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    Ni una chicana más

    Es hora de asumir que no se pudo, que nadie tuvo la sellada para enfrentar al narco y que no es culpa de un partido o de otro; si no podemos ponernos de acuerdo en algo tan básico y real, no soñemos en poder enfrentarlo

    Columnista de Búsqueda

    “Los fiscales de droga dan la cara. Van a las audiencias y dan la cara. Yo voy y doy la cara. Tengo a los narcos al lado haciéndome todo tipo de señas de muerte y, sin embargo, sigo adelante. En una falsa rapiña, me sacaron un brazo, en otra me amenazaron de muerte; ya saben más o menos por dónde viene, y seguimos peleando”. La fiscal de Corte subrogante Mónica Ferrero contaba el pasado 9 de setiembre con esas palabras a los legisladores de la Comisión de Presupuesto integrada con Hacienda de Diputados cómo era parte del trabajo de los fiscales que persiguen distintos delitos, en especial el narcotráfico, que ha sido su tarea durante años. Lo contaba porque reclamaba a los diputados que miraran “con amor” a la Fiscalía y su trabajo. Los fiscales no han parado de contar en las condiciones en que cumplen su tarea y las carencias que tienen, por las que reclaman mayor presupuesto. En general, no han tenido demasiada suerte. Al menos hasta ahora, porque el domingo pasado algo se movió. No me animo a decir que algo cambió, pero el atentado dentro de la casa de la fiscal Ferrero sacudió la modorra de quienes se aferran al clásico “acá eso no va a pasar”.

    Esta vez pasó y nadie puede decir que no hubo avisos previos. Lo dijo la fiscal, pero lo dijeron muchos otros y desde hace muchos años. Pero el juego político siempre pesó más y, entonces, nos cansamos de escuchar a legisladores pidiendo renuncias de ministros, señalando al que estuvo antes porque hizo todo mal y viceversa, cada vez que el gobierno cambió de color. Y mientras, el narco crecía. Y captaba chiquilines pobres, y trabajaba desde la cárcel. Y sacaba gurises de la escuela y el liceo, y les daba plata y armas. Y sacaba a la gente de sus casas, y amedrentaba a barrios enteros. Lo vimos todos. Nos cuesta, pero lo vimos todos. Ya lo decía Sergio Guarteche en una entrevista con Leonardo Haberkorn publicada en El Observador en 2018: “Aún no se ha tomado conciencia del riesgo que corre, no solo la paz social, sino el sistema democrático. Los violentos, sin temor a enfrentar a todo un sistema penal, se van adueñando de los espacios públicos y de la paz social. El ministerio ha hecho un gran esfuerzo, pero está a la vista que no ha sido suficiente. No se han evaluado en su justa medida los factores determinantes ni la gestión de riesgo. Hoy, en el peligroso proceso de pérdida de autoridad, se corre el riesgo de ataques a personalidades públicas y privadas, como vemos en países como México: jueces, políticos, fiscales y periodistas. Estamos muy cerca de esa realidad”. Cuánta razón tenía.

    Es verdad que en general nos cuesta creer que en el país en el que no pasa nada, en realidad sí pasa mucho, y, aunque todo llega más tarde, finalmente llega. El asunto es qué hacemos con todo esto. ¿Qué hacemos cuando nos damos cuenta de que es muy fácil entrar a la casa de la fiscal que persigue a los narcos, ponerle una granada y tirar unos tiros? ¿Qué hacemos cuando nos damos cuenta de que su vida no estuvo en riesgo solo porque los atacantes no tuvieron ganas de matarla? Porque está claro que, si querían, podían. Prefirieron dar el mensaje. Pero si querían, podían haberla matado.

    Entonces algo pasó. Por una vez, todo el sistema político se unió en respaldo a la fiscal. Se habló de un límite nunca antes cruzado, de un antes y un después, de defender las instituciones y de que no era momento de pedir la cabeza de ningún ministro, sino de trabajar en conjunto para atender las causas y consecuencias de este paso inédito. Fue una señal esperanzadora, pero cuidado. ¿Cuánto dura? ¿Cuánto tiempo va a pasar hasta que se responsabilice a un ministro o a un partido? Lamento no ser optimista, pero tengo motivos. El pasaje de pelota de uno a otro se da desde hace décadas. Y voy a usar palabras del hoy gerente del Área Estadística y Criminología Aplicada del Ministerio del Interior, Diego Sanjurjo: “Entre 1985 y 2025, Uruguay tuvo 22 ministros del Interior y 13 directores de Policía. Pese a sus mayores esfuerzos, ninguno logró reducir los homicidios y todos fueron testigos del crecimiento de los mercados ilegales y de un consecuente aumento de distintas formas de criminalidad. No somos excepcionales”, señaló. Y luego relató cómo, en la región, prácticamente todos los países habían visto crecer el delito pese a los esfuerzos realizados. Entonces, según Sanjurjo: “Mudarnos no es una opción. Podemos repetir la historia. Polarizarnos en torno al populismo, exigir renuncias, pedir otra vez más policías y penas, siguiendo nuestra ruta fallida y la de nuestros vecinos. O podemos reconocer que precisamente esa combinación de polarización, populismo penal y abandono de las políticas preventivas y penitenciarias es lo que nos impide tener resultados”.

    Y me permito agregar a sus conceptos que muchos de quienes hoy aseguran que es necesario que el sistema político trabaje unido en esta materia se han aburrido de criticar y cuestionar a la Fiscalía cuando tocó a uno de los suyos. Cuando no compartieron los fallos y cuando señalaron causas que iban lentas o muy veloces. ¿No pensaron que eso también es peligroso? Esto no significa que no se puedan cuestionar fallos fiscales, por supuesto. Pero machacar y machacar contra la institución también tiene consecuencias. ¿Había que esperar que dos tipos se metieran a la casa de una fiscal y le explotaran una granada para estar unidos en el combate al narcotráfico? Si nadie pudo con esto, ¿por qué eligen mirar lo que hizo mal el anterior y no mirarse a sí mismos? Lo han hecho unos y otros sin parar. Quizás hayamos tenido que llegar a esto para que algo cambie, lamentablemente. Pero asumir es importante. Y asumir que no se pudo, que nadie tuvo la sellada, también lo es. Porque es la única forma de mirar hacia adelante. Si siempre nos jactamos —y me sumo— de tener partidos políticos fuertes y sólidos, hay que estar a la altura. No más chicanas, la gente se cansa. Y disculpas si los cierres de estas columnas se repiten a veces. Es que es así. La gente se cansa.

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