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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáA la locura clásica que se observa en las calles de Montevideo cuando llega el último mes del año, se le sumó un nuevo factor de irritación, justo antes del primer fin de semana con pronóstico de “verano”: las estaciones se vieron desbordadas ante un conflicto sindical que afectó el abastecimiento de combustibles. El problema siguió el lunes 10, cuando el Poder Ejecutivo decretó la esencialidad del servicio.
Ese episodio enojó a muchos consumidores que sienten que las tarifas de los combustibles deberían haber bajado en los últimos meses cuando lo hizo el precio internacional del petróleo, pero eso no ocurre porque el gobierno precisa hacer caja. Mientras, desde la oposición se insiste con liberar la importación de las naftas.
Para este segundo semestre del año, Ancap proyectó un barril de petróleo Brent cotizando a US$ 75, cuando desde mediados de noviembre estuvo en poco más de US$ 60. Pero el tipo de cambio se ubicó algo por encima del valor de referencia para el ente.
Desde el punto de vista de las finanzas públicas, el cambio en la matriz energética de Uruguay registrado en los últimos años —con un incremento de la generación eólica y de otras fuentes renovables— supone un alivio.
Las importaciones de petróleo se han reducido considerablemente, un quiebre que comenzó a darse a partir de 2012. Hasta ese año, el peso de ese energético en la matriz era superior a 50%, en una serie de datos del Ministerio de Industria, Energía y Minería que se inician en 1990. Al cierre de 2017, el volumen físico importado bajó 38% respecto a cinco años atrás.
En 2012 la importación de petróleo ascendió a US$ 2.851 millones, lo que representó 5,6% del Producto Bruto Interno. Cinco años después, en 2017, fue menos de la tercera parte (US$ 931 millones) y 1,6% del Producto. Con los datos de importación cerrados a octubre, en 2018 se llevan importados US$ 1.014 millones.
La baja en la comparación con el PBI no responde únicamente a menos volumen importado, ya que en 2012 el costo del barril Brent fue de US$ 113, en promedio.
En esos cinco años, la tarifa de los combustibles subió 45%, cuando la inflación —el IPC— entre 2017 y 2012 fue de 60%, lo que supuso un descenso en términos reales. Del otro lado, el precio del barril de petróleo cayó algo más de 50% descontando la inflación en dólares.
El 2016 fue el primer año en el que el petróleo (39% de la matriz) fue superado por la biomasa como fuente de energía (41%). Con 36%, en 2017 se dio el porcentaje más bajo de participación del crudo en la matriz energética.
La generación de energía que surge de las fábricas de pasta de celulosa UPM y Montes del Plata cobra cada vez más importancia, lo mismo que el despliegue de los parques eólicos (aunque en menor medida, ya que su peso en la matriz no supera el 5%). La generación solar pasó de registros nulos previos a 2012, a 1% en la actualidad.
Más allá de todos estos cambios en la oferta de energéticos, es difícil contrarrestar la preponderancia de los combustibles fósiles, ya que la demanda no cambia con la misma celeridad.