Mario Bergara
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—¿Qué opina de la designación de Gabriel Oddone como ministro de Economía?
—Es una decisión acertada de Yamandú, en la medida que Oddone ha dejado en claro cuál es su perspectiva para el manejo de la política económica. Siempre se ha manifestado astorista en su línea de ver las cosas. El manejo de la cosa económica con la impronta de Danilo Astori ha ido generando cada vez más consensos en el Frente Amplio. Además comparto lo que ha planteado de que la política económica está al servicio de las definiciones en la órbita política, reconociendo las prioridades y avanzando en ellas en función de las restricciones, con el cuidado de mantener la credibilidad y la reputación del país a nivel internacional.
—¿Oddone es astorista?
—Él ha planteado públicamente que compartía la visión y la gestión del astorismo en la política económica. Me remito a sus declaraciones.
—Con tantos cuadros económicos del Frente Amplio y experiencia, ¿por qué apostar a una figura externa?
—Oddone siempre ha planteado su frenteamplismo y hasta hace unos pocos años estaba afiliado a uno de los partidos del Frente. Hay que entender que la gestión económica va a ser una cuestión de equipos. Y en los equipos va a estar sin duda mucha gente de los equipos que trabajaron en los 15 años de gobierno del Frente Amplio.
—¿Y el sector político que usted encabeza va a estar ahí?
—Cuando hablamos con Yamandú del tema le planteamos que preferíamos no estar en la órbita de la cúpula política del ministerio, llámese ministro o subsecretario, pero que nuestros equipos en esa materia como en otras estaban totalmente a disposición para trabajar en un futuro gobierno.
—¿Y en qué lugar del gabinete sí les gustaría estar?
—No hemos hablado sobre eso. Está claro que nuestro espacio está asociado al manejo de la economía. Yo estuve 14 años de los 15 en el equipo económico, así que era natural que habláramos de eso, pero no hablamos de ninguna otra posibilidad. Obviamente hay espacios en el gobierno donde seguramente el seregnismo va a tener peso pero, de ahí a atar un ministerio con nombre, no.
El armado de un gobierno es un macramé complicado en el mundo de hoy, seguramente Yamandú no la va a tener fácil a la hora de armar un equipo de gobierno que obviamente tenga en consideración los resultados electorales desde el punto de vista del peso de los sectores, las capacidades técnicas y políticas de la gente, la paridad de género, etc.
—¿Cree que las críticas a Oddone de algunos sectores del Frente Amplio pueden ser un problema a futuro?
—Espero que no. El Frente Amplio tiene esa diversidad. También hubo críticas muy fuertes cuando se dijo que Danilo Astori iba a ser el ministro de Economía. En su momento hubo que navegar diferencias, como lo hace el Frente Amplio permanentemente en varios temas. Después de 15 o 20 años la vida ha ido encaminando a orientaciones cada vez más consensuadas. Hoy la perspectiva astorista del manejo de la economía tiene un consenso bastante más amplio que hace 20 años. Danilo era cuestionado y criticado tanto o más que Gabriel Oddone. Como puede haber sectores que pueden cuestionar cualquier otro nombre en cualquier otra área.
—Pero Astori era un líder político, con un respaldo político que no tiene Oddone…
—No lo tiene. Ahí la espalda que está atrás es la del presidente de la República. Lo decía Yamandú: el responsable de esa designación es él. Es la espalda política que todo ministro de Economía necesita, porque el Ministerio de Economía tiene un rol particular en los equilibrios internos de un gobierno y en la asignación de recursos, con base en prioridades que no define el ministerio sino el gobierno, pero genera sistemáticas rispideces. Por lo tanto es imprescindible una espalda política. Cuando estaba Tabaré en la presidencia y Danilo en ese rol, es cierto que además de la espalda de Tabaré Danilo tenía espalda propia. Y es cierto que ese no es el caso de Oddone, pero la espalda política la van a tener que dejar en claro el gobierno y el presidente en particular. Y parto de la base de que Yamandú es consciente de eso. Entiendo que el respaldo que va a tener ese ministerio va a ser muy amplio, de la inmensa mayoría de los sectores del Frente Amplio. Pero llegado el caso va a estar la espalda del presidente.
—¿Ustedes le van a dar esa espalda a Oddone también?
—Por supuesto. Cuando el Frente Amplio define una fórmula, los frenteamplistas tenemos que ir detrás de esa fórmula. Cuando gana el Frente Amplio el gobierno y el presidente genera un equipo de gobierno, los frenteamplistas tenemos que encolumnarnos detrás. La gobernabilidad en un gobierno del Frente Amplio, lo hemos aprendido por experiencias anteriores, es fundamental. Quizás el Frente en algún momento olvidó un poco eso, en una lógica de asumir que tenía la elección ganada para siempre, y en vez de preocuparse por eso se preocupaba más por la disputa interna y el juego político interno. Eso claramente nos hizo daño y lo vimos en nuestro proceso de autocrítica.
—¿Se refiere a los llamados “dos equipos económicos” durante el gobierno de José Mujica?
—Sí, pero también hubo otros planteos de gobiernos en disputa. Creo que ha habido un aprendizaje y sería un absurdo reeditar lógicas de gobiernos en disputa o de dos equipos económicos estando en el gobierno. Espero que hayamos aprendido esa lección.
—¿Qué lo motivó a sumarse a la carta de Frenteamplistas por el No al plebiscito sobre la seguridad social?
—Fue un grupo de profesionales que motivaron esa movida. Sumar mi firma me pareció lo adecuado porque la carta refleja la opinión que tenemos sobre el tema del plebiscito. Hay que dejar en claro que el Frente Amplio tiene dos unanimidades: la primera es que estamos todos en contra de la reforma que aprobó este gobierno, primordialmente porque toda la carga de la reforma recae principalmente en los trabajadores y por lo tanto es una reforma injusta. Hay aspectos que no están mal como la convergencia a un sistema único, la focalización de los subsidios, la universalización de que los jubilados puedan trabajar… El segundo consenso es que para revertir eso y hacer una reforma más justa el Frente Amplio tiene que ganar el gobierno y llamar a un diálogo nacional con el sistema político, con las organizaciones sociales, de cara a una nueva reforma por la vía legislativa. En paralelo aparece la propuesta del plebiscito, impulsada por el PIT-CNT, que busca colocar en la Constitución algunos puntos, y ahí empezamos a discrepar con la papeleta porque incluye parámetros que van en las leyes y no en la Constitución. Ahí sí no hubo posición uniforme en el Frente. Ante una realidad política en la que no iba a haber un camino del medio, es razonable que el Frente Amplio haya definido la libertad de acción, primero para juntar las firmas y luego para apoyar la papeleta, y para que nos expresemos libremente y respetuosamente, cuidando los vínculos frenteamplistas fraternos, porque no se nos puede distraer del objetivo central, que es que el Frente Amplio gane la elección. Estamos navegando en ese mundo y creo que a veces se corren algunos límites que yo hubiera preferido que no se hubieran corrido.
—¿Como los dichos de Marcelo Abdala, que citando un poema de Pablo Neruda se refirió a los opositores al plebiscito como "ratas alegres en el queso"?
—Me pareció bastante desubicado el tono agraviante. La idea desde la perspectiva nuestra, que no acompañamos el plebiscito, es dar nuestra opinión cada vez que se nos solicita. Y nosotros estamos para rediscutirlo todo: también el tema de la edad mínima y la jubilación mínima, solo que entendemos que eso no se puede poner en la Constitución. Además en la redacción de la papeleta quedan varios aspectos con incertidumbre, que no son claros.
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—¿Qué tan atado de manos quedaría un gobierno del Frente Amplio para aplicar su programa si triunfa el plebiscito?
—Gane quien gane, si lo que dice la papeleta se instala en la Constitución, va a ser un dato de la realidad y obviamente habrá que reformular las prioridades y los ritmos de las políticas. Está claro que, si esto prospera, van a ser necesarios recursos muy importantes para satisfacerlo. Ya partimos de una restricción básica, que es que el panorama fiscal y financiero que va a recibir el próximo gobierno va a estar bastante restringido. Lo importante es tener las orientaciones claras y marcar las prioridades de las políticas. El enfoque no cambia, solo que la restricción financiera va a ser mayor si el plebiscito prospera. Comparto con Oddone que desde el gobierno no se puede plantear que, si prospera el plebiscito, se acaba el mundo. ¿Y entonces qué? Si es el fin del mundo, se ve que hay gente que no quiere gobernar. Con más razón nosotros tenemos que gobernar si se aprueba. Por supuesto que va a haber menos recursos para un montón de demandas, de salud, educación, políticas sociales, la pobreza infantil, etc. Pero eso no quiere decir que se vaya a acabar el mundo.
—¿Cuáles van a ser las prioridades de un gobierno del FA?
—Hay tres ejes básicos, como plantearon Yamandú y Carolina en la plaza de toros de Colonia. Uno es el del crecimiento económico. Este gobierno tuvo el foco en lo fiscal como una obsesión. No lo hizo bien porque el resultado fiscal es bastante malo. Pero se olvidó de tener políticas de crecimiento: la productividad y la competitividad. El segundo es que ese crecimiento tiene que arrojar beneficios a toda la sociedad. No solo a los malla oro, esperando un derrame que nunca llega, sino con políticas que impliquen una distribución de los ingresos. El tercer eje es el de la seguridad. No utilizamos el tema de la inseguridad como un botín electoral, como ocurrió en la elección anterior, donde todo terminaba en la caricatura de “renunciá Bonomi” y la solución mágica era subir penas, endurecer la represión y pegar dos gritos en la Policía. Claramente la política de seguridad tiene que tener todas las dimensiones: la prevención del delito, la inteligencia policial y la represión. Hay que revisar el mapa de penas. Y la rehabilitación, que ha tenido un deterioro notorio.
—Acusó a Andrés Ojeda de frivolizar la campaña, ¿por qué piensa eso?
—No lo acusé a él; ante una pregunta sobre el spot (donde Ojeda aparece en un gimnasio), dije que no le da profundidad a la política sino que le da superficialidad, frivolidad. En un spot donde se le pide el voto a la gente, y no se menciona una sola idea política, me parece que es llevar la campaña a una órbita que no es como nosotros entendemos la política.
—Él le contestó con su participación en un programa de TV disfrazado de carpincho…
—Participé en un programa de televisión, no era mi spot de campaña. Es totalmente legítimo, como es legítimo que él vaya al gimnasio. Pero no me vistas eso de spot de campaña. Difícilmente se me pueda plantear que trato con superficialidad los temas. Es una cosa incomparable.
—Los analistas valoran que es un producto que logra llegarles a los jóvenes y que menciona temas que a ese electorado le importan, como el bienestar animal y la salud mental...
—Él los menciona pero no escuché ninguna idea asociada al tema. En el programa del FA hay propuestas mucho más profundas en bienestar animal, cuidado del ambiente y de tantos otros temas vinculados a derechos, que son los que los jóvenes les prestan más atención.
—¿Qué tantos jóvenes leen el programa del FA? Quizás es más efectivo ese mensaje, que además le permite darse a conocer.
—Es probable que muy pocos. El tema es cómo te haces conocer. En la elección anterior arrancamos con el “quién es Juan Sartori” y hubo montón de publicidad. Pero después Sartori hizo propuestas, mejores o peores, pero las hizo. El asunto es cuando ello sustituye la política. Escuché el otro día que citaban a Durán Barba diciendo que la política no es más para escuchar, es para ver. Me parece muy preocupante eso, porque es vaciar la política. En los países donde la política se deterioró, los resultados han sido nefastos. No todo tiene que ser litúrgico en política y no me considero un tipo demasiado litúrgico, sí aparecí en un programa de entretenimiento cantando y me divertí mucho. Pero eso no puede sustituir la naturaleza de la política, que es ver los problemas de la gente, discutirlos en profundidad, generar debate, propuestas.
—¿Habrá ambiente en un futuro gobierno para el diálogo?
—Creo que sí. Los temas de seguridad se discuten con mucha menos virulencia hoy que en el 2019. Porque ya todos rebotamos contra una pared. Hay que aproximarse con mucho más humildad. Ojalá también haya para el tema educativo y la pobreza infantil y la fractura social. Hay colegas de ustedes que dicen que todos los programas son más o menos lo mismo. Si hay cosas sobre las que decimos más o menos lo mismo, ¿cómo no va a haber ambiente para llegar a algunos acuerdos?
—¿Su sector político logró el objetivo de llegar a octubre con un perfil propio?
—Creo que sí, que la gente más allá de las alianzas político-electorales distingue claramente el ala marxitsta, el ala del MPP, el ala seregnista.
—¿El sublema con el MPP no distorsiona eso?
—No, es una cuestión esencialmente de ingeniería electoral. No decimos las mismas cosas. Cuando en la interna decidimos apoyar a Yamandú, aclaramos bien clarito que nosotros seguíamos con nuestra campaña, con nuestras ideas, y hubo temas en los que públicamente opinamos distinto.
—¿El MPP se está yendo más al centro?
—El MPP, como tantos otros grupos en el Frente, ha aprendido de los 15 años de gobierno, hemos aprendido de la derrota política, de cómo la sociedad uruguaya ha ido moldeándose... Por ejemplo, en el manejo de la economía. Cuando digo que hay un consenso más amplio de que la cosa económica se debe manejar con una impronta astorista, estoy incluyendo al MPP. Bien distinto de la lógica de lo que fue una cosa más política que económica con los dos equipos económicos.
—¿Es peligroso que un sector del FA tenga un peso demasiado grande en la interna?
—Peligroso no le llamaría, pero el Frente en su diversidad siempre tiene que cuidar los equilibrios. Ya tuvimos períodos donde hubo sectores que tuvieron votaciones muy altas. Está en la madurez de esos sectores y de todo el FA que eso no se traduzca en intentos de predominio político porque iría contra la propia naturaleza del FA. Hoy veo al MPP muy potente, pero de ninguna manera le veo un talante de dominación del FA, sino todo lo contrario.
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—La incorporación de una figura como Blanca Rodríguez, ¿atrae votos de fuera del Frente o pesca dentro de la misma pecera y fortalece al MPP?
—Creo que puede haber un poco de todo. Veo con buenos ojos la incorporación de Blanca al Frente Amplio y a la campaña, entiendo que va a hacer su contribución al triunfo. Después, cómo pega en la distribución de votos dentro del FA, habrá que verlo. Todavía no he visto encuestas o números.
—¿Qué lo motivó a elegir a Elbia Pereira como su primera suplente?
—Es una figura muy importante, secretaria general del PIT-CNT, maestra, tiene una trayectoria muy fuerte en el interior del país, muy respetada. En el marco de varios dirigentes sindicales de primera línea que acompañan la orientación seregnista dentro del Frente. Para nosotros es muy gratificante que Elbia nos acompañe y tenía que tener la saliencia en lo electoral y en lo político. Si la especulación de ustedes de que yo en algún momento voy a ir a algún otro lado se concreta, Elbia queda de senadora titular. No es un nombre de relleno ni mucho menos.
—¿Le interesaría competir por la intendencia de Montevideo?
—El foco es que ganemos. Después habrá que ver, si gana el FA, cómo es la distribución de responsabilidades del gobierno, y después la perspectiva de las elecciones departamentales. Me han planteado si iba a ir a Economía, siempre había dicho que esa no era una prioridad, me preguntan de la Cancillería, o si voy a quedar de senador, si iba a ir a la OPP (Oficina de Planeamiento y Presupuesto) o a la intendencia. Me halaga que la gente piense que puedo cumplir razonablemente cualquiera de esos roles, pero honestamente no tengo una respuesta hoy de, en la eventualidad de que el FA gane, cuál va a ser mi destino.
—Los votos van a importar...
—Los votos van a importar, sí. Y el macramé de las cosas, el armado del gobierno y las responsabilidades del gobierno.
—¿Cree que Lacalle Pou se está metiendo en la campaña?
—Esto hay muchos frenteamplistas que no les va a gustar que lo diga, pero el hecho de que esté sobre la mesa el plebiscito que cuestiona una de las leyes principales de su gobierno hace inevitable que para defender su política Lacalle Pou intervenga. Hay una línea divisoria que es muy fina, que creo que a veces la atraviesa.
—¿Le dieron el argumento?
—No diría eso porque no hay argumento para violar la Constitución, pero hubiera sido más nítido el tema si lo otro no hubiera estado sobre la mesa.
—¿Quedó conforme con cómo manejaron su sector y el Frente Amplio la denuncia de acoso de Martina Casás contra Gustavo Olmos?
—Como sector hicimos lo que debíamos hacer, que era volcar todos los antecedentes al ámbito que el Frente tiene para tratar estos temas, que es el Tribunal de Conducta Política. El tribunal actuó con toda la libertad y el respaldo del mundo. Fue todo un proceso muy desafortunado, tanto en lo que tiene que ver con los vínculos personales como también con los vínculos políticos, porque este proceso no estuvo carente de operaciones políticas, pero actuamos como debíamos: respetar y actuar en función de lo que el tribunal recomendó y el FA aprobó en su plenario.
—¿A que se refiere con operaciones políticas?
—Basta ver lo que fueron los raid mediáticos de mucha gente, que más allá del hecho original se fueron hacia áreas claramente de índole política que bastante daño le hicieron al proceso y a la gente involucrada, tanto a Martina como a Tato.