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Las estadísticas demográficas oficiales exponen una desproporcionada presencia de jóvenes varones en el medio rural de Montevideo, Canelones y San José, que se explica en parte por la población reclusa alojada en establecimientos de detención en las afueras de esos departamentos. Eso plantean los investigadores del Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República Joaquín Cardeillac y Ana Vigna, en un análisis publicado en la última edición de la revista “Agrociencia Uruguay” de la Facultad de Agronomía.
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Allí cuestionan la definición del área o región rural que hace el Instituto Nacional de Estadística (INE), según la cual esta “es en realidad un conjunto de zonas del territorio que queda definido por oposición (rural es aquello no ocupado por localidades)”. Ello “da sustento a la afirmación de que en Uruguay la población rural ha sido excluida y, eventualmente, definida por oposición y como complemento de la población urbana”.
De acuerdo con la información publicada por el INE a partir de los datos del Censo 2011, la población rural del Uruguay se ubicaba entonces en el entorno de las 175.613 personas; eran 14.026, 48.219 y 16.471 en Montevideo, Canelones y San José, respectivamente. Los autores observaron que en esos tres departamentos estudiados existen zonas que, a pesar de corresponderse al área definida como “rural” –en tanto sinónimo de población dispersa—, presentan una concentración de población “llamativamente elevada”. En Montevideo sobresalen dos, una con 313 personas y otra con 3.381, que corresponden a zonas censales donde se ubican las Unidades de Internación para Personas Privadas de Libertad (Punta de Rieles) y el ex Comcar. Ocurre lo mismo en Canelones en la zona donde está la cárcel departamental (con una acumulación de 1.413 personas en esa zona censal) y San José, con 1.558 individuos en el territorio que corresponde al centro de reclusión Libertad.
Esos datos “muestran las enormes limitaciones de la definición de ruralidad y población rural que se utiliza en las principales fuentes de información sociodemográfica. De hecho, con las definiciones actualmente vigentes se arriba al absurdo de clasificar como población rural dispersa a población que vive sumamente concentrada y contra su voluntad en una determinada zona del territorio”, señalan los investigadores.
A partir del análisis de la información de los censos de 1996 y 2011 constataron que las tendencias comparadas en esas zonas han sido contrarias, ya que mientras la población rural descendió marcadamente, las personas privadas de libertad clasificadas como población rural se multiplicaron por cinco. De esa forma, en 2011 casi 3% de la población “rural” de San José era reclusa, una proporción que alcanzaba a 7% en Canelones y a 26% en Montevideo. Así, afirmar que en la capital la población rural asciende a 14.026 personas “adquiere un sentido diferente una vez que se considera que un poco más de la cuarta parte” de sus habitantes son, estrictamente, reclusos, agregan.
“Este problema —advierten— no solo afecta las investigaciones que se basan en los datos del INE para estudiar la población rural, sino que permea también otros trabajos que procuran avanzar en el conocimiento sobre otras subpoblaciones”, por ejemplo por rangos de edades o género. Como caso extremo, de cada tres jóvenes rurales que contaba el INE en Montevideo en 2011, dos eran individuos que estaban en la cárcel.
En las conclusiones, los sociólogos plantean la “necesidad y pertinencia de revisar y mejorar la actual definición de población rural”, ya que la misma resulta “equívoca en varios casos” por “carecer de la capacidad para representar de modo legítimo aquello que conceptualmente interesa distinguir”. Aclaran que no proponen como solución a “este problema la exclusión de la población reclusa del análisis, ya sea para el estudio de la población rural o de los barrios u otro agregado territorial. Por el contrario, lo que se pretende es mostrar la poca información que se releva en los instrumentos censales de una población que ha crecido desproporcionadamente en los últimos 20 años y la necesidad de estudiarla en su especificidad”.