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Que el uso de las monedas o billetes deje de existir para el común de las personas puede sonar futurista, pero posiblemente en los próximos años alguna modalidad de dinero digital emitida por los bancos centrales del mundo tengan su espacio. Hasta el momento hay estudios y alguna experiencia aislada, como el piloto que llevó adelante la autoridad monetaria uruguaya. Para Santiago Fernández de Lis, jefe de Sistemas Financieros y Regulación de BBVA Research, el “reto” es ver qué modalidad se adoptará para “mejorar en la eficiencia, sin poner en peligro la estabilidad financiera” de las economías. Por eso, consideró que el camino será “gradualista” y llevará algunos años.
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El experto de BBVA llegó a Montevideo esta semana para participar en un foro sobre estabilidad financiera organizado por el Banco Central del Uruguay (BCU), el Research Institute for Development, Growth and Economics (Ridge) y la International Economic Association. Lo que sigue es el diálogo que mantuvo con Búsqueda.
—Recientemente el BCU desarrolló un plan piloto emitiendo dinero electrónico, el e-peso, y son varios los bancos centrales que exploran este camino de las monedas digitales. Desde su perspectiva, ¿qué esquemas son los más recomendables y cómo debería procesarse la implementación?
—Uruguay ha sido pionero en Latinoamérica y las conclusiones del piloto han sido positivas, si bien es un tema en el que no he trabajado y no puedo decir mucho.
Los economistas estamos bastante fascinados con esto porque es un tema nuevo que combina varias cosas al mismo tiempo: tecnología, política monetaria, estabilidad financiera, sistema de pagos, de banca central y de competencia con iniciativas privadas. El debate lo lanzó el Banco Central de Inglaterra en un informe de 2016 que ponía en la mesa ideas bastante revolucionarias y a partir de allí mucha gente, muchos bancos centrales están trabajando en ello. Desde el BBVA también hemos estado intentando entender el debate y ver si podemos aportar algo.
Ahora mismo, el debate se centra en dos variantes o modalidades de moneda virtual: una es un dispositivo —token—, en principio anónimo, que se puede circular fácilmente de unas personas a otras. La otra es una cuenta en el banco central que los particulares podrían abrir en forma de depósitos.
—¿Qué desafíos presentan para las instituciones financieras y las autoridades?
—La primera modalidad es más sencilla de implementar. El piloto del BCU va en esa línea. Lo que hay que resolver bien ahí son los temas del anonimato y evitar la posibilidad de blanqueo de dinero.
La otra modalidad es bastante más disruptiva, porque el banco central de alguna manera entra a competir con los bancos o a sustituirlos, en el límite. Es interesante intelectualmente, pero lleva a un mundo muy distinto donde por una parte los medios de pago minoristas estarían en el banco central y los bancos serían los que conceden el crédito. De alguna manera se rompe la idea de que los bancos captan depósitos y conceden créditos en la misma institución. Quienes se proponen esta idea quizás no tienen muy elaborado cuál es el mecanismo por el cual el ahorro —en forma de depósito— se convierte en crédito.
El más avanzado es el de Suecia, donde están desapareciendo los billetes, la gente se ha acostumbrado a los pagos electrónicos y hace un mes dijeron que van a seguir adelante con la modalidad de token. Eso da una idea de que esta opción podía tener más posibilidades de salir adelante que la otra.
El otro país del que todo el mundo habla es China, que tiene un sistema de pagos electrónico que se ha modernizado muy rápidamente, con nuevas empresas fintech, que literalmente tienen millones de clientes y están desplazando al efectivo en los comercios.
—¿Qué retos hay desde el punto de vista de la regulación?
—Bastantes, porque por una parte está la competencia de las criptomonedas —Bitcoin y compañía—, que hoy por hoy tienen tanta volatilidad de precio que no son un gran competidor de las monedas tradicionales emitidas por los bancos centrales. Pero en algún momento, si algunos de los sistemas de criptomonedas consigue más estabilidad, a lo mejor sí podría ser un competidor. Esa es una primera parte. La otra es ver si los bancos centrales efectivamente pueden plantearse la sustitución del efectivo, de los billetes, por algo más eficiente en formato electrónico. Técnicamente es posible, habrá que encontrar una modalidad concreta que permita mejorar en la eficiencia sin poner en peligro la estabilidad financiera. Es un reto.
Cuando los bancos centrales han analizado a fondo las modalidades más disruptivas, la de abrir —por ejemplo— cuentas en el banco central para la población, les ha entrado un poco de vértigo. Porque tienen principalmente un problema y es que se le da demasiado poder al banco central. Probablemente empezarán con algo más controlado, más gradualista.
—El dinero en efectivo como lo conocemos hoy, con sus desventajas de costos de emisión, transporte y seguridad, ¿seguirá existiendo en el futuro?
—El dinero tiene características muy particulares, tiene que ser aceptado, lograr un papel central en el sistema de pagos. Creo que alguna modalidad de dinero digital tendremos en los próximos años. Desde los tiempos de la acuñación de moneda con metales preciosos hasta ahora, el dinero ha evolucionado mucho y esta es una evolución más. Será otra forma de dinero que coexistirá seguramente con las actuales; lo que todavía está por verse es qué modalidad y con qué características.
Es difícil pensar que se vaya a prescindir completamente de los billetes, diría que ni siquiera en los países como Suecia, donde su uso es marginal. Porque con todos sus problemas, los billetes para transacciones pequeñas siempre van a tener alguna ventaja, por lo menos en los próximos años.
El lanzamiento de este tipo de proyectos (de moneda virtual emitida por bancos centrales), incluso en los países más avanzados, va a llevar un tiempo. Hasta que sea una realidad tangible van a pasar unos años. Es un tema muy nuevo con un componente futurista que se va a seguir estudiando y alguna modalidad terminará aplicándose.