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En la ceremonia de los Premios Bafta de 1974 Jack Nicholson ganó el premio al Mejor actor. Estuvo nominado en dos películas, Barrio Chino y El último deber, por lo que el premio valió el doble. Aun así, no fue a recibirlo. Estaba a miles de kilómetros, en Salem, Oregón, filmando su próxima película: Atrapado sin salida (One Flew Over the Cuckoo’s Nest). Desde el set, envió un video de aceptación.
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Nicholson, con la picardía que lo caracteriza, aparece como su personaje Randle Patrick McMurphy y actúa como si estuviera internado en el psiquiátrico de la ficción. En la película, que en 2025 alcanzó su 50º aniversario, McMurphy es un hombre que cree haber encontrado en ese encierro una alternativa preferible a la cárcel.
“Desearía poder estar con ustedes ahí en el Albert Hall, pero como pueden ver fui institucionalizado acá en Oregón mientras filmo Atrapado sin salida con algunos amigos míos”, dice tras haber roto, con la mano, un vidrio que no permitía que se lo escuchase.
A su alrededor se encuentran Danny DeVito y otros actores que interpretaban pacientes. El video termina cuando la actriz Louise Fletcher, como la enfermera Ratched, interrumpe y se lleva a Nicholson del encuadre. Era marzo de 1975 y el rodaje llevaba dos meses en una institución psiquiátrica real. Quien dirigía el video, y la película, era Miloš Forman, un cineasta checo que algo sabía sobre las formas que puede adoptar la autoridad.
Embed - Jack Nicholson accepts his award on the set of One Flew Over the Cuckoo's Nest
Bajo control
Miloš Forman llegó a Estados Unidos tras enfrentarse a dos sistemas autoritarios. Primero, el de los nazis, que se llevaron a sus padres durante la ocupación de Checoslovaquia. Después, el de los comunistas, durante la Primavera de Praga. Tras ser parte de la Nueva Ola de Cine Checo, su primera película en Estados Unidos, Búsqueda insaciable (1971), fue un fracaso. En 1974, vivía en el Hotel Chelsea de Nueva York, con los ánimos por el suelo. Desde su cama, recibió un libro enviado por dos productores medio novatos: Michael Douglas y Saul Zaentz.
Se trataba de Atrapado sin salida, una novela de Ken Kesey, figura clave de la contracultura estadounidense, que el actor Kirk Douglas, padre de Michael, había intentado filmar durante una década sin éxito. Forman lo leyó de un tirón y, según cuenta en sus memorias Turnaround, publicadas en 1994, sintió que era “el mejor material que había encontrado en Estados Unidos”.
En la novela sobre un hombre que lucha contra una institución psiquiátrica, donde la antagonista, la enfermera Ratched, ejerce un control deshumanizante sobre los pacientes, Forman vio reflejada su propia vida bajo el comunismo checo. “El Partido Comunista fue mi enfermera Ratched, diciéndome qué hacer y qué no”, recuerda.
Encuentros fortuitos
La idea de llevar Atrapado sin salida al cine tenía años. Kirk Douglas, recién salido de Espartaco, leyó la novela de Kesey y quedó fascinado. Compró los derechos lo más rápido que pudo, la adaptó para Broadway y la protagonizó él mismo en 1963. El salto al cine fue más difícil. Los estudios rechazaban el proyecto y los posibles financistas también. El libro era visto como demasiado ácido, demasiado político.
Su hijo Michael, que ya había terminado la universidad y comenzaba su carrera actoral, le pidió una oportunidad para producir la película e intentar que existiera. Kirk accedió.
En la reescritura de un guion inicial demasiado fiel a la novela, el guionista Bo Goldman y Forman trabajaron durante horas junto a la piscina del Sunset Marquis mientras actuaban las escenas. El mayor cambio respecto al libro fue abandonar la voz del jefe Bromden, el paciente indígena que finge ser sordomudo y narra la novela. “El cine es un medio externo. Cuando intentas filmar el flujo de conciencia, pierdes fuerza”, justifica Forman.
La búsqueda del elenco fue una odisea. Marlon Brando y Gene Hackman rechazaron el papel de McMurphy. Por un momento, Forman hasta se obsesionó con Burt Reynolds. Por suerte, el director Hal Ashby les mostró a Douglas y Zaentz escenas de El último deber (1973) En la película, Nicholson hace de un marine abusivo y les demostró que poseía la seriedad necesaria para el nuevo rol. Nicholson aceptó la oferta, retrasó el rodaje seis meses por otros compromisos y ese tiempo permitió encontrar al resto del elenco.
Danny DeVito, amigo y excompañero de cuarto de Douglas, fue el primero en sumarse. Para el jefe Bromden, el equipo buscó durante meses sin éxito. La solución llegó por casualidad. En un vuelo, Douglas conversó con Mel Lyman, un vendedor de autos usados de Oregón que trabajaba con comunidades indígenas. Meses después, Lyman llamó: “Michael, el indio más grande que he visto acaba de entrar por la puerta”. Era Will Sampson, un guardaparque de más de dos metros.
El verdadero dolor de cabeza fue la enfermera Ratched. Anne Bancroft, Geraldine Page, Angela Lansbury y otras estrellas rechazaron el papel. “En la era de la liberación femenina, y ninguna actriz quería ser la villana”, dijo Douglas al sitio Deadline este año.
50º aniversario de Atrapado sin salida
Michael Douglas, productor de Atrapado sin salida, y Jack Nicholson, su protagonista.
Archivo Miloš Forman - The Saul Zaentz Company
Forman se topó con la actriz Louise Fletcher casi por accidente. Mientras veía Ladrones como nosotros (1974) de Robert Altman para considerar a Shelley Duvall, reparó en la actriz que llevaba 11 años retirada criando a sus hijos. Fletcher, enterada del proyecto, lo persiguió durante un año. Le llevó cinco reuniones convencerlo. Para Forman, la actriz parecía demasiado angelical, pero esa apariencia era lo que haría a Ratched mucho más aterradora.
El rodaje comenzó en enero de 1975 en el Hospital Estatal de Oregón en Salem, el mismo que inspiró a Kesey. Forman insistió en el realismo, por lo que los actores pasaron semanas observando pacientes reales (algunos hasta se integraron como extras), asistiendo a terapias grupales y hasta durmiendo en los pabellones. La atmósfera del “set” se sentía densa, hasta claustrofóbica.
Nicholson pasó por momentos de duda. Habituado a un estilo más europeo, Forman no acostumbraba a mostrar las tomas diarias a su elenco. “Jack empezó a cuestionar su propio desempeño”, recordó Douglas, quien decidió intervenir y le insistió al director que le mostrara algo a su protagonista.
Finalmente, le hicieron ver a Nicholson una escena de 10 minutos donde su personaje solo reaccionaba, sin omitir palabra, durante una sesión de terapia grupal. “Eran las mejores lecciones de actuación del mundo”, recordó hoy Douglas. Al comprobar la calidad de lo que se estaba filmando, Nicholson recuperó la confianza.
Consagración
Cuando la película estuvo pronta, Douglas y Zaentz la llevaron a los grandes estudios. Todos la rechazaron. “Era exactamente la misma película que después ganaría cinco Oscar”, señaló Douglas, con orgullo y desde el presente, a The Wrap. Finalmente, United Artists aceptó distribuirla, aunque con cierto escepticismo inicial.
El estreno, en noviembre de 1975, fue un éxito inmediato. La película recaudó más de US$ 100 millones, solo superada ese año por Tiburón. En los Oscar de 1976 hizo historia. Ganó en Mejor película, director (Forman), actor (Nicholson), actriz (Fletcher) y guion adaptado (Hauben y Goldman). “Gracias por hacer mis sueños realidad”, dijo Fletcher, al recibir su estatuilla, utilizando lenguaje de señas en honor a sus padres, que eran personas sordas.
En Uruguay llegó a las salas el 30 de marzo de 1976, estrenándose en el Cine Plaza. Fue un éxito inmediato, logró un público de 105.000 espectadores y se convirtió en la quinta película más vista del año.
Cincuenta años después, Atrapado sin salida mantiene una vigencia que sus creadores sienten incómoda. “Creo que la película refleja lo que está sucediendo en Estados Unidos ahora mismo, en términos de la presidencia y una lucha que nunca anticipamos ver en nuestro país: una lucha por la democracia”, afirmó Michael Douglas a Deadline en 2025. “Hay un paralelo entre la enfermera Ratched y el sistema dentro del cual opera, y lo que está sucediendo en Estados Unidos hoy”, agregó.
La película también parece admitir nuevas lecturas, desde una clave feminista que ve en Ratched a una mujer en un mundo de hombres, ejerciendo el único poder que se le permite, hasta una crítica a sistemas de control que persisten bajo formas renovadas.
Su impacto en la percepción de la salud mental, sin embargo, es ambivalente. Por un lado, humanizó a los pacientes. Por otro, consolidó estereotipos sobre los hospitales psiquiátricos como espacios de tortura institucionalizada. Un estudio de 2025 publicado en el International Journal of Mental Health Nursing confirma que, décadas después, el público aún asocia el electroshock con la escena de Nicholson sujeto a la mesa, pese a que el procedimiento actual difiere radicalmente.
En lo cinematográfico, hay demasiadas escenas que vale recordar: el partido de béisbol que Nicholson inventa en el aire, la fiesta clandestina, la liberación final del jefe Bromden. En cada una, Forman logra combinar una comedia que no ridiculiza a los personajes con un drama sobre la rebelión que se muestra con todas sus consecuencias.
La última imagen de Atrapado sin salida es, justamente, la de una huida. Bromden corre hacia la libertad después de haber sofocado a McMurphy, ya lobotomizado, como un acto de misericordia. Es una victoria de sabor amargo. O como escribió un internauta dentro de uno de los tantos videos sobre la película en YouTube: “El final feliz más triste”.
En 2008, Forman se hizo una pregunta que atraviesa desde el hospital de Salem hasta la corte de Viena que exploró una década después en su otra obra maestra, Amadeus (1984). “¿Por qué siempre terminamos siendo dictados por las instituciones que creamos para que nos sirvan?”, dijo durante una conferencia. La rebelión, sugirió, empieza cuando alguien como McMurphy se atreve a buscar una respuesta.