De pie sobre un pequeño tablado en la vereda de su sede, bajo la torre metálica de Canal 4, y ante un centenar de militantes, Gustavo Salle levantó los brazos y exclamó: “¡Tenemos dos diputados en la cueva de los vendepatria, ya estamos cambiando la historia!”.
En la delgada línea que separa la esperanza de la resignación. Entre la alegría por los dos diputados obtenidos y la desazón por no conseguir el “Sallazo”, como denominó el candidato a su eventual llegada al Senado. Entre los discursos furibundos del líder y la banda de cumbia que animó la velada en un escenario montado en la puerta de la sede, donde se congregó un centenar de personas. Salle quedó en el medio del Salón de los Pasos Perdidos: entre la Cámara de Diputados y la de Senadores.
Así transcurrió la noche de bautismo electoral de Identidad Soberana, el partido encabezado por Gustavo Salle, en el pequeño local situado en 18 de Julio y Acevedo Díaz. La incipiente fuerza política, creada en 2022 y sucesora del Partido Verde Animalista, obtuvo 64.735 votos, el 2,69% del total, una muy buena cifra para un partido nuevo, que le aseguró dos bancas en Diputados, pero que no alcanzó para la tan ansiada banca en el Senado.
A las 17.50 el candidato a presidente salió de su casa tras mantener una entrevista con Búsqueda. Iba vestido de vaquero y camisa a cuadros, pero a último momento les preguntó a los tres militantes que lo acompañaban desde más temprano en su casa: “¿Y si me pongo la remera de la Agenda 2030?”. Así, en un impulso, subió a su cuarto y bajó con una remera hecha en España que le obsequió un militante, con una leyenda tildada de “antisistémica” en el pecho: “Meteos vuestra agenda 2030 por el culo”.
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Gustavo Salle rumbo al local de votación
Javier Alfonso
El abogado se subió a su camioneta, pero esta vez no en la caja, donde suele ir en las giras, sino al volante. Puso primera al grito de “¡se viene el Sallazo!” y manejó las pocas cuadras hasta el Colegio Santa Rita de Punta Gorda. Antes de ingresar a su circuito, señalando la inscripción en su pecho, exclamó a la prensa: “A la élite perversa, pedófila, le decimos: ¡Métanse la Agenda 2030 por el culo!”.
En la mesa de votación, arengado por un pequeño grupo de militantes, saludó a los funcionarios electorales y, antes de introducir el sobre en la urna, se dirigió nuevamente a la prensa y a su reducida pero ruidosa militancia: “¿Por qué lo hago? No hay más remedio que meterse para destapar mucha cosa que está oscura ahí. Ese es el fin. Estar ahí adentro y destapar. Vengo a ser el buchón”.
Al salir, en la vereda y ante un racimo de cámaras y celulares, volvió a disparar su verborrágica metralla de epítetos y vituperios contra todo el espectro político: “Estoy harto de que la casta política, de espaldas el pueblo, venda la patria. La vende por la izquierda y la vende por la derecha”.
Continuó pegándole al Frente Amplio y también al gobierno. “Estuve hoy en los barrios periféricos de Montevideo, y ahí tenés una pobreza brutal. Sale la casta a decir que hay nuevas rutas… ¡y están para que fuéramos exportadores de troncos! ¡Ocho millones de hectáreas de tierra extranjerizada! ¿Te acordás cuando la izquierda cantaba A desalambrar? ¡Desalambraron para entregársela a las corporaciones internacionales!”.
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Gustavo Salle en rueda de prensa, después de votar
Javier Alfonso
Le preguntaron sobre cómo imagina su primer día en el Parlamento. Respondió que no conoce el lugar, pero “el derecho de piso va a ser carísimo”.
Acto seguido se le mencionó la posibilidad, llegado el caso, de que sus intervenciones incendiarias provocaran la aplicación del artículo 115 de la Constitución, que permite a cada Cámara “corregir” a sus miembros por “desorden de conducta” y suspenderlos con dos tercios de los votos. El artículo también permite removerlo por “imposibilidad física o incapacidad mental superviniente a su incorporación, o por actos de conducta que le hicieren indigno de su cargo”. Así respondió Salle: “¡Que me tengan miedo ellos a mí! ¡Yo les voy a aplicar el artículo 115! ¡El pueblo les tiene que aplicar el 115 a ellos!”.
Después de votar, el candidato se dirigió a su sede partidaria para esperar los resultados, ahora sí, subido a la caja de su salleneta, al grito de “¡se viene el Sallazo!”.
Voto anulado
Cuando faltaban 10 minutos para que se divulgaran las primeras cifras, a Salle le brotaban lágrimas. No por la posibilidad de alcanzar el Senado, sino porque quien lo saludaba y abrazaba era la viuda del fallecido fiscal Enrique Viana, amigo íntimo de Salle y compañero de su anterior emprendimiento político.
Poco después de las 20.30, cuando comenzaron a divulgarse los primeros números que proyectaban un 2% de los votos, la primera reacción de los militantes fue moderada. Pero, cuando pocos minutos más tarde la estimación subió a 2,5%, se desató la euforia. Los más de 100 presentes, dentro del local y en la vereda, donde se instalaron decenas de sillas de plástico, eran jóvenes o personas de mediana edad. La gran mayoría tenían entre 20 y 45 años.
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Javier Alfonso
Sobre la remera, Salle se puso una camisa blanca con la leyenda “Que Salle no se calle”, que mantuvo desprendida para dejar la otra a la vista. A las 20.30, tomó el megáfono que habitualmente amplifica sus encendidas arengas y anunció que en el balotaje anulará el voto: “No puedo no votar. Eso me complicaría asumir la banca. Voy a firmar una lista y la pondré en el sobre para que quede bien claro que mi voto es anulado. Y que cada combatiente de Identidad Soberana haga lo que quiera”, afirmó.
Apenas pasadas las 21, subió al estrado, sobre 18 de Julio. Se paró desafiante, con las piernas separadas y las manos en la cintura, y, a voz en cuello, dio su mayor discurso de la noche: “¡Es un triunfo! “¡Tenemos dos diputados en la cueva de los vendepatria! ¡Por lo tanto, ya estamos cambiando la historia! ¡Llegamos al Parlamento a luchar por los uruguayos de a pie, para que la putrefacta casta política no siga vendiendo la patria y empobreciendo, endeudando y degradando al pueblo!”.
Al bajar respondió a los medios presentes de pie, en una clásica rueda de prensa, con un muñeco de Chucky que iba y venía, como telón de fondo.
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Javier Alfonso
Volvió a ingresar a su sede, donde, en dos grandes recipientes de plástico, se repartía carne asada y pan. Único elemento de catering en toda la noche. Salle se sentó en la cabecera de la mesa para dar una entrevista para un canal de streaming chileno. Mientras respondía, le informaron que un móvil de Canal 12 esperaba para entrevistarlo. Interrumpió la nota, se plantó ante los periodistas y les informó que no daría la entrevista debido al episodio ocurrido semanas atrás en el programa Esta boca es mía, cuando fue retirado de la emisión tras protagonizar una discusión con el panelista Alfredo García. “A mí me echaron del canal, así que yo no les doy ninguna entrevista. No es nada contra ustedes, que son trabajadores, pero díganle al dueño del canal que a Salle se lo respeta”.
El público dentro del local saludó la decisión de Salle, coreando: “Que Salle no se calle”.
Así prosiguió la noche, mientras en el escenario una banda de cumbia le ponía sabor y baile a la espera. Entre arengas impulsivas, llamadas telefónicas y charlas con decenas de correligionarios, continuó la vigilia sallista. A las 23, con la cifra en la pantalla congelada en 2,6% desde hacía un buen rato, Salle se dirigió a Búsqueda con voz resignada por ese sillón azul del Senado que se le escapaba de las manos: “No subimos nada. Me parece que no me da”.
En la delgada línea que separa la esperanza de la resignación. Entre la alegría por los dos diputados obtenidos y la desazón por no conseguir el “Sallazo”. Entre una Cámara y la otra. En el Salón de los Pasos Perdidos.
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Javier Alfonso