismo. Porque allí también hay muchos que resolvieron iniciar muy temprano la carrera sucesora, dejando de lado las tareas más importantes, que son las de gobernar. Entonces, todo se entrevera y se partidiza y así es imposible avanzar, en ningún sentido.
Este debería ser un año para la gestión. Desde los dos lados, oficialismo y oposición. Que los primeros se dediquen a gobernar y que los segundos aporten sus ideas y también cuestionen cuando tengan que hacerlo. Pero sería importante que tanto el 2026 como el 2027 sean tiempos de hacer, en lugar de insultar de forma permanente. Que haya más acción y menos fricción. Porque lo otro cansa. El exceso de electoralismo que está sufriendo una parte importante del sistema político termina por generar una mayor distancia con el ciudadano común, lo que puede llegar a ser muy peligroso.