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    Jorge Drexler inicia su suave regreso al Uruguay con ‘Taracá’, el disco más candombero de su carrera

    El nombre del álbum es una onomatopeya del toque del tambor chico, al que considera el “obrero fundamental” del género y “espiritual”, debido a su fuerte vínculo con la filosofía zen

    El viernes 13, Jorge Drexler publica Taracá, su nuevo disco, el número 15 de sus ya casi 40 años de carrera. Es un álbum que tiene al candombe y al tambor como conceptos centrales, y al toque y al tocador como protagonistas de las canciones. Si bien, como subrayó en esta entrevista, Drexler hace candombes desde siempre y es un género omnipresente en su extensa obra, es la primera vez que este ritmo ancestral montevideano es el protagonista excluyente de un disco suyo. El nombre es una onomatopeya del toque del tambor chico, el más pequeño y agudo de los tres tambores. El primer corte de difusión se llama Toco madera y está protagonizado por la clave rítmica del candombe. El lunes 23, Drexler ofreció una rueda de entrevistas en el flamante estudio Elefante Blanco, de No Te Va Gustar, en Parque Rodó, la misma sala donde grabó Taracá a fines de 2025. Es el primer disco que el uruguayo graba en Montevideo en 20 años y será presentado el 6 de junio en el Antel Arena. En esta entrevista con Búsqueda dijo que en los próximos años piensa “venir más seguido”, a medida que sus hijos crezcan: “Aspiro a pasar cada vez temporadas más largas en Uruguay; es mi plan de vida, aún no sé cuándo lo podré realizar, pero me encantaría”.

    La edad, el padre y el hijo

    La primera pregunta estaba servida: ¿Por qué elegiste consagrar ese disco al candombe? “Hay muchos motivos. Vengo grabando candombes desde siempre. Hay candombes en casi todos mis discos. La primera canción que grabé en mi vida, en 1991, llamada No te creas, era un candombe tocado con congas. La grabé junto con La aparecida, bastante antes de grabar mi primer disco, La luz que sabe robar, que tiene un montón de candombes. Fui y vine mucho durante todos estos años, pero siempre tuve la sensación del candombe en la cabeza, desde el principio. La canción que abre ese disco, llamada Bienvenida, también es un candombe; está tocado con batería, pero con toda la intención de tener ese impulso rítmico. Entonces, esto de dedicarle el disco al candombe pasó porque tenía que pasar”.

    Sin necesidad de una repregunta, Drexler profundizó su respuesta: “Pasaron varias cosas. Hace dos años, cuando empecé a hacer este disco, cumplí 60 años y 30 de estar en Madrid. Eso me llevó a cuestionarme de verdad algunas cosas. Me apareció la pregunta de hacia dónde quiero mover mi arraigo, y la respuesta que me salió fue que tenía ganas de reforzar mi relación con la música uruguaya. En noviembre de ese año (2025) murió mi padre (el escritor Günther Drexler). Había perdido a mi madre (Luciero Prada) unos años antes y sentí que se abría un hueco que me acercaba de nuevo a Uruguay. Sentí la necesidad de asegurarme la conexión con este lugar. No lo sé explicar del todo, quizá algún psicólogo pueda” (ríe).

    Embed - Jorge Drexler - Toco madera (Video Oficial)

    Drexler tiene tres hijos y transita las últimas etapas de la crianza. El mayor, Pablo, es una figura de renombre en la escena musical española (PabloPablo), y los otros, Luca y Leah, son adolescentes. La cercanía del nido vacío también es un factor que lo hace pensar (y pasar) cada vez más tiempo en Uruguay. De hecho, en los últimos años construyó una casa nueva en La Paloma, en la playa La Serena, donde organiza un exitoso festival en los primeros días del año. “Esa variable también juega. Mis hijos adolescentes ya son más grandes. Me construí una casa en la costa de Rocha. El Festival de la Serena que estamos haciendo es algo que me ha vinculado mucho con la gente de ese lugar y me puso en un rol organizativo que es nuevo para mí. Son cosas que me van llevando a pasar cada vez más tiempo en Uruguay, me van acercando a este lugar en el mundo”.

    El uruguayo asegura que el foco del disco también tiene que ver con el “estatus privilegiado” que, a su juicio, ha logrado la música uruguaya en el plano internacional en los últimos tiempos. “Figuras relevantes como (el productor) Tadu Vázquez, (el cantautor) Facundo Balta, Lucas Piedra Cueva, el productor uruguayo radicado en Madrid, que trabaja conmigo, el colectivo Rueda de Candombe, acontecimientos como el regreso de Falta y Resto y la aparición de la SUSI (Selección Uruguaya de Sinfónicas), la gran orquesta de Nacho Algorta, la vigencia de un maestro de la guitarra como Julio Cobelli, todas estas circunstancias me llevaron a pensar: che, vamos a aprovechar este momento tan bueno que está viviendo la música uruguaya para darnos el gusto de volver a grabar un disco en Uruguay. Taracá es el primer disco que grabé en Montevideo después de Eco, hace más de 20 años. Era un momento excelente para este regreso al estudio en Montevideo”.

    Estar acá y tocar madera

    Toco madera, la primera canción que se conoció de Taracá, publicada en febrero, está construida en torno a la clave rítmica del candombe. Drexler decidió darle el protagonismo al icónico sonido que los tocadores hacen percutiendo con el palo en la madera del tambor. “Quise poner la lupa en la clave del candombe y eso me ayudó mucho a descubrir otras cosas. Hice un cambio de escala. Por lo general, en el candombe la clave ocupa un rol momentáneo y periférico. Hay muchas claves distintas, además de esa, que es la más característica. Entonces, tomé solo ese elemento y lo expandí para que ocupe toda la canción”.

    Jorge Drexler 2
    Jorge Drexler.

    Jorge Drexler.

    El nombre del disco es una alusión literal al sonido del candombe: es la onomatopeya del toque del tambor chico, y es todo un homenaje al más agudo de los tres tambores que integran la cuerda, la tríada fundamental del género montevideano. Pero, además, el músico le asigna otra connotación al neologismo que eligió para titular el disco. Así lo explica: “Por más que yo he hecho un montón de canciones con ritmo de candombe, no estoy dentro del mundo del candombe, no soy un candombero, no toco el tambor. Soy un observador y admirador, y un practicante del candombe-canción. Entonces, le puse Taracá al disco por el toque del chico y se lo conté a Facundo Balta, que es un músico que creció dentro del mundo del candombe; yo quería ser respetuoso con los códigos del género. Le pregunté a Facu si le parecía correcta la onomatopeya y me dijo que sí, que estaba bien y que, además, le remitía a la expresión ‘estar acá’. Yo no me había dado cuenta, y es por eso que le agregué a la parte final de la letra la frase estar acá, estar ahora. Esa nueva acepción, que me regaló Facundo, es la llamada aféresis de la palabra, cuando cortás la primera parte. Entonces, ante la pregunta ‘¿cómo estás?’, respondés: ‘Toy bien’. Es un giro bien rioplatense. En España nadie dice ‘tate quieto’. Nuestro clásico ta en vez de está es otro gran ejemplo. Otra diferencia: en Uruguay se dice ‘acá’, en España se dice ‘aquí’, nadie dice ‘acá’. Si yo digo ‘estoy acá’, claramente estoy en Uruguay. Si estoy en España, digo ‘estoy aquí’. Es un adverbio que define mi ubicación”.

    Drexler hace un silencio. Parece que terminó su respuesta y espera por la siguiente pregunta. Pero recuerda otro detalle fonético que revela el aura científica que siempre acompaña sus conceptos y que es muy pertinente con el nombre que eligió para bautizar su nuevo trabajo: “Hay una cosa con la vocal a. Es la vocal que ofrece menos resistencia al flujo del aire en el aparato fonador. Es la vocal del sonido espontáneo y por eso es la vocal de lo que uno no controla, como el placer, el dolor o el pánico. Es el sonido raíz. Es la descarga. ¡Aaaaaah! Es el sonido sin alteraciones, sin modulaciones. Y el disco comenzó con mucha producción, muy alterado, con muchos recursos digitales de la música urbana y fuimos apagando todos los efectos, los autotunes, las ecualizaciones, las distorsiones, los filtros, y quedó todo lo más natural, abierto y limpio posible, como la vocal a”.

    En su homenaje al candombe, además del título literal, Drexler le dedica la canción Taracá al tambor chico, en la que realza su carácter “obrero”. "Es el que menos se luce en el ensamble, pero es el que marca el pulso, hace las veces de metrónomo, es el cimiento del ritmo que sostiene al piano y al repique, que son los que tienen más vuelo y variaciones. El tambor chico es importantísimo, y me gustó mucho la idea de homenajear un tambor que habitualmente es considerado el más sencillo, el más fácil de tocar. Pero se suele subestimar la alta exigencia musical y física de tocar un largo rato sin correrte nunca del tiempo. Además, el chico es un tambor espiritual, porque al estar desplazado una semicorchea de la tierra, señala la tierra sin tocarla. Tiene varios componentes que, para mí, lo vinculan con el zen: la humildad, la vocación de servicio y lo que genera un estado de conciencia de la familia del mindfulness. Para tocar el chico no podes más que estar en el presente. Exige una fuerte presencia, tiene un coloque, alguna vez que lo he tocado comprobé que te deja encajado en un lugar extraño, es como un mantra”.

    Jorge Drexler 4
    Jorge Drexler.

    Jorge Drexler.

    Grabar acá

    Taracá fue grabado en el nuevo estudio de No Te va Gustar, situado en Parque Rodó, una sala con altos estándares técnicos, que hace punta en el medio local. “El nuevo estudio Elefante Blanco es realmente una maravilla. Tiene una maquinaria formidable. La gente de No Te Va Gustar nos dio todas las facilidades del mundo, nos han tratado con mucha generosidad, nos han hecho sentir completamente en casa. Es un estudio muy bien construido, con mucha madera, está tan bien pensado que no hubo que calibrar nada. La sala suena increíblemente bien, es una habitación grande, con techo alto, tiene mucha luz y una sala de control muy luminosa también, que da a la calle Pablo de María, una calle muy bella por su arbolado. Entra el sol por una ventana y los árboles por la otra. Estoy contento de haber grabado acá, me encanta estar acá”.

    A pocas cuadras de la calle Pablo de María, en esa misma zona de la ciudad (el eje Pocitos, Cordón, Parque Rodó, Palermo, Barrio Sur) tres décadas atrás había un circuito de boliches como Laskina, Alemdalemda, Tajmahal, Amarcord, Intramuros, todos con intensa actividad musical. Drexler tocaba seguido en esos pequeños escenarios, en los que cantaba canciones como Bienvenida y La aparecida. El músico recuerda con claridad la vez que Leo Maslíah lo fue a ver a Alemdalemda, que estaba en Rodó y Minas. Algo de esa energía iniciática estuvo presente en la grabación de Taracá. "Este disco me remitió mucho a esa época inicial de mi carrera y también me llevó con fuerza a Frontera". Drexler habla de su disco de 1999, que cuenta con los primeros grandes éxitos de su obra, como Frontera y La edad del cielo; también incluye muy buenos candombes como Aquellos tiempos y Memoria del cuero y es a su vez el primer gran trabajo de producción de Juan Campodónico y Carlos Casacuberta. "Me di cuenta ahora, retrospectivamente, ya con este nuevo disco pronto, que tanto Frontera como Taracá son dos discos en los que sentí la necesidad de grabar en Uruguay por un cambio de estatus en mi vida familiar. Frontera, en 1999, fue mi primer disco como padre, y este es el primer disco que hago sin mis padres. Son cambios que de alguna manera interfieren con tu percepción de las cosas y te llevan a esos actos de reconexión".

    Frontera es el disco bisagra, que inicio su proyección internacional, su primer gran éxito desde que se radico en España. "Es un disco que inició mi camino en Argentina y que marcó un cambio de rumbo completo en mi obra, tanto en lo estético como en lo profesional. Es un salto en mi carrera, aquí y en Argentina, porque en España pasó totalmente desapercibido (ríe). Mis primeros cuatro discos en españa fueron un fracaso industrial absoluto y un éxito personal para mí. Nadie entendía muy bien por qué insistía en sacar discos en España hasta que me empezó a ir bien en Latinoamérica y empece a montar la carrera desde acá. Es algo curioso. Me podía haber vuelto pero no quise porque ya estaba teniendo hijos en España y quería ejercer una paternidad presente".

    Esa decisión de quedarse en España le permitió hacer ese trabajo de hormiga, disco tras disco, que le deparó su consagración en la escena española. "Sí, por suerte se dio así y hoy estoy cómodo en España. No soy un artista hipermasivo pero incluso hago arenas en las ciudades grandes. Demoró mucho en suceder. Siempre pensé que mis códigos eran demasiado regionales. Insistí mucho en eso, no cambié demasiado, y al final me hice un lugar. No fue nada fácil. España tenía una visión de mi música que no coincidía con lo que yo veía en mi música. Me veían como un cantautor y yo nunca me identifique ni con la palabra cantautor ni con el género artístico".

    Estas palabras refuerzan aquellos versos icónicos de Frontera, que siguen vigentes y que rigen la vida de cualquier emigrante: Yo no sé de dónde soy / Mi casa está en la frontera / Y las fronteras se mueven / Como las banderas. "Esos versos fueron mi primera expresión del desarraigo y tienen una contradicción implicita: es una letra sobre el desarraigo y es la música más arraigada al folclore uruguayo que había hecho hasta ese momento. Te digo una cosa en la letra y me contradigo en la música. La identidad del emigrante es una experiencia sumamente contradictoria y es uno de los temas centrales en mis canciones. Esas contradicciones me acompañaron toda mi vida y siguen estando ahí".