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No es de esos actores británicos que se identifican rápidamente, como puede pasar con Michael Caine, Sean Connery o Jeremy Irons. Sin embargo, si se nombra El gran pez, Erin Brockovich o Crimen en el Expreso de Oriente, enseguida surge su rostro y el recuerdo de sus grandes actuaciones, muchas veces en papeles secundarios, en las que exhibió su carisma y versatilidad. Albert Finney tuvo una carrera destacada y constante, que volvió a recordarse el viernes 8, cuando el actor británico murió a los 82 años en la ciudad de Salford, Inglaterra, donde había nacido en 1936.
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Hijo de un corredor de apuestas y de un ama de casa, tuvo un origen humilde y nunca pudo acceder a los estudios universitarios. A la distancia esto fue una ventaja, porque sus destrezas para la interpretación lo llevaron primero a la Escuela de Teatro de Salford, luego a la Real Academia de Artes Dramáticas y después a la Royal Shakespeare Company. Y allí, con sus representaciones en Macbeth, Otelo o Julio César, comenzó todo.
Su primera actuación en cine fue en 1960 con Imprevisto pasional, de Tony Richardson, y en el mismo año representó a un obrero agrio y rebelde en Todo comienza en sábado, de Karel Reisz, una película que se volvió un ícono del Free Cinema, movimiento integrado por jóvenes artistas contestatarios de procedencia popular.
A los 24 años tuvo una propuesta que lo hubiera consagrado: David Lean le ofreció el protagónico de Lawrence de Arabia, y Finney, que ya en ese entonces tenía problemas con el alcohol, asistió a una prueba, pero no se llevó bien con el director. Finalmente, Peter O’ Toole interpretó ese papel por el que obtuvo una nominación al Oscar en 1962, mientras que la película ganó siete estatuillas.
Pero la carrera de Finney no decayó, al contrario. En 1963 ganó la primera de sus cinco nominaciones al Oscar por su interpretación en Tom Jones, de Tony Richardson. Por esa actuación también recibió un Globo de Oro como revelación del año. En 1974 compuso un Hércules Poirot que le valió su segunda nominación al Oscar como Mejor actor en Crimen en el Expreso de Oriente, de Sidney Lumet.
También Lumet lo eligió para el que fue uno de sus mejores papeles dramáticos en Antes que el diablo sepa que has muerto (2007), donde interpretó al dueño de una joyería cuyo hijo ambicioso y adicto a la heroína planifica un robo a su local. En el papel de ese hijo estaba Philip Seymour Hoffman, de actuación memorable, como la de Finney.
En Dos en la carretera (Stanley Donen, 1967) fue el marido de Audrey Hepburn, los dos eran muy jóvenes y hermosos y a partir de esa película tuvieron una relación amorosa. En Bajo el volcán (John Huston, 1984) fue un excónsul británico y alcohólico, y en 1994 en Una lección de vida (Mike Figgis) fue un profesor estricto, autoritario y odioso que, sin embargo, se gana de a poco a sus estudiantes. Todo su poder como actor teatral aparece en una escena cuando lee en latín el discurso de Clitemnestra luego de asesinar a su marido.
Steven Soderbergh también lo eligió para un papel secundario en Traffic (2000) y en Erin Brockovich, una mujer audaz, película sobre el juicio que llevó adelante una madre divorciada y de clase baja contra una compañía de gas que contaminaba el agua y produjo serias enfermedades en quienes la consumían. Julia Roberts ganó un Oscar por su interpretación de Brockovich, y Finney una nominación por su papel como su jefe en el estudio de abogados. Como en las otras ocasiones, el actor británico no asistió a la ceremonia. “Me parece un poco estúpido viajar hasta allí para suplicar que te den un galardón”, explicó. “¿Seis horas sin beber ni fumar?”, agregó.
Se casó dos veces, primero con la actriz Jane Wenham y después con Anouk Aimée (protagonista de Un hombre y una mujer). Fue alcohólico, tuvo cáncer de riñón —del que se curó— y terminó muriendo de una infección. Sobre todo, fue un hombre que amaba su profesión, tanto como rechazaba la fama.
Para comprobar su talento hay que mirar nuevamente El gran pez (2003), y el hermoso personaje que le regaló Tim Burton. Allí interpretó a Edward Bloom, un hombre con una fantasía desmedida que, por ese mismo motivo, es rechazado por su hijo. Hay que prestar atención a la gran actuación de Finney en la piel de ese hombre que, en su vejez, mantiene viva su tremenda imaginación. Hay que volver a emocionarse con el final de esta película. Con este pez gordo le llegó a Finney una nueva nominación al Oscar como actor de reparto. Y otra vez no ganó, pero eso es lo de menos.