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    Rafael Porzecanski: el resultado de las elecciones es “más dulce” para la oposición y la debilidad de los liderazgos locales debe preocupar al FA

    El sociólogo señala que el oficialismo no logró “capitalizar” su victoria de noviembre, aunque sí volvió a demostrar el peso de su marca en la zona metropolitana; la caída de votos en Artigas y Soriano refleja un posible castigo a las polémicas sobre corrupción entre los blancos

    La elección departamental y municipal del domingo 11 dejó un escenario de relativa continuidad. No hubo grandes cambios en el mapa político, aunque resta por definirse el destino de Lavalleja, en un reñido “voto a voto” que tiene a blancos y frenteamplistas en ascuas.

    No obstante, la continuidad no es una buena noticia para todos los partidos, analiza el sociólogo Rafael Porzecanski. El Frente Amplio no logró “capitalizar” su triunfo nacional y quedó casi igual que en 2020, cuando era oposición.

    El Partido Nacional, en cambio, mantuvo su hegemonía sin que la derrota de noviembre hiciera mella en sus poderíos locales. Además, “ganó con luz” en departamentos históricamente competitivos, lo que “debe ser una preocupación” para el Frente Amplio (FA) porque muestra un debilitamiento de sus candidaturas locales.

    En Montevideo el FA logró imponerse pese a una imagen negativa de su gestión, lo que demostró “la potencia de su marca”, aunque la gestión de Mario Bergara será determinante para la valoración de la izquierda en la próxima elección, no solo en la capital sino a nivel nacional, evalúa el director de Opinión Pública y Estudios Sociales de la consultora Opción.

    Mientras, la herramienta Coalición Republicana demostró en Salto “que funciona”, especialmente si el Partido Nacional tiene el aporte de una candidatura fuerte colorada. En Montevideo el instrumento tiene el “desafío” de sumar candidaturas capaces de atraer a los frenteamplistas “enojados” que votan en blanco o anulado. Lo pareja que fue la votación en la capital en las nacionales de octubre de 2019 demuestra que la tarea es difícil pero no imposible, afirma Porzecanski.

    —¿Hay ganadores y perdedores en la elección del domingo?

    —Al ser una elección más de continuidad que de cambio respecto a 2020, en una primera lectura uno podría decir que el saldo es un poco mejor para la oposición nacional que para el oficialismo. Porque estuvo menos el viento de cola favorable que da un triunfo en la elección nacional. El Frente Amplio sí lo tuvo en 2005, cuando de la mano de ese triunfo nacional, que tuvo un enorme entusiasmo popular, logró una inserción muy importante en varias intendencias. En cambio, este es un mapa que en cantidad de intendencias por partido (con la duda de Lavalleja), puede llegar a quedar idéntico: 15-3-1. Es un escenario de predominante estabilidad. Lo que está claro es que el Frente no capitalizó en triunfos su elección nacional (como máximo lo capitalizaría en un departamento más). Y en departamentos que para el Frente eran históricamente competitivos, quedó lejos.

    —El Frente Amplio tenía expectativa de dar batallas reñidas en departamentos como Salto o Rocha, algo que no sucedió.

    —No las hubo. Perdió con claridad en Rocha, un departamento donde el Frente gobernó tres períodos consecutivos. Y perdió con mucha claridad en Paysandú. Diría que es el resultado más impactante. Fue donde más votos perdió respecto a la elección anterior. Y es una derrota dura, pero en algún punto esperable, la de Salto. Porque la gestión de Andrés Lima generaba opiniones muy polarizadas y no contaba con la posibilidad de reelección y porque la herramienta Coalición Republicana funcionó bien, retuvo exactamente el porcentaje de votos que tuvo la elección pasada.

    Ahora, hay una lectura también favorable para el Frente, y sobre todo subrayaría Montevideo. Desde el punto de vista de la imagen de gestión de la intendencia, el Frente llegaba a una elección muy complicada. Además, la terna del Frente, en comparación con la terna de la elección pasada, tenía más dificultades de posicionamiento, empezando por una variable clave, el desconocimiento. Esos dos elementos le implicaban al Frente un desafío muy importante, que lo superó ganando por nueve puntos de distancia. Ahí se abre un espacio para el análisis bien interesante. ¿Qué vimos en las encuestas, que contrasta con la elección nacional? La gente que te decía que la gestión de la intendencia no es ni buena ni mala mayoritariamente votó al Frente igual. En la nacional, la gente que te decía que la gestión del Partido Nacional no era ni buena ni mala mayoritariamente votó a la oposición. Ese segmento estratégico las dos veces favoreció al Frente Amplio. Para el Frente es una buena noticia que, más allá de la imagen de la gestión departamental y de la oferta concreta de candidaturas, logró una ventaja de nueve puntos contra la Coalición. Y a la Coalición le instaló el desafío de repensar su estrategia de competencia en Montevideo. Desafíos que van mucho más allá de las campañas puntuales de los candidatos, que son de mediano y de largo plazo.

    —Pero la Coalición sí logró achicar la distancia con el FA.

    —Sí, la coalición achicó la distancia por vía del decrecimiento del Frente Amplio y el crecimiento del voto blanco/anulado. Pero tiene un techo de 40 puntos que está siendo muy difícil de romper. Hay un solo modelo que a la Coalición le funcionó para ser altamente competitiva contra el Frente en Montevideo, que es un modelo de candidaturas diversas y potentes, que fue el que funcionó en octubre de 2019, cuando el Frente Amplio ganó pero con poca luz. Y parte de eso se debió a que junto al candidato presidencial central, Lacalle Pou, podía captar votos frenteamplistas de talante socialdemócrata con Ernesto Talvi y un voto más desideologizado y popular con el talante de Guido Manini. Creo que a la Coalición le faltó en posicionamiento y en peso un complemento a la candidatura de Martín Lema que fuera potente. Y esto no es responsabilidad de la candidata del Partido Colorado (Virginia Cáceres), sino más bien de la estrategia general, en la que hubo una candidatura definida muy a último momento, con pocos recursos, por lo que la Coalición quedó absolutamente centralizada en una figura. Y es evidente que esa oferta no puede llegar al conjunto de ciudadanos necesarios para que Montevideo se vuelva un departamento más competitivo.

    —¿Con candidaturas más potentes, la Coalición puede crecer? Porque podría pasar que solo se repartan los votos de Lema entre los demás candidatos, sin romper el techo.

    —Podría pasar eso, pero es evidente que la Coalición debería comenzar a pensar en estrategias de candidaturas y de trabajos de mediano y largo plazo que logren torcer un poco. ¿Cuál puede ser un segmento más débil de voto frenteamplista? El que votó en blanco o anulado. Tiene que convertir a ese votante. Ya ocurrió en 2010, cuando hubo un histórico porcentaje de votos en blanco y anulados por la disconformidad que hubo sobre cómo se definió la candidatura de Ana Olivera. El voto frenteamplista enojado dio un voto en blanco o nulo pero no migró a la Coalición. Ahora, otra vez, votantes oficialistas desconformes migrando al voto en blanco o anulado.

    —¿Este análisis lleva a concluir que Montevideo no es un bastión inexpugnable del Frente Amplio?

    —La foto es clara, Montevideo es predominantemente frenteamplista y tiene algunas zonas donde tiene ventajas muy importantes, sobre todo en el noroeste. Pero al mismo tiempo hay un electorado que vota al Frente que es menos ideologizado de lo que la gente cree. Si fuera tan monolíticamente frenteamplista, en Montevideo no hubieran votado tan parejo los bloques sumados como votaron en octubre de 2019; quiere decir que ahí también hay elementos de contexto y de oferta que pueden influir. Es evidente que hay una identidad frenteamplista más consolidada. Pero aún así hay espacio para movimientos. Y hay que recordar lo que pasa cuando hay escenarios binarios: si la distancia es 10, tenés que mover cinco puntos para que se empareje la situación. O sea que la Coalición debería lograr, para volver pareja la situación, una conversión de aproximadamente unos 40.000 o 50.000 votos.

    —¿Difícil pero no imposible?

    —Ha sido un techo muy difícil de perforar para la Coalición. Pero también es cierto que ha dado ventajas. El proceso de designación de la candidatura de Laura Raffo en la elección de 2020 fue tortuoso. Y esta vez hubo una terna en la que un candidato fue testimonial, Roque García, reflejando los severos problemas que tuvo Cabildo Abierto en la elección nacional; otra candidata que hizo lo que pudo en un contexto de pocos recursos e improvisado, y otro que trabajó y logró un buen resultado para sus intereses. Logró posicionarse bien dentro de su electorado cautivo, pero no pudo convertir votos frenteamplistas. La Coalición tiene hoy una experiencia exitosa de triunfo, que es Salto. Y justamente muestra que (Marcelo) Malaquina fue necesario para el triunfo de (Carlos) Albisu. La “Salto” de 2020 fue Río Negro en esta elección, donde la Coalición, de un modo complejo de entender, no generó un acuerdo con una candidatura blanca y una colorada.

    —¿Habrá más Coalición Republicana como lema único en el futuro?

    —El tema de la Coalición es uno de los temas que deja la campaña nacional y la campaña departamental. ¿Cuál va a ser el futuro? Si se va a dar lugar a esa aspiración colorada de Coalición en todas o en ninguna y qué va a pasar con el instrumento de la Coalición a nivel nacional. Una de las preguntas a instalarse es cuando esté del todo presente la actividad político-partidaria de Lacalle Pou, ¿cuál va a ser su posicionamiento ante la idea de generar un lema único o no para la elección nacional?

    —Volviendo al balance de los ganadores y perdedores, la Coalición también la tiene difícil en Canelones…

    —El triunfo en Montevideo y Canelones muestra la potencia de la marca Frente Amplio en la zona metropolitana. Son relativamente buenas las noticias en Canelones para el Frente, porque hay un triunfo claro con candidatura única contra una terna de dirigentes que tienen bastante recorrido en Canelones. Con un candidato que dio ventajas importantes por su desconocimiento. Por algo Canelones votó el porcentaje que votó de blancos y anulados: casi uno de cada cinco canarios votó así.

    —¿Y eso tiene que ver con el desconocimiento de los candidatos?

    —Probablemente, sí, de todos los candidatos. Sin embargo, con todos esos peros el FA ganó cómodo en Canelones. No con la ventaja que había ganado Yamandú (Orsi) porque era muy difícil prever eso, pero ganó por más de 10 puntos.Y es el quinto triunfo consecutivo del Frente Amplio en Canelones.

    —Más allá de que ganó, los números también muestran un desgaste de la izquierda en dos departamentos que son sus bastiones. ¿Qué tan determinantes serán las gestiones de Bergara y Legnani para el futuro del Frente en esos departamentos?

    —Uno toma nota del discurso de triunfo de (Mario) Bergara, que es un discurso bastante enérgico al decir que el tema de la basura se va a solucionar y rápidamente. Como diciendo “acá no comienzo con un gran crédito”. Si esa insatisfacción se sostiene en el tiempo, evidentemente debilita al Frente Amplio. Además, seguramente también lo puede perjudicar en lo nacional porque es una intendencia muy relevante. Del mismo modo que la gestión en la Intendencia de Montevideo le dio una carta de presentación para aspirar al poder nacional.

    —¿Lo ves a Bergara repitiendo en la intendencia o apostando a la competencia nacional en cinco años?

    —Es, como dijo el mismo Bergara, muy difícil de pronosticar. Lo que sí uno supone es que va a estar muy enfocado en los temas de gestión, tomando nota de las principales áreas de insatisfacción de la ciudadanía, que empiezan con la limpieza. Si la ciudadanía percibe un cambio, va a ser un espaldarazo para su gestión. Más allá del futuro político de Bergara, una buena imagen de gestión para el Frente en lo departamental es un activo para el posicionamiento en lo nacional. Ahí hay un tema a cuidar.

    —Decía que el Frente no pudo capitalizar su triunfo nacional en las intendencias; ¿no es llamativo que siendo gobierno haya votado peor que siendo oposición?

    —Creo que en el global la elección le deja un sabor más dulce al Partido Nacional y a la Coalición. Quedaría un poco ensombrecido si pierde Lavalleja, pero aún así retendría 14 de las 15 intendencias, en un escenario en el que perdió la competencia nacional y en el que, repito, ganó con luz en departamentos históricamente competitivos. Y eso debe ser una preocupación para el Frente porque hay un debilitamiento de varias candidaturas locales.

    —El Frente nunca gobernó el país con tan pocas intendencias bajo su poder ¿Eso puede ser un problema?

    —Justo es un área donde uno a priori piensa que es una fortaleza del presidente. Varios (intendentes electos) ya han salido a subrayar su buen vínculo personal y político con el presidente. Con varios de ellos, Orsi se conoce del Congreso de Intendentes, y es una persona de diálogo. Por lo tanto, no se vislumbra en principio una gran rispidez en el vínculo entre el gobierno nacional y gobiernos de otro poder político.

    —En Artigas y Soriano ganó el oficialismo pese a tener candidatos y jerarcas condenados o acusados de corrupción, y en Salto triunfó un candidato cuestionado por clientelismo; hay quienes entienden que la ciudadanía no le da importancia a ese tema, pero también es cierto que en Artigas y Soriano el Partido Nacional votó peor. ¿Qué lectura hace?

    —Identificar las causas por las que un electorado vota es complicado. Pero algunos análisis de correlación se pueden hacer. El Partido Nacional ganó porcentaje de votación en la mayoría de los departamentos respecto a 2020, pero hubo cuatro en los que perdió muchos votos: Artigas, Soriano, Río Negro y Lavalleja. Dos de esos casos son los que estuvieron más en la picota por el tema de acusaciones vinculadas a la corrupción. La caída del Partido Nacional en Artigas fue muy importante, 17 puntos porcentuales. Partía de un piso muy alto y por eso pudo ganar. En Soriano sucede algo parecido, el Partido Nacional había ganado con mucha luz en 2020 y ahora cayó más de nueve puntos. Entonces, no estoy de acuerdo con la lectura de que los ciudadanos de Artigas o de Soriano no penalizaron este tipo de elementos. Por lo menos la evidencia no lo descarta. Y agregaría el caso de Lavalleja. Hubo un acuerdo político polémico, entre Adriana Peña y Mario García, y una candidatura que no logró traccionar, la de Carol Aviaga. Y también hubo debate sobre la gestión de García, no vinculada estrictamente al tema corrupción, pero sí a gastos de gestión impropios. Y el Partido Nacional perdió una cantidad muy grande de votos.

    Además, donde fue más fuerte la sanción de la Justicia (en Artigas ya hubo condenas, mientras que en Soriano el proceso está en curso) y donde fue claro el desmarque del Partido Nacional, inhabilitando la candidatura de Dos Santos, el castigo, uno podría hipotetizar, también fue mayor. El otro tema que es también debatible es Salto, donde quien se vio envuelto en una polémica muy grande es Albisu con la Comisión Mixta de Salto Grande. Pero Salto es un caso muy particular porque también enfrentó acusaciones de clientelismo el intendente (Andrés) Lima. Hubo acusaciones cruzadas, y era más entreverado el panorama para el elector.

    —¿No ves que haya una vara diferente entre Montevideo e interior respecto a estos temas?

    —En eso sí puedo estar de acuerdo: las varas con las que se miden estos temas no son iguales en localidades más urbanizadas, donde las relaciones son más impersonales entre gobierno y ciudadanía, que en lugares donde las poblaciones son más pequeñas y las relaciones son más personales. Es difícil pedirle a una localidad de 5.000 habitantes un nivel de universalismo que tiene Montevideo. A veces hay algo como de una vara excesiva. Por supuesto, después hay temas delictivos en los que la Justicia tiene que fallar. Pero el asunto del particularismo versus el universalismo es un eje que es importante de considerar.

    —Referentes del Frente Amplio, como Fernando Pereira, han hablado en estas horas del “clientelismo” como un factor determinante en las votaciones departamentales. ¿Hasta qué punto eso puede explicar los resultados?

    —Si la intendencia, como es en el interior en general, más allá del color político, es un proveedor de bienes y de servicios y de empleo, sin duda que es un factor que tiene incidencia. Ahora, no hay evidencia de que el clientelismo haya aumentado. Y el Frente Amplio supo tener hasta ocho intendencias. Demostró tener un potencial de ganar gobiernos departamentales mayor del que tuvo actualmente. Entonces, hay otros factores que están interviniendo, sin duda. Por ejemplo, Rocha y Paysandú son departamentos con buena evaluación de gestión. Y las candidaturas potentes ayudan, no hay caso. Hay una dimensión emocional de la política que es importante en el nivel local y en el nivel nacional. Y en ese sentido, la oferta que tuvo el Frente Amplio fue dispar.

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