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    Jerarca del gobierno afirma que la elección de Bolsonaro es “un derrumbe de la política democrática” con perspectivas “nefastas”

    Para el secretario de Derechos Humanos de Presidencia, el favorito a ganar en Brasil es un “monstruo” y un “emergente fascista” que representa “lo más descarnado del poder”

    Lo califican de homófobo, enamorado de la dictadura, represor y clasista. Él se define como defensor de la familia, de la seguridad de los policías, del derecho a la propiedad y la libre iniciativa. Sus seguidores lo apodan el “mito” de la extrema derecha; sus detractores aseguran que es el “vómito” de la democracia. Diputado federal por Río de Janeiro, integrante de siete partidos políticos diferentes y militar de reserva del Ejército, a sus 63 años Jair Bolsonaro se encuentra a un paso de sacudir el panorama político de América Latina. Con una campaña basada en la promesa constante de aplastar la corrupción y la inseguridad, el domingo 7 obtuvo el 46% de los votos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil. Su rival en el balotaje del próximo domingo 28, el izquierdista Fernando Haddad, alcanzó 29%, diferencia que los analistas no preveían y consideran difícil de remontar.

    En Uruguay la inesperada votación de Bolsonaro fue lamentada por integrantes del gobierno, que criticaron con dureza un posible triunfo en segunda vuelta y luego se llamaron a silencio por orden de Tabaré Vázquez, quien pidió cautela pública a sus ministros al tratarse de una decisión soberana, de una elección aún en carrera y de un hipotético presidente vecino con el cual necesariamente su gobierno deberá relacionarse.

    Sobre el cierre del martes 9, sin embargo, un jerarca del Poder Ejecutivo decidió opinar sin limitaciones acerca de Bolsonaro. Nelson Villarreal, secretario de Derechos Humanos de la Presidencia, definió al candidato brasileño como un “emergente fascista”, entre otros adjetivos, en su columna semanal sobre filosofía y política en Radio Nacional. “El viejo mundo se muere y el nuevo tarda en aparecer, y en este claroscuro emergen los monstruos. Está emergiendo lo más crudo, lo más descarnado del poder con la exclusión de todo aquel que piense distinto. Estamos en el comienzo nuevamente de la guetización. Nos estamos embruteciendo. Esa cuestión del dilema entre la democracia y la barbarie es plenamente pertinente verlo así: estamos entre la democracia y la barbarie”, aseguró.

    En Uruguay la inesperada votación de Bolsonaro fue lamentada por integrantes del gobierno, que criticaron con dureza un posible triunfo en segunda vuelta y luego se llamaron a silencio por orden de Tabaré Vázquez.

    Para Villarreal, licenciado en Filosofía y magíster en Ciencias Políticas que ocupa el cargo en Presidencia desde setiembre de 2016, lo que se está “viendo con Brasil es un derrumbe de la política democrática” que va a afectar negativamente a toda la región. “Un Brasil que no es solamente Brasil, es América Latina. Con una alianza probable, un nuevo eje: si gana Bolsonaro, con Trump las perspectivas de por lo menos los cuatro, cinco años próximos van a ser nefastas”, dijo.

    En su evaluación, el secretario de Derechos Humanos fue también autocrítico sobre los errores que los gobiernos de izquierda han cometido para permitir el avance de ultraderechistas como Bolsonaro, y reclamó al Frente Amplio reaccionar. “Lo que se agudizó en Brasil, lo que vimos en Argentina, lo que vemos en otros países de América Latina, hace sucumbir los avances del progresismo muchas veces por no reconocer los errores que se cometen, por no asumir que hay que dar un paso al costado cuando las formas de gestionar muestran que se han cometido errores. El hecho de lo que está sucediendo en Brasil nos interpela también a nosotros, por lo que supone de desmantelamiento del proceso democrático, y nos desafía a recrear la confianza con la ciudadanía”.

    Ausencia de visión regional. 

    La opinión de Villarreal fue la más fuerte entre varios otros reproches contra Bolsonaro que se emitieron desde el Poder Ejecutivo. El viernes 6, antes de la primera vuelta de la elección en Brasil, el canciller Rodolfo Nin Novoa admitió a Telenoche que esperaba “que las encuestadoras le erren” para que el candidato no tuviera tantos votos. El domingo 8, con los resultados a la vista, la ministra de Turismo, Liliam Kechichian, dijo en su cuenta de Twitter que estaba dolida por Brasil porque “la política deja de ser limpia y transparente” y “viene lo peor disfrazado de antisistema”. El lunes 9 en Telemundo, la vicepresidenta, Lucía Topolansky, aseguró que en su años como legislador Bolsonaro “no aprendió la cuestión de la democracia y eso es lesivo para la democracia”, por lo que su eventual presidencia “va a ser para el olvido”. Ayer miércoles fue la ministra de Educación, María Julia Muñoz, quien dijo a Radio Montecarlo que un gobierno de Bolsonaro dejará “mucho retroceso”.

    A pesar de las críticas, ninguno de ellos explicó específicamente cómo un triunfo de Bolsonaro en el balotaje puede afectar a Uruguay. En su programa de gobierno el candidato menciona una sola vez a nuestro país y lo hace en referencia a su propuesta de armar a la población civil: alude a estadísticas que ubican a Uruguay con más armas por 100 habitantes que Brasil (32 contra 8,8), pero menos muertes por esa causa (6,6 contra 30,3). En lo relativo al comercio, lejos de mostrarse proteccionista su programa propone facilitar el comercio internacional como una de las maneras más efectivas de promover el crecimiento económico a largo plazo. “Los países más abiertos son también más ricos. Proponemos la reducción de muchas alícuotas de importación y de las barreras no arancelarias, paralelamente a la constitución de nuevos acuerdos bilaterales internacionales”.

    A pesar de las críticas, ninguno de ellos explicó específicamente cómo un triunfo de Bolsonaro en el balotaje puede afectar a Uruguay.

    La política comercial de Bolsonaro, uno de los elementos que más preocupa al gobierno, aún no está definida. “Hay una ausencia de la visión regional en las propuestas programáticas y uno puede esperar la existencia de dos Boslonaros posibles: uno aperturista, liberal, desregulador, flexibilizador, que cree una inserción internacional ultraliberal; y otro más neopatriota, pareciéndose a un Trump del trópico que, preso de los intereses del capitalismo premoderno que lo apoya, se puede transformar en un actor proteccionista”, señaló a Búsqueda Camilo López, doctor en Ciencia Política de la Universidad de la República.

    López sostuvo que, además de una bancada militarista y de los evangélicos, el núcleo de apoyo más importante de Bolsonaro está formado por ruralistas, lo que puede implicar que su política comercial no será tan abierta como transmite su plataforma de gobierno. “No es obvio que Brasil va a tener una economía ultraliberal si gana Bolsonaro. Probablemente sea ultraliberal hacia adentro, pero no que sea la tónica en su proyección internacional. Estos sectores ruralistas, del capitalismo extractivista, son el capitalismo más premoderno de Brasil, no es la burguesía paulista. Y estos son los que, por ejemplo, presionaron sobre el ministro de Agricultura cuando en 2017 el gobierno de Temer le cerró las fronteras a la leche uruguaya. Son los intereses de los ruralistas del sur de Brasil, y estos están en el corazón de la bancada que apoya a Bolsonaro”.

    López, que integra los tribunales de ascenso del cuerpo diplomático en la Cancillería, sostuvo que hay que esperar al resultado del balotaje y después analizar cómo estará integrado el nuevo gobierno. Al respecto, dijo que la composición del Congreso de Brasil está “más a la derecha” que antes y que eso le da un “escenario de gobernabilidad muy bueno” a Bolsonaro y pésimo a Haddad.

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