En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Hace décadas que no ocurre algo similar dentro del Partido Nacional; los blancos siempre se caracterizaron por tener al menos dos liderazgos fuertes en competencia
El expresidente Luis Lacalle Pou está haciendo lo que tiene que hacer. Aparece muy poco, no participa en la discusión diaria de los distintos temas y rara vez opina de los asuntos más polémicos. Se llamó a silencio. Cual surfista, condición que lo define, estuvo durante cinco años remando en el mar, subiéndose a todas las olas importantes que iban apareciendo, mostrando sus destrezas y también sufriendo alguna caída y revolcón.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Ahora resolvió salir del agua y esperar en la arena. Está ahí, a la vista de todos, pero no se expone. Trata de quedar fuera de las miradas. Eligió una silla reposera cómoda para dedicarse a mirar el horizonte. Y es evidente que se trata de una decisión consciente, premeditada. Por algo resolvió renunciar a su condición de senador y también optó por no ser elegido como presidente del Directorio del Partido Nacional. Quiere alejarse, dejar de ser el protagonista por un tiempo y no verse obligado a opinar sobre todos los temas.
Es entendible la estrategia. Terminó su mandato con una popularidad alta y prefiere dejarla en resguardo, al menos por un tiempo. La distancia le sirve también para que sus conciudadanos puedan extrañarlo, para bien o para mal. Es una forma de mostrar su vigencia sin tener que desgastarse. Queda el espacio libre y eso implica la posibilidad de que se vayan generando nuevos escenarios u otros protagonistas.
El problema es que no hay nadie que le haga sombra en el bloque ideológico que Lacalle Pou representa. La coalición republicana todavía está en formación y los liderazgos de los partidos políticos que la integran son incipientes o no masivos. No quiere decir que no los haya. El asunto es que ninguno de ellos tiene la capacidad de poder acercarse a Lacalle Pou como para competirle con posibilidades ciertas.
En otras palabras, el mar de los republicanos está muy tranquilo. Demasiado. Por más surfistas que pueda haber en el agua, casi no hay olas. Y no parece ser centro de preocupación para muchos de ellos. En especial para la mayoría de los blancos. Total, ya está Lacalle Pou, candidato seguro para las elecciones nacionales de 2029 y con posibilidades serias de ganar, dicen. Los colorados no lo manifiestan públicamente, pero muchos también lo piensan. Al igual que los integrantes del Partido Independiente.
Hace décadas que no ocurre algo similar dentro del Partido Nacional. Los blancos siempre se caracterizaron por tener al menos dos liderazgos fuertes en competencia. Quizás el último que logró acaparar tanto dentro del partido fundado por Manuel Oribe fue Wilson Ferreira en los años setenta y ochenta, aunque en aquellos tiempos también había liderazgos emergentes, como el de Luis Lacalle Herrera, que luego terminó siendo presidente de la República.
A Lacalle Herrera le surgió luego como competidor Juan Andrés Ramírez y después Jorge Larrañaga, los dos ya fallecidos. También estaba como una tercera fuerza para sumar votos Carlos Julio Pereyra, liderando el Movimiento Nacional de Rocha. Hoy el panorama es muy distinto. Como ejemplo, en las últimas elecciones internas del Partido Nacional el candidato surgido del grupo creado por Lacalle Pou y que se había desempeñado como su secretario de Presidencia, Álvaro Delgado, obtuvo más del 70% de los sufragios. A su vez, su oponente, Laura Raffo, estaba vinculada con el Herrerismo y también con una relación muy cercana al entonces presidente.
Uno año y medio después, no se han producido grandes cambios en ese sentido. El liderazgo de Lacalle Pou es indiscutido ya no solo entre los blancos, sino en casi toda la coalición republicana y no parece haber nadie que le haga sombra. Con el agregado de su opción de alejarse del escenario público, lo que lo coloca en una especie de limbo casi inalcanzable para sus eventuales competidores.
Lo del principio. Parece lógico que Lacalle Pou opte por esa estrategia. Es la más sensata según sus intereses, aunque no necesariamente para los de la coalición republicana. Casi no hay duda de que será uno de los candidatos de la oposición en las próximas elecciones nacionales —y de los más importantes—, pero es fundamental que tenga algunos desafiantes de peso que colaboren para sumar votos. El agite generado por nuevos vientos es lo que aumenta el tamaño de las olas, volviendo a la metáfora inicial.
Y siguiendo con el mar, hay varios dirigentes frenteamplistas que están ya desde hace un tiempo flotando en él, arriba de sus tablas, intentando perfeccionar su técnica. Ninguno se ha lucido lo suficiente porque todavía les falta práctica. Pero tienen exposición, buenos instrumentos y estarán ahí, intentándolo una y otra vez, durante los próximos años.
Por eso, tampoco parece ser una buena estrategia que casi no haya desafiantes a Lacalle Pou en la coalición republicana, además de ser un tanto riesgoso.
Lo es por dos motivos. Primero, porque entorpece la competencia interna y eso desactiva el esfuerzo. Especialmente ocurre hacia adentro del Partido Nacional, donde siempre es más estimulante para su estructura que haya al menos dos alas fuertes encabezadas por sus respectivos líderes. Pero también para los demás partidos de la coalición republicana, que deberían competir con posibilidades para poder aportar una cantidad importante de votos.
Así ocurrió en las elecciones nacionales de 2019, cuando Lacalle Pou fue electo como presidente. Entre los blancos estaba Larrañaga y también surgió a último momento Juan Sartori, provocando a la militancia a dar una mayor pelea. Entre los colorados apareció Ernesto Talvi como una figura nueva y convocante, y también nació Cabildo Abierto, con el general retirado Guido Manini Ríos a la cabeza, sumando más del 10% del electorado en las elecciones nacionales.
La segunda razón es que están colocando una mochila demasiado pesada sobre la espalda de Lacalle Pou. Tanto que le puede jugar en contra. Porque, para querer volver al agua política e intentar lucirse en las olas arriba de su tabla, debería estar un poco más liviano de equipaje. Difícil que pueda hacerlo con ese peso, teniendo que arrastrar a toda la coalición republicana, sin que nadie lo ayude, al menos, a distraer un poco la atención.
Mucha carga en una sola persona. Por más que él no lo quiera, lo están exponiendo demasiado. Tiempo para corregirlo hay. Pero a medida que se acerca el 2029, esa presión seguirá creciendo y puede ir transformándose en un tsunami que termine revolcando por la arena al que más deberían tratar de cuidar.